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Javier Somalo

Irene, excusa totalitaria

Irene no llora por un ataque de dignidad tras un desaire parlamentario. Llora porque se ha demostrado su incompetencia en la tarea legislativa

Irene no llora por un ataque de dignidad tras un desaire parlamentario. Llora porque se ha demostrado su incompetencia en la tarea legislativa
La ministra de Igualdad, Irene Montero | EFE

Harán todo lo que esté en su mano para no dejar el poder. Sobre todo, los que no saben hacer otra cosa. Actuarán, aplaudirán, llorarán, sobornarán. Y, con lágrimas en los ojos, señalan al adversario porque están deseando devolverles el golpe que no terminan de recibir. Es la nostalgia de la chispa. Malditos fascistas, no hay manera…

Las lágrimas de Irene Montero, niña del primer mundo con siete vidas resueltas gracias a su veloz ingreso en la burguesía política, son una vergüenza muy incómoda para su partido y para su casta. Irene no llora por un ataque de dignidad o de rabia tras un desaire parlamentario. Llora porque se ha demostrado su incompetencia en la tarea legislativa y la noticia ha llegado hasta el último rincón del mundo… y hasta la última prisión de España también.

Pero la oportunidad de estallar en llanto con una razón ajena a la verdadera se le brindó tras la intervención de Carla Toscano, diputada de Vox y, por tanto, persona con menos derechos reconocidos por ser delincuente en potencia o incluso en esencia, pero también diputada poco prudente al darle una excusa lacrimógena. Para no regalarles la chispa que necesitan, conviene documentar el ataque y no dejarlo, como señaló Federico, en el comentario más o menos ocurrente en Twitter, que es como "el rincón del vago" de los nuevos políticos.

No hay personaje más machista en la política española que Pablo Iglesias, el de las "miradas lujuriosas" de Rita Maestre; el de los azotes a la otra Montero, la Mariló; el que ríe lo de la minga Dominga del zafio y negrero (condenado por contratar en negro) Echenique, el que se refresca en el baño, punto de encuentro de tutorías extraordinarias. ¡Ah, que son bromas!… Vaya, es que la derecha no tiene sentido del humor, se pasa la vida fusilando al amanecer.

En mayo recordé aquí cómo y cuándo llegó a la política Ana Botella. Irene puede seguir llorando lo que no lloró esa mujer con dos oposiciones estudiadas y muy bien aprobadas que entró a la política sin que le abriera la puerta el marido, casi a la vez y sin disfrutar de poder alguno, cuando la niñata morada y su protector (ejerce de ello porque es machista puro, como pocos) la acusaron de estar ahí por ser la mujer de Aznar y "la de sus amigos", extremo este que quizá entiendan sus colegas polígamos iraníes, los de Hispan TV que exigieron a Beatriz Talegón que se tapara el impúdico escote.

Porque es sabido que las mujeres de derechas no son mujeres sino floreros contra los que sí se puede ejercer el machismo morado, importado de los patrocinadores ayatolas. Por ser la mujer de… ¡Qué vueltas da la vida! Pero por más que hemos repetido el episodio de Botella, el de Mariló, el de Tania, el de las miradas lujuriosas de Maestre, son ellos los que lloran y cabalgan hacia la puesta de sol arropados por una banda sonora épica y un fondo de encendidos aplausos. De políticos y de periodistas. No se llevan portadas en contra, ni aperturas de telediario. O muy pocas, como las de esta casa, porque somos gente antipática con memoria.

Con las lágrimas de Irene están tapando la dañina ley y con el teatro al completo tapan el proyecto final, que es el que se empeña en eternizar Pedro Sánchez.

Regalarles la ocasión de llorar por otra cosa es un error. Cuando Vox se queda en el tuit pierde la fuerza que pueda tener como partido esencial de la oposición. En mi opinión, pierde, de hecho, cualquier interés. No es lo habitual en Santiago Abascal o en Iván Espinosa de los Monteros, pero el Congreso, a veces, es como la tele, perdición de tantos. Paciencia, otra vez.

El caso es que Pedro Sánchez, que ya nota ese olor rancio de las mudanzas, necesita subirse a una revolución en marcha. Va por ahí con El Mundo bajo el brazo, lleva esRadio en el iPhone… y necesita quedarse un poquito más. Con lo que le quiere la cámara leyendo Le Figaró al primer sol de Levante, con su cafetera humeante de plata… y Begoña, su Begoña influyente, hojeando un Herald o un Times o no sé qué paper con el que exhibir mejor su paleto esnobismo. Por cierto, la película de los Sánchez-Gómez creyéndose los Obama (¿alguien sabe cómo se apellida Michelle? ¿Será eso machista?) no la quieren en las plataformas de pago a las que Sánchez pretende salvar ahora del impuestazo. Raro, raro, raro… que diría Papuchi sabiendo muy bien la respuesta.

Pero se acaban las vacaciones, el casero viene pasado mañana a por las llaves... Ay, esos ratos en el Falcon, esos kilométricos atascos multicolor a vista de Superpuma, esas cumbres internacionales en las que la misma memez suena mucho mejor en inglés. Hay que resistir para que se asiente la revolución: terceros presupuestos aprobados, como si eso fuera garantía democrática, votados por la noche con el Komsomol, con los de las antorchas y los del pasamontañas, también llamados verdugos. El Congreso, convertido en un lavadero de delitos gracias a los votos de los autores de esos delitos.

Parece que no es bastante. Hay que subirse también al carro de Irene: lágrimas, ovaciones, aplausos, Metoo. La ley es una basura de Podemos, no del PSOE, pero te creemos, hermana. Pucheros y fiestas sorpresa. Desde el Gobierno, la izquierda sabe salir a la calle a protestar contra la oposición. La derecha se enzarza. Y los ciudadanos se hartan.

Y así está la cosa nacional: por un lado, Irene Montero midiendo faldas y tipificando "miradas impúdicas", nada distinto a lo de Hispan TV, mientras los violadores vuelven a ver el sol. Y por el otro, Pedro Sánchez vandalizando la casa antes del desahucio con ayuda de los colegas de ERC, Bildu y el partido comunista escindido. La cuenta no hay quien la pague: se acabaron los delitos, la Guardia Civil fuera de Navarra... El kanpora de ETA hecho realidad.

Ante todo ello, un buen resumen. Isabel Díaz Ayuso:

"Están dejando a violadores y abusadores en la calle antes de tiempo, causando un daño irreparable en las víctimas y también en la imagen del Poder Judicial, señalando a los jueces como fascistas, como fachas, como machistas cuando son precisamente los jueces y fiscales y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado los que consiguen que la mujer hoy en España no viva como están, por ejemplo, las mujeres en Irán. Eso es mucho más grave y es lo que tenemos hoy en el Gobierno".

Y una advertencia, esta es la clave, tan cierta como oportuna:

"Cuando un Gobierno se convierte en ley estamos hablando de otra cosa".

Por eso este Gobierno de injertos enfermos tiene tanto interés en asaltar la Justicia, para tenerlo todo, que es el totalitarismo.

Y la que llora es Irene Montero.

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