
Tras más de 100 días de guerra en Irán, EEUU anunciaba de madrugada que el acuerdo de paz es un hecho que todavía tardará 5 días en ser firmado. Irán y Pakistán refrendaban la noticia y los mercados lo recibían con importantes subidas. Sin ir más lejos, nuestro selectivo IBEX 35, que ya se dio un festival alcista el viernes, continuaba con una embriaguez importante superando los 19.000 puntos este lunes y acumulando una rentabilidad de más del 36% en los últimos 12 meses.
Sin embargo, las dudas que hay sobre la mesa son mayores que las certezas. Las certezas pasan por un precio del petróleo algo más moderado, al menos en estos primeros momentos, pero la reapertura del Estrecho de Ormuz ni será la panacea, ni tampoco será inmediata.
Si pasamos al capítulo de dudas, todavía queda saber si finalmente el viernes se firmará el acuerdo y también qué acuerdo se va a firmar. Un acuerdo que depende de lo que haga Israel en el Líbano, y que EEUU no puede garantizar, ya que Israel no se siente concernido por este acuerdo. Además, tiene que ver con el programa nuclear de Irán, algo que a los especialistas les ha llamado especialmente la atención, puesto que no se han arrancado mayores compromisos que los que ya tenía EEUU del régimen de los ayatolás. Régimen, por cierto, que tampoco han derrocado.
Los expertos se preguntan si hoy EEUU es más fuerte que antes de iniciar el conflicto. Y la siguiente pregunta que se hacen es si ha logrado alguno de los objetivos que ha perseguido Trump desde que asumió el poder en este segundo mandato. En Venezuela sacó a Maduro, pero el chavismo sigue en el poder. En Cuba amagan pero no golpean, no han comprado Groenlandia, y en Irán sólo consiguió desatar los problemas en Ormuz sin lograr derrocar a un régimen en un conflicto que ha amenazado los mercados internacionales, las políticas de tipos que rigen en EEUU y además han puesto en entredicho el arsenal defensivo de la primera potencia militar del mundo.
No faltan expertos que señalan cómo EEUU no ha conseguido ventaja alguna sobre China, más que encarecer el comercio internacional de crudo al secar al gigante asiático el 80% del petróleo que consume, al cerrarse el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, ese encarecimiento afecta a todo el globo y no solo a los chinos, al ser los mercados de crudo, globales.
Una de las cuestiones más destacadas es que, según contaba Enrique Navarro en Con Ánimo de Lucro, si se abre el Estrecho de Ormuz no será de un día para otro, ya que las minas que atenazan el estrecho tardarán semanas en limpiarse. Por otro lado, y tal y como recordaba en el mismo programa el experto en shipping, Joel Grau, los barcos no navegarán hasta que los seguros consideren libre de riesgos la región, y esto va más allá de que se decida abrir o no el Estrecho.
Lo que sí podemos decir es que, de abrirse por completo y recuperar la normalidad, el bálsamo para los mercados se traducirá en más liquidez y, por lo tanto, rebaja de unas décimas en la fiebre inflacionista que sufre el mundo. Algo que los Bancos Centrales podrían aprovechar para volver a las políticas de bajadas de tipos de interés.
Es decir, que lo que termine sucediendo en Irán y en el Estrecho de Ormuz no sólo tiene que ver con el petróleo o el gas. Con la factura de la luz o con llenar el depósito de gasolina. Sus implicaciones a corto, medio y largo plazo en todo el mundo son profundas y todos las notaremos.
