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"Quince años después ETA se está frotando las manos"

Fueron testigos directos del secuestro y asesinato que conmocionó a toda la nación. Quince años después lo recuerdan en LD.

Libertad Digital
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Todo el mundo recuerda que hacía aquel diez de julio de 1997, cuando a las 15:25 horas la banda terrorista ETA secuestraba a un joven concejal del PP de Ermua, Miguel Ángel Blanco, a las puertas de la estación de Eibar de vuelta a casa. De la emoción a la rabia pasando por la emoción de un país, España, que levantó sus manos pintadas de blanco clamando por su libertad, mientras el Estado no cedía al chantaje. Libertad Digital recoge el testimonio de quienes lo vivieron en primera persona, hoy que se cumplen quince años del secuestro.

Fue un punto y a parte. Pasar del momento más feliz, el de la liberación de José Antonio Ortega Lara, al más trágico y terrible, el del chantaje más cruel jamás imaginado por parte de ETA. Lo relata el ministro del Interior entonces, en hilo telefónico desde Washington, pero con la mente puesta en la pequeña localidad vasca. Jaime Mayor Oreja se queda con lo positivo: "Tanta crueldad provocó una reacción sin precedentes, abrió un tiempo nuevo en el que cupieron los grupos constitucionalistas y el fortalecimiento de las víctimas". Las movilizaciones contra la barbarie se hicieron permanentes.

Para Mayor Oreja es difícil regresar a 1997. Fue muy duro, admite. Pero no se le va de la boca el espíritu de Ermua, "que el Gobierno de Zapatero ha querido apagar con su negociación con ETA". A la sazón vuelve al presente y se lamenta de que el brazo político de los terroristas "acaricie el poder" fruto de ese proceso y al calor de la "crisis total" que atraviesa España. Pero no desiste: "Habrá que poner en marcha un movimiento social contrario a esto" y en defensa de la Nación.

Carlos Iturgáiz era presidente del PP vasco: "Ni al peor de mis enemigos le desearía lo que vivimos en ese momento en la familia del PP vasco". Han pasado quince años pero "la cicatriz está abierta y sigue sangrando", relata, porque "eso ni se perdona ni se olvida".

Conmemorar aquellas horas le hace recordar también a todos los fallecidos, a todas las víctimas del terrorismo. Pero, como muchos, se queda con ese movimiento que parecía imparable, pero que el PNV se encargó de sofocar. "Ahora todos estamos en lo alto de la ola pero la ola bajará y cada uno cogerá su camino", le dijo Xavier Arzalluz aún velando a Miguel Ángel. "Poco después todos supimos cuál era su camino".

"Recuerdo como fotografías, como estampas", empieza Nicolás Redondo Terreros, en aquellas fechas secretario general del PSE en Vizcaya. La primera instantánea que le viene a la cabeza es la del regidor de Ermua, Carlos Totorika. "Representó con solvencia lo que luego fue el espíritu de Ermua, le recuerdo en la ventana del Ayuntamiento hablando a los vecinos", dice. También Carlos Iturgáiz, "al que se le iba la mirada al infinito".

"La tercera imagen que me impactó fue la del padre de Miguel Ángel cuando un periodista le dio la noticia y se ve como se transforma su rostro", continúa. El drama humano frente a la "maravillosa" manifestación de Bilbao. El silencio sepulcral durante un almuerzo en las horas de infarto, cuando les llega la noticia de que "vivía pero que estaba herido de muerte", al movimiento cívico que llegó "a poner en jaque el proyecto terrorista".

"Lo que más me impresionó fue la capilla ardiente, el día siguiente de su asesinato", afirma Carlos Urquijo, hoy delegado del Gobierno pero hace quince años diputado del Parlamento vasco y concejal del PP en Llodio, el bastión de Herri Batasuna en Álava. De nuevo, la rabia ciudadana contra la barbarie: "Estuve en uno de los balcones del ayuntamiento de Ermua y desde allí podía contemplar la indignación y la rabia de los ciudadanos".

Urquijo se aferra al espíritu de Ermua, cada vez más apagado: "Cuando la hermana y la novia de Miguel Ángel salieron al balcón todo el pueblo se volcó en aplaudirlas. Al recordar aquello te das cuenta de lo que fue ese espíritu".

Fueron días de una "angustia terrible", explica Santiago Abascal Escuza, histórico del PP vasco, que viaja al pasado y admite que "nos descompuso, no sólo porque era un compañero sino porque era un ser humano" al que le asesinaron "cruelmente". A esto se unió, explica, la "gran desesperanza" que les invadió al ser conscientes de no había nada que pudiera hacer para evitar su muerte. Un "atentado a cámara lenta" del que recuerda la firmeza del Gobierno. Cita a dos personas en concreto: Aznar y Jaime Mayor, "que nos empezaron a dar esperanzas".

"Reaccionamos gracias a nuestra fuerza y a la del Gobierno y pudimos tirar adelante", frente a lo pretendido por ETA; la "rendición del Estado y la sumisión del pueblo vasco". Abascal vuelve al presente: "ETA no mata, pero ni condena ni se arrepiente. Es mentira que haya cambiado tanto", y abre los ojos porque "asesinan no por ser del PP o del PSOE sino por ser españoles. Su odio a España es tremendo".

Antonio Basagoiti, actual presidente del PP vasco, era un chaval como quien dice, compañero de tú a tú de Miguel Ángel. "Fue un gran impacto", rememora. "En ese momento, todos los que éramos concejales nos vimos en el punto de mira de ETA", echa la vista atrás, poniendo el acento que entonces le pusieron escolta y hoy sigue con ella. "Cambió nuestras vidas, nos cambió en lo personal y en lo político".

(NNGG del País Vasco en 1996 en Guernica. Basagoiti, a la izquieda, cerca de Blanco)

Entre tanta rabia y dolor, saca algo positivo; aquello que se denominó el espíritu de Ermua, el inicio de la rebelión cívica. "Lo mejor fue la reacción social que hubo, es lo mejor que he sentido nunca en política", afirma Basagoiti.

Con sus detalles, con sus recuerdos particulares, todos recuerdan la emoción de que España saliera unida a la calle contra ETA, el hecho de que el Gobierno resistiera, el dolor por un concejal convertido en héroe. Pero muchos, también, alertan de lo que hoy vive el país: "Hemos retrocedido decenas de años. Gracias a la negociación con Zapatero, ETA está en las instituciones, con chulería, dando lecciones de democracia", en voz de Iturgaiz. Y una advertencia de la que se hacen coparticipes Mayor Oreja o Abascal: "El objetivo de ETA no es matar ni pedir el impuesto revolucionario. El objetivo de ETA es destruir España y lograr la independencia, y se está frotando las manos".

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