La agricultura española lleva años funcionando gracias a un elemento estructural imprescindible: la mano de obra extranjera. Los datos lo reflejan con claridad. El Sistema Especial Agrario (SEA) registraba en febrero de 2026 unos 250.000 afiliados extranjeros, lo que supone en torno al 37% del total. En otras palabras, más de uno de cada tres trabajadores por cuenta ajena del campo en España procede de otros países.
Las campañas agrícolas requieren grandes volúmenes de trabajadores en periodos muy concretos. Por ejemplo, ahora mismo está arrancando la campaña de fruta de hueso en Lérida y las cifras de contratación demuestran esa dependencia de la mano de obra extranjera: "Estamos hablando de que contratamos, desde hace más de 30 años, entre 25.000 y 26.000 personas para trabajar directamente en el campo", explica Pere Roqué, presidente de Asaja Cataluña. Solo en el Valle del Ebro, sumando Aragón y Cataluña, la cifra supera las 40.000 personas entre el campo y las centrales hortofrutícolas.
La dimensión de estas campañas varía según el cultivo y la zona. "La más fuerte en contrataciones es Huelva, con más de 80.000 personas en el sector de la fresa", apunta Roqué.
Del total de mano de obra extranjera, la gran mayoría (más de 200.000) procede de fuera de la Unión Europea, con Marruecos como principal país de origen, seguido de Rumanía y Senegal. Por territorios, Andalucía, la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana concentran la mayor parte de esta fuerza laboral.
No se trata de un trabajo continuo y estable durante todo el año, sino de una sucesión de picos muy concretos de actividad. En primavera y verano se concentran las campañas de fruta y hortalizas; a finales de verano llega la vendimia; y en otoño e invierno toman el relevo la aceituna y los cítricos, con una demanda intensiva de personal. Todo ello, sin olvidar la ganadería y, muy especialmente, las campañas de esquileo.
Regularización con contrato de trabajo
Los problemas para encontrar mano de obra en el campo es habitual en el sector primario. Por ello, las organizaciones agrarias han valorado muy positivamente la regularización extraordinaria de cerca de 500.000 extranjeros que ya se encuentran en España anunciada por el Gobierno: "Estas personas estaban aquí (...) pero nosotros no las podíamos contratar hasta ahora", explica Roqué. Sin embargo, puntualiza, "desde Asaja planteamos desde el principio que esa regularización tenía que estar vinculada a un contrato de trabajo".
"Si esta regularización es para fomentar puestos de trabajo y sirve para que estas personas puedan trabajar y cotizar a la Seguridad Social, perfecto. Ahora, si esto sirve para que más personas tengan documentación para acabar cobrando ayudas, al final no estamos hablando de regeneración económica de un país", explica Roqué.
Por eso, señala, la regularización debe ir acompañada de una oferta de trabajo: "Si no, volveremos a generar expectativas de que aquí en España y en Europa se vive muy bien casi sin trabajar y esta no es la solución para el país".
Contrataciones en origen
A futuro, los informes apuntan a que la dependencia de la mano de obra extranjera continuará e incluso podría intensificarse. El informe del Gobierno "España ante el reto migratorio" advierte de que una menor llegada de inmigrantes pondría en riesgo la sostenibilidad del sector primario, encareciendo los precios de frutas y hortalizas. Además, estima que "para 2075 podrían abandonarse más de 220.000 explotaciones agrícolas por falta de mano de obra".
Sin embargo, el hecho de que uno de cada tres trabajadores por cuenta ajena sea extranjero no significa que las regularizaciones del Gobierno sean esenciales para que el sector primario pueda salir adelante. Existen las contrataciones en origen.
Una parte relevante de la mano de obra llega a través de sistemas organizados de contratación en sus países de origen y que permiten cubrir las necesidades de cada campaña: "En Huelva hay 7.000 mujeres que cada año van a la campaña de fresa de Huelva, y en Lérida estamos hablando de unas 500 personas que vienen cada año a trabajar y en unos meses vuelven a sus países de origen", explica Roqué.
En cualquier caso, lo que es indiscutible es que la mano de obra extranjera se ha convertido en una pieza estructural del campo español y resulta imprescindible para sacar adelante las campañas. Sin embargo, la falta de rentabilidad, el aumento de los costes y las trabas burocráticas siguen lastrando al sector, al tiempo que el relevo generacional no termina de llegar. Así, la inmigración permite sostener la actividad a corto plazo, pero no corrige los problemas de fondo que explican por qué cada vez hay menos explotaciones y menos empresarios dispuestos a continuar en el campo.

