
Los datos que hemos conocido esta semana sobre la situación económica de Ceuta son desoladores. El Círculo de Empresarios publicaba este domingo sus datos actualizados del impacto del ataque sufrido por Marruecos con la invasión de más de 80.000 personas los días 30 y 31 de julio, y el posterior abandono del Gobierno. La pérdida de facturación supera de media el 50%. El consumo se ha hundido y ha dejado en una situación límite a cientos de empresas.
Por sectores, el turismo está con respiración asistida y el sector hotelero sólo mantenido en el que tendría que ser su mejor mes del año, por las pernoctaciones contratadas para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el personal de refuerzo y los periodistas desplazados a Ceuta. De no ser por esto, la caída en la ocupación habría sido superior al 90%. En números, en sólo un mes, la ciudad de Ceuta ha perdido más de 30 millones de euros en estimación directa y en actividad.
Si la economía es el corazón de una sociedad, lo que hace bombear la sangre y dar la vida a la actividad y el desarrollo de proyectos de sus ciudadanos, en Ceuta, los días 30 y 31 de julio Marruecos con la necesaria colaboración del Gobierno sanchista le ha provocado un infarto.
Sánchez ha tardado un mes —¡un mes!— en empezar a tomar medidas y en activar salvavidas económicos a una ciudad que se muere. Y es que esas esas tiritas, esos parches anunciados por el Gobierno son, además, una filfa inútil si la libertad sigue siendo una ensoñación en la ciudad autónoma tomada por invasores marroquíes.
El Gobierno ha aprobado en Consejo de Ministros una serie de ayudas económicas como bonificaciones del 75% para las cotizaciones sociales, rebajas en el impuesto de sociedades o ayudas directas a pymes y autónomos. Siempre acompañadas de la mayor partida para la ayuda a los "migrantes". Sí. El Gobierno ha decidido destinar la partida mayor de su paquete de ayudas a los invasores que llegaron de Marruecos.
Hay que recordar que Ceuta goza de un Régimen Fiscal Especial que se articula en torno a la no aplicación del IVA ni del Territorio Aduanero de la Unión, goza de una bonificación del 60% en la cuota del IRPF y un 50% sobre las cotizaciones sociales además de sobre el Impuesto de Sociedades, entre otras ventajas. Condición especial de la que disfrutan desde 2004. Recordemos que ese Plan Integral de Desarrollo Socioeconómico de la Ciudad de Ceuta que se aprobó en 2022 y del que presume el Gobierno, trató de limitar o acabar con alguna de esas ventajas que gozaban desde 2004 como la bonificación a las cotizaciones sociales por empeño personal de Yolanda Díaz quien planteó eliminar la bonificación y establecer una cuota fija. Sin embargo la presión de los empresarios consiguió revocar esta decisión.
Sea como fuere, y siendo necesarias las ayudas directas para darle algo más de tiempo a las pymes y autónomos que se mueren en Ceuta, la verdadera ayuda que necesita la ciudad es que el Estado decida expulsar a los 10.000 invasores que todavía tienen tomada la ciudad. Hasta que eso no suceda, la libertad no regresará a las calles de Ceuta, condición indispensable para reanimar a una ciudad que vive sus horas más oscuras, abandonada por un Gobierno entregado al enemigo. Todo lo que no sea expulsara a los invasores, son ayudas trampa, tanto como la pasarela o road show de ministros de agosto con los que el gobierno quiso mantener el trampantojo de diligencia y actuación, para maquillar a un presidente sesteando durante tres semanas en la Mareta.