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El bloqueo de Ormuz deja sin alfalfa española a los caballos de los jeques y a los camellos de carreras

Arabia Saudí y Emiratos Árabes importan 280.000 toneladas de alfalfa española al año para alimentar a animales valorados en millones de dólares.

La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán que comenzó el pasado 28 de febrero ha convertido el Estrecho de Ormuz en uno de los puntos más sensibles del comercio mundial. Por esa estrecha vía marítima circula alrededor del 20% del petróleo global, pero el bloqueo que ahora mantiene paralizada la navegación hacia el Golfo Pérsico amenaza también un negocio mucho más inesperado: la exportación de alfalfa española destinada a alimentar caballos pura sangre y camellos de carreras en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

Cada año, ambos países importan más de 280.000 toneladas de alfalfa procedente de España, cerca del 40% de todo el forraje que compra la región, según datos del sector. El problema es que esa mercancía llega por barco a los puertos del Golfo, y el cierre de Ormuz ha dejado en suspenso o directamente paralizados numerosos pedidos justo cuando comienza la nueva campaña agrícola.

Las grandes navieras, como Maersk y Hapag-Lloyd, ya han anunciado la suspensión de operaciones en la zona "hasta nuevo aviso". Y ni siquiera la alternativa de rodear África parece viable: la ruta por el Cabo de Buena Esperanza es unos 20 días más larga y hasta un 256% más cara, además de no garantizar el acceso final a los puertos saudíes o emiratíes.

Negocio agrícola con destino a hipódromos y desiertos

La conexión entre los regadíos del valle del Ebro y los hipódromos de Dubái puede parecer improbable, pero es una relación comercial consolidada desde hace décadas. España es el primer productor y exportador europeo de alfalfa deshidratada, gracias a una cadena de valor muy desarrollada que combina regadíos modernos, plantas de deshidratación industrial y logística de exportación.

Las principales zonas productoras se concentran en el valle del Ebro (Aragón, Cataluña y Navarra), con más de 100.000 hectáreas de regadío modernizado, además de Castilla y León, Castilla-La Mancha y Andalucía, donde el cultivo sigue creciendo.

El producto estrella que sale hacia Oriente Medio son las balas de alfalfa deshidratada, que representan cerca del 79,6% de las exportaciones, valoradas por su densidad nutricional y su facilidad para el transporte marítimo de larga distancia. El resto se envía en formato pellet.

La razón de ese éxito es técnica: la alfalfa española es especialmente proteica y tiene una digestibilidad superior a la media, lo que la ha convertido en la favorita de veterinarios y gestores de cuadras de élite en toda la Península Arábiga.

El forraje de los caballos de los jeques

El destino final del producto explica bien por qué se trata de un mercado tan peculiar. Gran parte de ese forraje termina alimentando a caballos pura sangre árabe en hipódromos de Dubái o Abu Dabi, caballos de enduro de alto rendimiento (entrenados para competir en competiciones de resistencia) y a una enorme cabaña de camellos de carreras. "Alimentamos a los caballos del jeque con alfalfa del Ebro", afirma la organización agraria COAG.

Solo Arabia Saudí cuenta con casi medio millón de camellos, y las carreras forman parte de un espectáculo nacional que mueve grandes premios y financiación pública. En ese circuito, la alimentación es un factor clave y la alfalfa española se ha ganado un prestigio que ha tardado años en consolidarse.

Pero esa posición podría evaporarse si el bloqueo logístico se prolonga. "Esa cuota de mercado se ha construido durante décadas y puede perderse en cuestión de semanas si los compradores buscan proveedores alternativos", advierten desde el sector.

Estaríamos hablando de otros países capaces de llegar por rutas alternativas que no dependan del Estrecho de Ormuz. Exportadores como Estados Unidos, Australia o Argentina, e incluso competidores europeos como Francia o Italia, cuentan con producción suficiente y con rutas marítimas que permiten acceder a puertos del Mar Rojo o del Mediterráneo oriental.

Un mercado de cientos de millones en riesgo

El negocio no es menor. El mercado español de la alfalfa alcanzó los 452 millones de dólares en 2025 y las previsiones del sector apuntan a que podría llegar a 563 millones en 2030 si se mantiene el ritmo actual de exportaciones.

El problema es que una parte relevante de ese crecimiento depende de Oriente Medio. Por eso, las organizaciones agrarias alertan de que el bloqueo de Ormuz llega en el peor momento posible: el inicio de la campaña.

Desde COAG hablan ya de "emergencia comercial". La organización reclama al Gobierno y a las comunidades autónomas productoras la activación urgente de líneas de avales y aplazamientos financieros para agricultores y cooperativas afectados por la paralización de envíos.

También piden gestiones diplomáticas para mantener los contratos en vigor con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, y la apertura de una mesa de crisis sectorial que permita estudiar desvíos de exportaciones hacia mercados alternativos que no dependan del Estrecho de Ormuz.

"España exporta alfalfa por más de 400 millones de euros al año. Detrás de cada tonelada hay familias agricultoras que han invertido en regadíos, maquinaria y sistemas de calidad", recuerda Javier Fatás, responsable de Forrajes de la Comisión Ejecutiva de COAG. "No podemos permitir que una guerra ajena destruya en semanas lo que hemos construido durante décadas".

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