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Pedro de Tena

¿Lo hacemos bien o como siempre?

Propongo un gran encuentro nacional bajo el lema '¿A dónde va España?' que permita sentar las bases de un proyecto colectivo y realmente democrático.

Propongo un gran encuentro nacional bajo el lema '¿A dónde va España?' que permita sentar las bases de un proyecto colectivo y realmente democrático.
La famosa manifestación en Colón reunió en la plaza madrileña a miles de personas convocadas por PP, Ciudadanos y Vox en contra de las cesiones de Pedro Sánchez a los separatistas. | C.Jordá

A nadie en su sano juicio le cabe duda alguna de que este gobierno de miserables que está aniquilando deliberadamente la nación española de la Constitución de 1978 no va a detenerse ante nada. Lo hemos visto operar desde hace años y todos los días, uno tras otro, pone en marcha decisiones que van contra ella. Pongan ustedes los ejemplos que ya tienen clasificados y verán cómo es de certero el plan que llevó, de la mano de una democracia confiada pero enferma, a estos golpistas que no cesan desde 2017.

No quiero referirme hoy a ninguna de las puñaladas traperas que están infligiendo a la España común y unida, —que podría, desde el navajazo estadístico para torturar los datos reales, estocada al corazón de un Estado, al sablazo separatista que no cesa, desde la humillación a las fuerzas de seguridad nacionales a la penalización de la Historia con mayúsculas, al nepotismo barato, al saqueo fiscal, y se podría continuar hasta la extenuación—, no. Me quiero referir hoy a lo que estamos dispuestos a hacer los que tanto habla-bla-bla-blamos para que este mal que nos invadió desde las entrañas de un PSOE corrupto y desvencijado dirigido por el comunismo caníbal de los bultitos indignados del 15-M, ahora esclavos del bolivarianismo ruso-chino, podamos recuperar la patria democrática, que es una patria de convivencia con unas reglas de juego aceptadas y cumplidas por todos.

A ver si logramos poner orden en lo que sucede. A la inmensa mayoría, a derecha e izquierda, parece importarle un pimiento lo que sea de España en el inmediato futuro. Bastante tienen, creen, con ocuparse de su propio porvenir personal y familiar. Es algo que los socialcomunistas y separatistas han sabido siempre: que hay una masa humana sin conciencia de lo importante, una supermayoría a la que se puede adormecer y manejar voluntaria y sistemáticamente. Y hay minorías que sí saben lo que se juegan. Para aquella multitud, destinan miles de millones de euros a adoctrinarles y debilitarles. Se trata de que su minoría socialcomunista y separatista sea el grupo cultural y moral de referencia. No es que estén unidos, ni que se quieran matar: es que tienen los objetivos jerarquizados y, lo que es más esencial, distinguen entre lo importante y lo accesorio en una estrategia trazada.

¿Y qué es lo que nos pasa a los demás, diferentes minorías que queremos una España democrática normal? Pues nos surcan diversas insuficiencias, sobre todo mediáticas, que impiden que la mayoría anestesiada pueda despertar. Lo primero que nos limita es la estupidez cipollana, hacer daño a todo el mundo incluidos nosotros mismos. Ante la tragedia de toda una nación, que es afable, trabajadora y respetuosa en general desde los tiempos de Jarcha, UCD y la Transición, los partidos que dicen rechazar socialcomunismos y separatismos carecen de una columna vertebral de pensamiento común. Lo último: el PP se cabrea porque Vox va a una concentración suya contra la infame ley del "sí es sí", ojo, que votó Ciudadanos, Vox ataca al PP de Ayuso, el PP de Moreno se hace blasinfantista, esto es, confederalista cuando menos, como su Feijóo galleguista y Ciudadanos se despedaza en público. Ni siquiera huelen el peligro porque viven bien en su compañía.

Pero no nos quedemos ahí, porque estoy hasta la coronilla de oír este discurso pesimista y desolador que no conduce más que a la rendición de los españoles de bien que querían una España reconciliada y a los que se les está imponiendo, otra vez, una España sectaria y cada vez más agresiva. ¿Qué podemos hacer nosotros, los sin nada, los sin dinero, sin puestos, sin poder, pero también sin amos ni dueños ni obediencias debidas?

Habida cuenta de que los políticos están dando señales de incapacidad manifiesta, deberíamos ser capaces de poner en marcha un movimiento, sí, un movimiento nacional –cojones ya con las palabras correctas en un pensamiento de diarrea mental—, que sea capaz de influir en las estrategias de los partidos que dicen representarnos para conseguir que el pensamiento de la mayoría real de la nación sea la referencia común.

Aceptando de plano que lo de ser cabezas de razón no tiene pies ni cabeza en un momento tan grave, propongo un gran encuentro nacional bajo el lema ¿A dónde va España? que permita sentar las bases de un proyecto colectivo y realmente democrático de vidas libres en común y propongo para su organización a un grupo de ciudadanos, que podrían ser más o menos o distintos, pero que tienen que atreverse a dar un primer paso: María San Gil, Agapito Maestre, Francisco Sosa Wagner, Alfonso Lazo, Rosa Díez, Cayetana Álvarez de Toledo, Javier Gómez de Liaño, Boris Cimorra[i] y Alaska[ii]. Sociedad civil informada. Gente de buena voluntad.

Y si deben ser otras personas, que sean otras: Maite Pagazaurduntúa, Joaquín Leguina, no sigo, que la lista es larga, y profesionales de cualquier rama con méritos y nivel. Pero el encuentro es necesario. Nos tenemos que conocer y comunicar para dotarnos de un plan nacional viable, renunciar a la estéril inutilidad de islas de protesta y levantar la voz y la primera piedra de un futuro necesario. Si no, lo haremos como siempre: muy mal.

(Me dicen que puedo estar haciendo el ridículo. Vale. Al menos estaré haciendo algo, aunque sea el ridículo.)


[i] Como intuyo que es el más desconocido de todos, subrayo que Boris es hijo de Eusebio Cimorra, locutor de Radio Moscú para España e Iberoamérica desde 1940 hasta su regreso a Madrid, conocedor de primera mano de la evolución desde la Unión Soviética a la Rusia de Putin y comprometido demócrata español.

[ii] Sé que no están todos los que son, pero todos los que están, son. Hay que empezar por algún punto aunque sea imperfecto. Los primeros pasos son los más imperfectos, pero sin primeros, no habrá segundos.

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