Algunas de las investigaciones de los medios neogubernamentales parecen pensadas más para confundir que para aclarar y, sobre todo, para elevar al martirologio, con muy escaso fundamento, a la presidenta de la CNMV, Pilar Valiente. ¿Cómo puede considerarse una Santa María Goreti en Gescartera quien desde 1996, como directora del departamento de Inspección de la Agencia Tributaria, y desde 1998 como consejera de la CNMV, estaba al cabo de la calle de los innumerables conflictos que rodeaban a Camacho? Porque la primera cuestión obvia es que no estamos ante un listillo capaz de engañar a gente sensata, sino de un protegido por el poder, que desarrolla una mentalidad de impunidad al írsele perdonando la obligada intervención. A un protegido por el tándem Pilar Valiente-Enrique Giménez-Reyna, con el concurso de Luis Ramallo, todavía militante del PP.
Con todo el respeto para un periodista como Casimiro García Abadillo, en otros momentos afortunado, decir que “Pilar Valiente, miembro del consejo y responsable de mercados primarios no mantuvo una postura definida al respecto” en relación con la propuesta de intervención en 1999, va más allá del eufemismo para entrar en el estricto relativismo moral. Querer salvar a toda costa a la soldado Valiente, a pesar de ser la amiga de los Giménez-Reyna, de haber recibido regalos, no justifica llegar a tales extremos. Como miembro del Consejo de Administración, Pilar Valiente estuvo en contra de la intervención y punto. Pretender a toda costa que Fernández Armesto se coma el marrón, para exculpar a la mártir, se parece bastante a aquello de echarle la culpa al muerto, pues Fernández Armesto no tiene nada que ver ya en esta historia. ¿Se trata acaso de hacerle callar, como se intuye en la estrategia del equipo de Rato?
No sé qué opinará Pedro J. de estas formas tortuosas de hacer periodismo. ¿Para qué recurrir, por ejemplo, al Opus Dei para explicar que el inspector jefe no continuara con la intervención cuando eso fue decisión del Consejo, Pilar Valiente entre ellos? Al final va a resultar que Pilar Valiente hizo bien en asistir a almuerzos para salvar a Gescartera, promoviendo la entrada de la ONCE en el accionariado, y que el malo es solo Enrique Giménez-Reyna.
Para hacer un favor a Rato quizás no sea preciso llegar tan lejos como se está yendo. Su equipo ha mantenido –lo de caiga quien caiga debe traducirse con excepción del vicepresidente– que la CNMV es un organismo autónomo para eliminar la posibilidad de responsabilidades políticas, pero parece que algunos quieren hacer méritos –¿onda cero patatero, al fondo y en almoneda?– y consideran tal trinchera demasiado peligrosa. Así que es preciso beatificar a Pilar Valiente, convertirla en una ingenua ursulina que no se enteraba de nada. ¿Alguien de verdad se cree esta patraña?.

Salvar a la soldado Valiente
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