
La reforma de las pensiones de Suecia es la más famosa de todas las que se han desarrollado en Europa en las últimas dos-tres décadas. No decimos que sea el mejor modelo en términos absolutos: en primer lugar, porque eso lo tendrá que decidir cada uno; y, en segundo término, porque los sistemas de pensiones holandés o danés (con más peso de la capitalización) suelen aparecer mejor situados en los rankings internacionales que miden sostenibilidad y suficiencia.
Pero ningún país ha logrado pasar de un sistema de reparto puro (basado al 100% en cotizaciones) a uno mixto con el éxito de Suecia. Su reforma, que se aprobó a comienzos de los años 90, lleva ya tres décadas en marcha. Y en este punto (cómo transitar de un modelo puro de reparto a uno con peso de la capitalización) sí que tiene pocos comparables que hayan salido tan bien.
Se dice que en España, el Gobierno de José María Aznar, tuvo una propuesta para hacer algo parecido a mediados de los 90. Y que los responsables no se atrevieron por la difícil situación económica del país y por miedo a la respuesta de los sindicatos. ¿Dónde estaríamos si lleváramos treinta años siguiendo esta línea? Probablemente no tiene mucho sentido darle muchas vueltas a una pregunta que sólo nos llevaría a la melancolía.
Siguiendo ese espíritu, esta semana, Atenea, la fundación impulsada por Iván Espinosa de los Monteros, presentaba un documento titulado "Solución al problema de las pensiones", realizado por el economista Daniel Lacalle. Lo que piden es, más o menos, una reforma a la sueca. Lo hacen con un decálogo de medidas que podríamos resumir en tres grandes puntos:
- Modelo mixto, que se hiciera construyendo con una "transición paulatina". Y que tendría tres pilares:
- "Una pensión mínima que se financie completamente a través de impuestos generales". Algo parecido a las actuales no contributivas o al Ingreso Mínimo Vital. Separado de las cuentas de la Seguridad Social. Y en el que las cotizaciones, años de trabajo, etc… no se tienen en cuenta. Es una renta universal para las personas por encima de la edad de jubilación.
- "Un modelo de cuentas nocionales como eje central del sistema contributivo". La clave del modelo sueco. El sistema de reparto sigue vigente, pero se pasan de las reglas paramétricas que tenemos actualmente (cuántos años hay que cotizar, cuántos años para cobrar el 100%, años para el cálculo de la base…) a un sistema de cálculo actuarial: al jubilado se le devuelve lo que aportó en cotizaciones (actualizando a los cambios en el coste de vida, por supuesto) y en función de la esperanza de vida en el momento de la jubilación. Es un modelo que permite, además, cierta libertad para fijar la edad de retiro: si te jubilas antes, la mensualidad será más baja; si te jubilas más tarde, la pensión será más elevada. Y es mucho más sostenible; aunque para la mayoría de los trabajadores también implica una pensión inicial algo más baja.
- "Un elemento de capitalización individual a través de cuentas de inversión. Se sugiere que un porcentaje de las remuneraciones (como el 2,5% del modelo sueco)". Pues eso, como dicen los promotores de la propuesta, sería como copiar el modelo implantado en el país nórdico y que supone que incluido en el sistema público incluya también un pilar de ahorro individual.
- Ajustes en función de la recaudación y el crecimiento económico. Es una de las novedades más importantes que plantea Atenea. Y es políticamente delicada, pero al mismo tiempo es una de las claves que han hecho que el modelo sueco funcione: nada de garantizar por ley que las pensiones se revalorizarán con el IPC. La idea es que las prestaciones suban… si hay ingresos que lo permitan. Es decir, si la creación de empleo y la recaudación fiscal dan margen. El autor (Lacalle) pide "implementar sistemas de ajuste automático que tengan como base el equilibrio financiero" y "establecer una conexión entre la revalorización de las pensiones y la productividad: para preservar un equilibrio entre generaciones, los aumentos en las pensiones anuales deben fijarse de acuerdo con la productividad económica".
- Incentivar el ahorro privado y la construcción de un patrimonio familiar. La tercera pata de la propuesta tiene que ver con el ahorro privado. Por muy sostenible que sea el modelo público, e incluso si tiene una parte de capitalización, cada familia estará mejor si ha podido acumular un patrimonio que le sirva de salvaguarda ante los vaivenes de la economía. En este sentido, Atenea pide "promover el ahorro privado por medio de incentivos tributarios y educación en finanzas; (…) mejorar el tratamiento fiscal de los planes de pensiones y otras herramientas para ahorrar a largo plazo".

