Menú

"Emprender en España es un infierno": la odisea de dos madrileños con un hotel en Gijón

A pesar de las dificultades, esperan ver abrir primero las puertas de La Madrileña y, después, las del hotel que les llevó hasta Gijón.

A pesar de las dificultades, esperan ver abrir primero las puertas de La Madrileña y, después, las del hotel que les llevó hasta Gijón.
Cuenta de Instagram de @la_azotea_de_gijon

Cuando Javier y Luciana encontraron aquel anuncio en Internet pensaron que habían dado con una oportunidad difícil de repetir; un edificio de seis plantas en Gijón que podían convertir en un hotel. La idea parecía sencilla sobre el papel, trasladarse temporalmente desde Madrid, hacer una reforma y abrir las puertas en unos meses, pero la realidad ha sido muy distinta. Lo que iba a ser una obra de tres meses se ha convertido en una transformación completa del edificio: nuevas instalaciones, baños por rehacer, sistemas de agua y electricidad que sustituir y una lista de imprevistos que no dejaba de crecer.

dueno-la-azotea-repor-30072026.jpeg
Los propietarios Javier y Luciana.

Javier, emprendedor madrileño, y Luciana Vago, enfermera y diplomada en Turismo, decidieron apostar juntos por un proyecto que ninguno de los dos había previsto de esta manera. Hoy trabajan en la puesta en marcha de La Azotea de Gijón, un proyecto hotelero que contará con 19 habitaciones y que, además, acabará incorporando un restaurante.

Su historia se ha hecho viral en redes y en medios locales por unos vídeos en su cuenta de Instagram en la que ya acumulan más de 22.000 seguidores. En una entrevista para Libertad Digital, Javier ha dejado claro que en esos vídeos no aparece toda la historia que hay detrás. La de dos personas que dejaron Madrid para trasladarse temporalmente a Asturias, asumir una inversión de gran envergadura y enfrentarse a una realidad que suele quedar oculta detrás de cualquier negocio que abre sus puertas: meses de incertidumbre, gastos inesperados y decisiones difíciles. "Yo vine a por un hotel y de repente tengo un restaurante", explica Javier con humor. "No sé cómo he acabado ahí".

La historia comenzó lejos de Asturias. Javier encontró un anuncio en un portal inmobiliario mientras buscaba nuevas oportunidades empresariales. El precio del alquiler del edificio llamó inmediatamente su atención porque, comparado con el mercado de Madrid, parecía una oportunidad difícil de encontrar. Su primera reacción fue pensar que algo no encajaba. "Pensé que tenía que ser una estafa, que tenía que haber algo encerrado ahí", recuerda.

Pero no había ningún engaño. La explicación era que los propietarios buscaban un perfil muy concreto de inquilino. No querían simplemente alquilar el edificio a alguien que después cediera la gestión o buscara otro negocio detrás. Querían encontrar a una persona que asumiera personalmente el proyecto. Por eso, antes incluso de cerrar el acuerdo, Javier y Luciana viajaron hasta Asturias para conocer a los propietarios. "Tuvimos que ir en persona, algo muy old school", explica. "Querían saber quiénes éramos y asegurarse de que íbamos a trabajar nosotros en el proyecto", añade.

Aquella reunión fue clave para que el proyecto saliera adelante. Javier y Luciana aceptaron un contrato de 20 años y comenzaron una aventura que, en sus cálculos iniciales, parecía mucho más sencilla.

Una reforma "interminable"

Cuando llegaron al edificio, la idea era clara: hacer una puesta a punto y comenzar a funcionar cuanto antes. La realidad, sin embargo, fue otra. Javier reconoce que afrontó la obra con demasiado optimismo. Su previsión era poder solucionar los problemas principales en pocos meses, pero el edificio tenía décadas de reparaciones acumuladas y muchas instalaciones necesitaban ser sustituidas por completo. "Pensaba que sería pintar y ya está", admite.

Nada más empezar aparecieron los primeros problemas. El sistema hidráulico falló y obligó a rehacer buena parte de las instalaciones. Después llegaron los baños nuevos, los tubos, las bajantes y otros trabajos que no se aprecian cuando el edificio está terminado, pero que suponen una parte fundamental de cualquier reforma. "Hay muchísimo trabajo que no se ve. Parece que no haces nada, pero vas cambiando instalaciones, arreglando cosas y cuando entra una persona piensa que simplemente has pintado."

La obra, que inicialmente estaba pensada para unos tres meses, ya supera el medio año y todavía quedan trabajos pendientes. El propio Javier reconoce que la diferencia entre la expectativa y la realidad ha sido una de las mayores lecciones del proyecto. "Es mucho más dinero y mucho más tiempo de lo que pensaba", explica.

Del hotel al restaurante

La complejidad de la reforma obligó a modificar la estrategia inicial. Aunque el objetivo principal seguía siendo abrir el hotel, Javier y Luciana decidieron adelantar la puesta en marcha del restaurante situado en la planta baja para comenzar a generar ingresos antes de completar todo el edificio. Así nació La Madrileña, un restaurante que abrirá antes que el alojamiento.

La decisión también supuso entrar en un sector completamente nuevo para ellos. "No quería montar el bar. De verdad que no quería", reconoce. "Yo venía a hacer un hotel, pero la reforma se complicó tanto que pensamos que el restaurante podía ser la forma de empezar."

"Emprender en España es un infierno"

Aunque las obras ocupan gran parte de la historia, Javier insiste en que el mayor desafío no ha sido construir un hotel, sino levantar un negocio. Para él, esta experiencia ha confirmado las dificultades a las que se enfrenta cualquier persona que decide emprender. "Emprender en España es un infierno", afirma.

No habla únicamente por su experiencia actual. Antes de llegar a Gijón, Javier ya había intentado poner en marcha otros proyectos, entre ellos varias iniciativas tecnológicas. En una de ellas llegó a buscar financiación entre decenas de fondos de inversión. "Estuve hablando con unos 80 fondos para conseguir 30.000 euros y perdí ocho meses. Al final te das cuenta de que muchas veces tienes que buscar tu propio camino".

Esa experiencia cambió su forma de entender los negocios. En lugar de depender de inversores externos, decidió centrarse en generar sus propios recursos para poder financiar nuevos proyectos.

Aun así, reconoce que la financiación sigue siendo una de las principales barreras para muchos emprendedores. "El banco empieza a confiar en ti cuando ya llevas tiempo funcionando. Primero tienes que demostrar que eres capaz de sacar adelante algo".

La realidad a través de las redes

La repercusión de sus vídeos fue algo inesperado. En poco tiempo, miles de personas comenzaron a seguir la evolución de la obra y a interesarse por el resultado final.

Para Javier, las redes sociales no eran una estrategia de marketing, sino una forma de enseñar un proceso que normalmente permanece oculto. "Si no grabas cómo estaba todo, parece que eso siempre estuvo así".

"Muchas veces solo vemos el resultado final, pero detrás hay meses de trabajo, dinero que tienes que adelantar y problemas que aparecen cada semana". También reconoce que las redes pueden transmitir una imagen demasiado sencilla de montar un negocio. "Desde fuera parece que alguien tiene una idea y la hace realidad, pero detrás hay muchísimas decisiones y mucha incertidumbre".

Empezar pequeño para poder crecer

Después de meses de obra, Javier no recomienda a otros emprendedores empezar directamente con proyectos de tanta magnitud. Su experiencia le ha enseñado que muchas veces el camino más seguro pasa por construir algo sencillo y hacerlo crecer poco a poco. "Creo que muchas veces buscamos hacer cosas demasiado complicadas. Hay negocios muy simples que funcionan porque solucionan necesidades que siempre van a existir", comenta.

También entiende por qué muchas personas no se atreven a dar el paso. "Cuando tienes un trabajo estable es muy difícil renunciar a esa seguridad para hacer algo que no sabes si va a salir bien", dice. Para él, el problema no es la falta de ideas, sino la dificultad de asumir el riesgo que implica empezar.

A pesar de las dificultades, Javier y Luciana siguen convencidos de que el proyecto merece la pena. En los próximos días esperan ver abrir primero las puertas de La Madrileña y, después, las del hotel que les llevó hasta Gijón.

Cuando recuerda cómo empezó todo, Javier reconoce que probablemente no habría sido tan valiente si hubiera conocido todos los problemas que iban a aparecer. "Si supieras realmente cómo me estoy metiendo aquí, seguramente no se habría metido nadie", admite.

Temas

En Libre Mercado

    Servicios

    • Oro Libertad
    • Inversión
    • Securitas