
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, supone uno de los golpes más relevantes al crimen organizado en México en las últimas décadas. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) fue abatido en un operativo militar de alto impacto en el estado de Jalisco, una operación que, según las autoridades, contó con trabajos de inteligencia prolongados y cooperación con Estados Unidos.
Los datos de la organización
El CJNG no era una organización criminal convencional. De acuerdo con estimaciones de la DEA y del Departamento del Tesoro estadounidense, el cártel generaba ingresos anuales de entre 20.000 y 30.000 millones de dólares (entre 17.000 y 25.440 millones de euros), una cifra comparable al volumen de negocio de grandes multinacionales del sector energético o farmacéutico.
Solo el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos, principal fuente de ingresos del grupo en los últimos años, se calcula que producía varios miles de millones de dólares anuales, suministrando sustancias que han favorecido una crisis sanitaria por la que se han venido produciendo más de 70.000 muertes por sobredosis cada año en territorio estadounidense.
La estructura del CJNG se caracterizaba por un alto grado de profesionalización y militarización. Informes del Congreso de Estados Unidos y de agencias mexicanas de seguridad describen un entramado con decenas de miles de miembros, acceso a armamento de guerra —fusiles Barrett, lanzagranadas, drones explosivos— y control de corredores estratégicos en al menos 20 estados mexicanos. El grupo dominaba puertos clave como Manzanillo, desde donde entraban precursores químicos procedentes de Asia, fundamentales para la producción de metanfetaminas y opioides sintéticos.
En términos de violencia, las cifras son igualmente contundentes. Desde 2015, año en que el CJNG inició su expansión nacional, se le atribuyen directa o indirectamente decenas de miles de homicidios. Diversos estudios académicos y datos oficiales señalan que el cártel estuvo implicado en algunas de las masacres más graves del país, así como en ataques sistemáticos contra policías, militares, jueces y cargos públicos. La tasa de letalidad en enfrentamientos con fuerzas de seguridad fue significativamente superior a la de otros grupos criminales, lo que llevó a expertos en seguridad a calificar su estrategia como una forma de terrorismo criminal orientado a intimidar al Estado.
La respuesta del cártel
El impacto inmediato de la muerte de El Mencho ha sido una oleada de violencia coordinada. El Gabinete de Seguridad de México reconoció más de 250 bloqueos de carreteras en hasta 20 estados en las horas posteriores al operativo, con quema de vehículos, ataques a infraestructuras y suspensión de clases en decenas de municipios. Aeropuertos como el de Guadalajara activaron protocolos de emergencia, mientras varias embajadas, incluida la española, recomendaron a sus ciudadanos limitar movimientos.
Más allá del corto plazo, el abatimiento del capo abre un escenario de alto riesgo, ante el vacío de poder que surge en la operativa del CJNG. La experiencia pasada sugiere que esta circunstancia puede derivar en luchas internas entre facciones, así como en intentos de otros cárteles por ocupar su espacio. Históricamente, la caída de líderes de este nivel no siempre ha reducido la violencia, sino que incluso la ha intensificado a corto y medio plazo.
Más allá de las fronteras
La relevancia internacional del golpe va más allá de México. El CJNG había extendido redes de blanqueo de capitales y distribución a Europa, utilizando puertos del Mediterráneo y del norte de África como puntos de entrada de droga y salida de beneficios ilícitos. Europol ha alertado en informes recientes de la creciente presencia de cárteles latinoamericanos en el mercado europeo de cocaína y sintéticos, una tendencia que podría acelerarse si el grupo se fragmenta.
En Washington, la muerte de El Mencho refuerza el debate sobre la calificación de los cárteles como organizaciones terroristas. Varios senadores estadounidenses han señalado que el volumen económico del CJNG, su capacidad armada y el número de víctimas lo sitúan más cerca de una insurgencia criminal que de una red de narcotráfico tradicional. En ese contexto, el abatimiento del capo es presentado como un éxito táctico, pero no como una solución estructural.
En términos estrictos, la desaparición de El Mencho supone el descabezamiento de una organización que movía hasta 30.000 millones de dólares al año y que ha sido responsable de una parte sustancial de la violencia que sufre México. Sin embargo, la experiencia acumulada sugiere que el verdadero desafío empieza ahora: evitar que el golpe se traduzca en una nueva espiral de sangre aún mayor.


