Junio ha dejado el titular que el Gobierno estaba esperando: el desempleo baja. Lo que no van a contar en Moncloa es que ha sido la peor bajada de un mes de junio desde 2015, dejando fuera los años de pandemia. El paro registrado cedió en 28.739 personas (-1,24%), bastante menos que el mes anterior y muy lejos de las 48.920 que bajó en junio de 2025. La propaganda de la recuperación empieza a hacer aguas justo cuando toca vender el verano como motor del empleo.
Y eso solo mirando la foto oficial. Porque si sumamos a los 2.291.982 parados registrados los que tienen disposición limitada, los que no están ocupados por otras razones, los afectados por ERTE y los fijos discontinuos inactivos, el paro real supera los 3,6 millones de personas. Un dato que el Ejecutivo prefiere no mencionar en sus ruedas de prensa triunfalistas.
La otra cara del "milagro" es la contratación. Se firmaron 1.649.394 contratos en junio, un 10,2% más que hace un año, y aun así el paro apenas se movió. La pregunta que cabe hacerse, y que el informe de USO plantea sin rodeos, es dónde están todos esos contratados si no se traduce en menos parados. La respuesta, cada vez más evidente, es la rotación: se contrata y se despide con la misma facilidad, y el contrato indefinido, ese trofeo que el Gobierno exhibe como gran conquista social, empieza a perder su sentido.
De los 683.861 indefinidos firmados, solo un 16,1% del total de contratos han sido indefinidos a tiempo completo; el resto se reparte entre parcialidad y fijos discontinuos, es decir, indefinidos de saldo. Y 36.011 trabajadores han firmado más de un contrato indefinido en el mismo mes, síntoma clarísimo de pluriempleo y de salarios que no llegan.
En afiliación a la Seguridad Social el relato oficial también se resquebraja si uno mira más allá de la media mensual. El último día de junio se perdieron 240.367 afiliados de golpe, dejando una variación neta del mes de -156.248. Y más de la mitad del crecimiento interanual de la afiliación se sostiene sobre trabajadores extranjeros, que ya superan los 3,4 millones y el 15% del total. Nada malo en sí mismo, pero conviene decirlo alto y claro cuando el Gobierno se atribuye méritos que no son enteramente suyos.
Al final, los números confirman lo que la calle ya intuye: se genera empleo de usar y tirar, sostenido por la estacionalidad turística y por una Administración que sigue sin abordar la temporalidad encubierta ni la calidad real de los contratos. Menos relato y más reformas, sería lo sensato. Pero eso, en año preelectoral, no vende titulares.

