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Pedro de Tena

Una purga 'light' en directo. ¿Y lo que no se ve?

Han limitado su espectáculo a un breve e incruento forcejeo con un viejo en un Congreso que ha consagrado la dictadura del Partido por cinco años más.

Han limitado su espectáculo a un breve e incruento forcejeo con un viejo en un Congreso que ha consagrado la dictadura del Partido por cinco años más.
Núcleo duro del Gobierno de Xi Jinping | EFE

Las purgas comunistas en todos los países dónde han instalado sus dictaduras, desde Cuba a Corea del Norte, pasando, cómo no, por China y la URSS, ahora Rusia, han sido espectaculares pero silenciosas, invisibles, descubiertas mucho después tras una avalancha de propaganda que justificaba asesinatos, desapariciones, encarcelamientos, torturas, "suicidios" y demás formas de eliminar a los disidentes. Primero fueron "comprendidas", luego justificadas y/o aplaudidas y, una vez pasado tiempo y miedo, denunciadas y condenadas. Tuvieron formas varias, desde la aniquilación por plomo hasta el asesinato por hambrunas.

Cuenta Federico Jiménez Losantos en su Memoria del comunismo que "el 30 de octubre de 1997, en vísperas del 80 aniversario de la revolución leninista, el periódico más importante de Rusia, Izvestia, publicó un informe sobre los asesinatos políticos cometidos por los regímenes comunistas en todo el mundo desde 1917 hasta 1987. Tras reunir y cotejar los datos recogidos durante muchos años por investigadores como el sueco Per Ahlmark o el demógrafo estadounidense y gran estudioso del terror político Rudolph Rummel, el diario moscovita cifró en más de cien millones de personas (más de la mitad en China) las asesinadas bajo el comunismo, por lo general después de haber sido torturadas por la policía política y encerradas en campos de concentración. De los 170 millones de personas asesinadas por motivos políticos en el siglo XX, dos terceras partes, unos 110 millones, lo fueron en países comunistas".

Las purgas comunistas en España, sobre trotskistas, sobre anarquistas y, desde luego, sobre católicos y miembros de la derecha (Paracuellos sigue vivo en la memoria que ahora quieren maquillar) fueron muy severas, en las trincheras, en las checas o en las cárceles, pero, por su número, siempre muy inferiores a las purgas soviéticas y a las chinas. La esposa de Mao, Jian Qing, y su banda de los cuatro dieron origen a una purga sistemática disfrazada de revolución cultural. El revisionismo chino le atribuye a ella misma 37.000 ejecuciones directas.

Todo salía a la luz convenientemente deformado. Los procesos de Moscú fueron retransmitidos. Pero hete aquí que el pasado sábado, en vivo y en directo, con las cámaras echando humo y en el desarrollo del pleno del Partido Comunista Chino, Hu Jintao, el ex presidente de China que se sentaba a la izquierda del dictador comunista Xi Jinping, fue inesperadamente removido de su asiento, con resistencia evidente de su parte, ante la impasibilidad de Xi y de todo el congreso.

Hay quien se pregunta a estas alturas si fue o no una purga política retransmitida en directo. ¿Qué otra explicación podría tener el hecho de que hayan desaparecido de la dirección su propio número dos, Li Keqiang, y tres más de entre los diez más relevantes, Li Zhanshu, Wang Yang y Han Zheng? Que se jubilaron es la explicación oficial. Sin embargo, la caída del crítico viceprimer ministro Hu Chunhua, nacido en 1963, nada viejo y único representante de la facción del expresidente expulsado del Congreso, Hu Jintao, y el actual primer ministro Li Keqiang, nacido dos años después de Xi Jingping, da lugar a pocas dudas acerca de la naturaleza de las imágenes que se han visto.

¿Ha sido un espectáculo de sumisión organizado por el líder comunista que ha logrado el 100 por cien de los votos para humillar en directo al líder de la facción más liberal? ¿O se ha visto obligado, ante el peligro de que el viejo ex presidente tomase la palabra y dijera inconveniencias que oscurecieran su victoria total, a decidir expulsarlo de la sala? La propaganda china puso en marcha su versión: Hu Jintao no se sentía bien y fue trasladado a una sala del Congreso para que se recuperase. Nadie lo vio de nuevo. El acto terminó con un Xi Jinping reforzado con cinco años más de dominio del comunismo chino y con un resultado ignominioso para las mujeres.

En el Comité Central del PC Chino sólo hay 30 mujeres de sus 376 miembros. Sólo aparece una mujer entre los 25 miembros del Comité Permanente y no hay ni una sola en el grupo de siete personas de máxima dirección que encabeza Xi Jingping. Siéntense cómodamente a esperar que la izquierda española y mundial protesten, critiquen o afeen algo de lo visto en Pekín. Estén igualmente seguros que tampoco lo harán las derechas.

Pero algo hemos ganado a pesar de todo. Ni China se atreve a exhibir ya la represión brutal de la plaza de Tienanmen (1989) y sobre sus líderes demócratas como Liu Xiaboo y su esposa Liu Xia. Seguramente la sigue practicando, pero, como resulta incómoda a sus amigos y aliados de hecho, Estados Unidos y Europa entre ellos, han limitado su espectáculo a un breve e incruento forcejeo con un viejo en un Congreso que ha consagrado la dictadura del Partido y de un solo hombre por cinco años más.

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