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Cristina Losada

Al dictado de la prensa

Serían ya los dos partidos del Gobierno de coalición los que se muestran alérgicos o contrarios al papel normal de la prensa en una democracia.

Serían ya los dos partidos del Gobierno de coalición los que se muestran alérgicos o contrarios al papel normal de la prensa en una democracia.
Pedro Sánchez con un ejemplar del diario El Mundo en el Senado. | Europa Press

En el Senado, dijo el presidente del Gobierno que el jefe de la oposición hace y dice lo que le piden que diga y haga desde la prensa de derechas. Lo dijo como acusación y como si fuera una peligrosa anomalía, cuando lo anómalo sería que un dirigente del Partido Popular siguiera los consejos de la prensa progresista o de izquierdas. Si Sánchez pensara un poco en lo que está diciendo, tendría que reconocer algo tan elemental como que, por llevar el ejemplo a otro país, el New York Times influye en el partido Demócrata y el Wall Street Journal en el Republicano. Al menos, hasta que llegó Trump, aunque esa es otra historia.

Ocurre que Sánchez no está pensando en lo que dice, sino en cómo echar abajo ciertos activos políticos de Feijóo, y si antes contó que el gallego era marioneta de los poderes ocultos, ahora dice que los hilos que mueven al títere son los que tienen en sus manos ciertos periódicos y medios de comunicación. Seguimos en el teatro de sombras. En esto, sin novedad. Pero hay una diferencia. Los poderes ocultos estaban, por definición, ocultos y su auténtica identidad se dejaba a la imaginación del espectador, mientras que ahora se apunta a uno que suele llamarse, con algo de hipérbole, el cuarto poder.

La propia denominación, aunque exagerada, indica que la prensa influye o tiene capacidad de influir y que ése ha de ser su papel. En una democracia liberal, claro está. Porque en las dictaduras, regímenes autoritarios y totalitarios sucede lo contrario. No es la prensa la que influye en los asuntos políticos, en el Gobierno o en la oposición, sino que es el Gobierno el que influye en la prensa. Influir no es realmente la palabra. No es que influya: controla. Absolutamente. No hay ahí más prensa que la gubernamental. La prensa no es otra cosa que un instrumento de propaganda del régimen totalitario o dictatorial.

De seguir por este camino, serían ya los dos partidos que forman el Gobierno de coalición los que se muestran ignorantes, alérgicos o contrarios al papel normal de la prensa en una democracia. El caso de Podemos está claro, pero es que ahí no son partidarios de la libertad de prensa, salvo quizá a la hora de montar sus propios tinglados mediáticos. Su modelo es el del control total. El Pravda multimedia. También está claro que el PSOE prefiere que los medios sean su correa de transmisión. Como casi cualquier partido político. Y no se trata de blindar a la prensa de críticas. Se trata de aceptar su papel y no decir cosas absurdas que, además, tienen efecto boomerang. ¿O es que Sánchez puede jurar, aunque sea por Snoopy, que nunca, nunca ha seguido los consejos de la prensa de izquierdas? ¿Quién le dicta a quién?

Sánchez debería dejar en paz a la prensa y a los medios, sacarlos de su relato sobre los siniestros poderes que manejan al líder de la oposición y sustituirlos por cualquier otro figurante.

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