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Jesús Fernández Úbeda

Debate de los PGE: Arlequín machacó a Pierrot

Los potajes demoscópicos de Tezanos tienen mucho de nandrolona y el Gobierno, en apariencia, al menos, ha aumentado el tamaño de sus bíceps.

Los potajes demoscópicos de Tezanos tienen mucho de nandrolona y el Gobierno, en apariencia, al menos, ha aumentado el tamaño de sus bíceps.
María Jesús Montero, durante la primera jornada del debate de totalidad del proyecto de Presupuestos Generales del Estado de 2023 este miércoles en el pleno del Congreso. | EFE

Sale uno del hemiciclo pensando que no está tan claro eso de que Alberto Núñez Feijóo gane las próximas elecciones generales, que los potajes demoscópicos de Tezanos tienen mucho de nandrolona –más aún, cuando se topa con la encuesta de El Confidencial analizada por el compañero Carmelo Jordá– y que el Gobierno, en apariencia, al menos, ha aumentado el tamaño de sus bíceps. De la resaca y de las contraindicaciones se hablará cuando toque y, para entonces, se recurrirá al chivo expiatorio habitual, o sea, a la derecha, a la ultraderecha o a Cuca Gamarra, quien ha cogido la costumbre diaria de reivindicar los presupuestos socialdemócratas de Alemania y de Portugal. Los chicos y las chicas de Sánchez se creen su propia mística y exhiben su poderío en el Congreso con una desfachatez descarada. En la función de este miércoles, María Jesús Montero, como el Arlequín fullero de la Commedia dell’Arte, trituró entre risas a la portavoz del PP que, valerosa primero, vencida después, encarnó al taciturno Pierrot.

El relato gubernamental es el siguiente: uno, no es que España vaya bien, sino que, gracias a Sánchez, va de puta madre; dos, Europa lo sabe, le respalda y le ovaciona, y tres, Rajoy, y no Zapatero, fue el tipo que dejó las cuentas del país como las calles de Alepo. Va una perogrullada: Cicerón no se reencarnó en la ministra de Hacienda, quien infestó su intervención con los típicos adjetivos paridos en la cafetería de la sede de Netflix –que si "eficaz", que si "competitivo", que si "resiliente", etcétera– y tuvo algún episodio de dislexia fonética. Ahora bien, hay que reconocerle a Montero un savoir faire tosco en las formas, más hábil en el fondo, a la hora de disimular sus incoherencias, sus manipulaciones y sus barbaridades –llegó a comparar la ayuda de ERC, PNV y Bildu para aprobar los PGE con los Pactos de La Moncloa– que es inédito, que está missing, en el PP en general y en su portavoz parlamentaria en particular. Por eso se llevó el debate.

Gamarra denunció que los PGE están "al servicio del interés particular" de Sánchez y que el Gobierno, haciendo "trilerismo fiscal", "compra su supervivencia con el dinero de todos y paga sus hipotecas con el independentismo". "Son las Hipotecas Generales del Estado", concluyó. En su réplica, Montero arrancó invocando al caído Casado: "Aunque discrepábamos, era un buen contrincante. Una pena que ustedes lo echaran cuando señaló la corrupción de su partido". Dijo que "no hay mayor hipoteca para un país que un Gobierno del PP" y se enzarzó con un diputado popular que la interrumpió varias veces. "No se pongan nerviosos", les azuzó la ministra de Hacienda. Después, la exalcaldesa de Logroño la tildó de cobarde por no presentarse a las elecciones andaluzas contra Juanma Moreno. Cuando Montero volvió a la tribuna, sonrió y preguntó a su interpelante: "¿Ha dolido la réplica?". Y venga toda la cámara –incluido algún diputado de Vox– a reír.

Iván Espinosa de los Monteros describió a los PGE como "esencialmente sanchistas, ni siquiera socialistas" e indicó que "enmascaran la creación de una maquinaria electoralista creada para las convocatorias electorales que se avecinan". Recordó la expulsión del español en las aulas de Cataluña y los tejemanejes del Ejecutivo con el entorno de ETA y pidió elevar a consulta si "los españoles queremos ser dueños de nuestro futuro y queremos elegir". Montero se acordó de Juan García-Gallardo: "Creía que le iba a pedir perdón a la bancada del PSOE porque el vicepresidente de Castilla y León dijo que el señor Sánchez era el líder de una banda criminal". El show de Arlequín no dio para mucho más. Esperemos que Colombina no acabe como la vaquilla de Berlanga.

Ashes to ashes, funk to funky...

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