El Gobierno cercado por la corrupción, Interior en crisis por el proceso judicial contra el DAO, mano derecha de Marlaska, José Ángel González, por violación. Continúa el caso Ábalos, el caso Koldo y el caso Santos Cerdán. Y el Gobierno se dedica a desclasificar los archivos del 23-F. Mientras, en el seno del Gobierno de Coalición, una de las patas de la coalición, anuncia que no se volverá a presentar: Yolanda Díaz.
Su saldo político es fácil de descubrir: ha hundido las perspectivas electorales de sus siglas, Sumar. Pero este no es el único balance que se puede hacer: Su acción de gobierno ha sido nefasta y dañina para el mercado de trabajo español, desde que tomó posesión de la cartera de Empleo y Seguridad Social en 2020 de manos de Magdalena Valerio.
Entre sus proezas destacan el incremento del absentismo y la reforma laboral con los fijos discontinuos en inactividad. Recordemos que Yolanda Díaz acabó con la posibilidad de extinguir el contrato por absentismo aun cuando existía justificación médica. Una medida que, unida a la elevada indemnización por despido que se paga en España y al poder de los sindicatos en el diálogo social y en los distintos sectores, ha provocado que la tasa de absentismo laboral se haya disparado desde el 5% de 2019, que ya se consideraba muy alta, hasta el 7,5% actual.
Se trata de una tasa de absentismo laboral más alta incluso que la de 2020 con el impacto de la pandemia COVID-19, año en que la gestión del Gobierno fue nefasta para el mercado laboral español. En 2021 la tasa de absentismo estuvo en el 7,1%. Ahora cada día una media de 1,5 millones de trabajadores no acuden a su puesto de trabajo, de los que 1,2 millones son bajas médicas y el resto ausencias no justificadas o permisos. Así, los costes directos del absentismo han pasado de unos 8000 millones en 2019, según estimaciones, a los más de 30.000 millones de euros anuales que se pierden ahora por el absentismo.
Por otra parte, su reforma laboral consistió en esencia en que los contratos ordinarios pasaron a ser indefinidos por defecto. Solo permitió tres tipos de contratos temporales: por circunstancias de la producción o por sustitución de trabajadores. Todo esto dio como consecuencia la creación de la figura del contrato fijo discontinuo. Básicamente, era el contrato temporal de antaño, que ahora tenía una doble virtud para Yolanda Díaz: disparar sobre el papel los contratos fijos y, por otro lado, meter bajo la alfombra el número de personas que gozan de estos contratos pero que se encuentran en situación de desempleo.
Así, entre el maquillaje estadístico que heredamos de Jesús Caldera, que expulsa a los desempleados que estudian cursos de formación, y los fijos discontinuos en inactividad, el Gobierno saca de las listas del paro casi un millón y medio de personas. Hoy en España no tienen trabajo, quieren trabajar pero no pueden más de 4 millones de personas. En enero de 2019, antes de la llegada de Yolanda Díaz al poder, en el peor enero desde la Gran Recesión, el número real de parados, quitando el efecto del maquillaje estadístico, era de 3,7 millones.

