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Cuenta atrás para los autónomos: hasta el 31 de marzo para ajustar cuotas y evitar recargos

Si la base de cotización no se ajusta al rendimiento neto, hay que ajustar cuentas con la Seguridad Social.

Si la base de cotización no se ajusta al rendimiento neto, hay que ajustar cuentas con la Seguridad Social.
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Los trabajadores autónomos apuran los últimos días para ajustar sus cuentas con la Seguridad Social. Si la base de cotización no se ajusta al rendimiento neto, tienen hasta el próximo 31 de marzo para abonar el dinero que falta sin tener que pagar recargos que pueden oscilar entre el 10% y el 20% si se paga fuera de plazo.

Se trata de una de las principales consecuencias del nuevo sistema de cotización por ingresos reales, en vigor desde 2023, que obliga a los autónomos a anticipar cuánto van a ganar y ajustar sus cuotas en función de esa previsión. Una mecánica que, en la práctica, sigue generando incertidumbre, sustos y tensiones de liquidez en muchos pequeños negocios.

Cómo funciona la regularización

La Tesorería General de la Seguridad Social revisa automáticamente si las bases de cotización elegidas durante el año se corresponden con los rendimientos netos reales, utilizando los datos facilitados por Hacienda.

El autónomo recibe una notificación y se enfrenta a tres posibles escenarios tras la revisión:

  • A devolver: si se ha cotizado de más, la Seguridad Social reintegrará el importe antes del 30 de abril.
  • A ingresar: si se ha cotizado por debajo de lo debido, habrá que pagar la diferencia antes del 31 de marzo para evitar recargos.
  • Sin diferencias: si las cuotas se ajustan a los ingresos, no habrá ni pagos ni devoluciones.

En caso de tener que abonar una cantidad, el autónomo deberá descargar el documento de pago desde el servicio de regularización y realizar el ingreso antes del 31 de marzo para evitar los recargos que pueden ser del 10% o el 20%, según las circunstancias.

Un sistema que obliga a adivinar ingresos

El nuevo modelo introduce un cambio profundo: ya no se cotiza según una base elegida libremente, sino en función de unos ingresos que deben calcularse con antelación, lo cual es prácticamente imposible para muchos profesionales. Esto genera incertidumbre, estrés, además de un nuevo e innecesario trámite burocrático.

Además, si al cierre del ejercicio los ingresos han sido superiores a lo previsto, el autónomo se ve obligado a abonar la diferencia de golpe, en ocasiones con importes elevados que descuadran la planificación financiera justo cuando parecía que la cuesta de enero ya se había superado.

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