Es lógico y natural que la ex ministra de Hacienda y candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, haya recibido toda clase de elogios por parte de sus compañeros de gabinete por su labor realizada en el ministerio y por sus no menos presuntas cualidades como candidata de cara a las próximas elecciones autonómicas. Lo cierto, sin embargo, es que, si los sondeos no auguran precisamente al PSOE unos buenos resultados en las elecciones andaluzas del próximo 17 de mayo, lo que ya es un hecho es el ruinoso legado que deja esta ministra cuya voracidad fiscal sólo es equiparable a su falta de rigor a la hora de embridar el gasto público.
Así, este martes se ha sabido que la recaudación tributaria creció nada menos que un 10,4% en 2025 hasta un total de 325.356 millones de euros -un nivel de ingresos por impuestos récord en la historia de la Agencia Tributaria- y, aun así, el ejercicio cerró con un déficit público del 2,18 por cierto. Y es que, a pesar de que Montero no ha dejado ni un impuesto sin subir y se ha negado a indexar la inflación al IRPF, la deuda publica de España se disparó un 4,8% al cierre de 2025 en comparación con 2024, alcanzando los 1,698 billones de euros, según los datos del Banco de España publicados este martes. Tan sólo en el cuarto trimestre el endeudamiento de las administraciones públicas se incrementó en 77.652 millones de euros. Es más, a lo largo del 2025, esta variable llegó a registrar máximos históricos.
Si a ello sumamos el hecho de que María Jesús Montero es, tras Pedro Sánchez, la máxima responsable de que el gobierno no haya presentado ni una sola vez en la presente legislatura unos Presupuestos Generales del Estado -algo también inaudito en la historia de nuestra democracia-, podemos concluir que la única "cualidad" de Montero es la de ser el mejor reflejo del desastre que constituye Pedro Sánchez.
Aun cuando también deberíamos recordar manifestaciones de Montero sólo hasta cierto punto ajenas a su ministerio, como aquellas en las que ponía la mano en el fuego por José Luis Ábalos o por Santos Cerdán antes de que ingresaran en prisión acusados de graves delitos, lo peor de la ministra es sin duda el infierno fiscal al que ha sometido a los españoles y la deuda pública que constituirá, sin duda alguna, uno de los principales retos al que habrá de enfrentarse el próximo gobierno. Y es que la "envenenada herencia" que dejó Zapatero a Rajoy palidece con la que Sánchez dejará a su sucesor en La Moncloa.
Confiemos en que este terrible legado no sea utilizado por el previsible futuro gobierno de PP y VOX como excusa para seguir subiendo impuestos e incrementando la deuda sino, por el contrario, para acometer una drástica y valiente reducción del gasto público acompañada de una no menos ambiciosa rebaja de impuestos.

