
El cine español ha entrado en una dinámica de dependencia creciente de las ayudas públicas mientras pierde de forma sostenida a su público. Esta es la principal conclusión del nuevo informe del Instituto Juan de Mariana, que analiza seis décadas de datos de asistencia, recaudación y apoyo estatal y advierte de un modelo "cada vez más subvencionado y cada vez menos visto".
Según el estudio, la asistencia a las salas ha sufrido un colapso histórico. En 1966 se vendieron 403 millones de entradas en España, de las cuales más de 100 millones correspondían a películas nacionales. En 2024, la cifra total cayó hasta 72,9 millones de entradas, con apenas 13,6 millones para cine español. La frecuencia media pasó de 12,4 visitas por persona y año a solo 1,5, lo que refleja no solo una pérdida de espectadores, sino la desaparición del cine como hábito social estructural.
La cuota de mercado del cine español también se ha reducido dentro de un mercado cada vez más pequeño. En 1966 representaba el 22,3 por ciento de las entradas, frente al 17,7 por ciento actual, un descenso cercano al 21 por ciento. Si se compara con los máximos de entre finales de los sesenta y mediados de los setenta, cuando la cuota rozaba el 30 por ciento, la caída ronda el 40 por ciento. Los españoles acuden menos al cine y, además, eligen proporcionalmente menos producciones nacionales. El descenso de 2016 a 2025 es de casi un 25%.
Este retroceso se produce en paralelo a una expansión sin precedentes del apoyo público. Las subvenciones directas del Estado pasaron de 19,1 millones de euros en 1994 a 61,7 millones en 2014 y superaron los 152,9 millones en 2023. Solo entre 2013 y 2023, el Ministerio de Cultura consignó 825,9 millones de euros en ayudas directas, sin contar los crecientes programas autonómicos. En términos reales, las subvenciones se multiplicaron por 3,6 en la última década analizada.
A estas transferencias se suman importantes privilegios fiscales. Desde 2015, el sector ha recibido más de 310 millones de euros en deducciones en el Impuesto de Sociedades, con descuentos de hasta el 30 por ciento y un máximo de 20 millones por proyecto. Además, el cine se beneficia de un IVA reducido del 10 por ciento, retenciones especiales en el IRPF y cotizaciones sociales más flexibles. En algunas comunidades, como el País Vasco, estos incentivos se traducirán en decenas de millones adicionales en los próximos años.
El informe también subraya el impacto del llamado impuesto audiovisual del 5 por ciento, introducido por la Ley 13/2022, que obliga a televisiones y plataformas a destinar ese porcentaje de su facturación, no de sus beneficios, a la producción de cine y series. Solo en 2022, este mecanismo canalizó 380,6 millones de euros, de los cuales 84,1 millones fueron a parar al cine español.
Pese a este respaldo presupuestario masivo, el retorno fiscal es mínimo. En 2022, el conjunto de ayudas directas, deducciones y aportaciones obligatorias alcanzó los 250,2 millones de euros, mientras que la recaudación por IVA derivada de la venta de entradas fue de apenas 7 millones. Por cada euro ingresado en IVA, el sector recibió 35 euros en apoyos públicos.
El estudio desmonta además el argumento del "efecto tractor". La correlación estadística entre ayudas y número de espectadores es prácticamente nula, con un coeficiente de −0,003. No existe evidencia de que más subvenciones generen más público; si acaso, el efecto es ligeramente contractivo. El aumento del gasto no ha revertido la caída estructural y solo ha inflado artificialmente los indicadores de producción.
Uno de los síntomas más visibles es la sobreproducción. Los estrenos pasaron de 168 en 2016 a 364 en 2025, mientras que la recaudación total descendió de 111,5 a 85,6 millones de euros. El 87 por ciento de las películas estrenadas en 2025 no superó los 100.000 euros de taquilla y más de un centenar no alcanzó siquiera los 1.000 euros, un fenómeno que el informe describe como películas "fantasma".
La brecha con el cine extranjero también se ha ampliado. En 1966, por cada euro recaudado por cine español se ingresaban 3,5 euros de cine extranjero. En 2024, la ratio es de 1 a 4,7. En términos reales, la recaudación total de 1966 equivaldría hoy a más de 1.000 millones de euros, frente a los 484,5 millones actuales.
El documento concluye que el público "vota con la cartera" y se inclina mayoritariamente por comedias, cine familiar y géneros alejados del cine de tesis. La politización del sector, la dependencia de las ayudas y el sesgo ideológico percibido han erosionado su legitimidad social y ampliado la desconexión con los espectadores.
Como alternativa, el Instituto Juan de Mariana propone una desintervención gradual, con una reducción del 25 por ciento anual de las ayudas directas durante cuatro años, el mantenimiento temporal de incentivos fiscales como amortiguador y una reforma del impuesto audiovisual para que se calcule sobre beneficios y no sobre facturación. El objetivo es restaurar las señales de precios, reducir la injerencia política y avanzar hacia un modelo autosuficiente y competitivo.



