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Atreverse para no tener que resistir

¿Cómo no va a atreverse a cualquier cosa quien hizo lo que hizo en plena pandemia, quien cerró el Parlamento porque sí?

¿Cómo no va a atreverse a cualquier cosa quien hizo lo que hizo en plena pandemia, quien cerró el Parlamento porque sí?
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | EFE

Hasta en eso nos engañó el número uno de esta cuadrilla de "bandidos y macarras", como definió Alfonso Guerra[i] a la manada que se apoderó definitivamente del PSOE en 2017, tras haberlo intentado desde años antes. Escribió un Manual de resistencia que era, en realidad, un manual de atrevimiento porque incubaba las maneras de actuar que luego lo han caracterizado, primero en el interior del PSOE y luego en el Gobierno de España.

Hasta en eso sigue a su antecesor, Francisco Largo Caballero, que se atrevió a todo, desde dirigir el golpe de Estado de 1934 a animar el advenimiento de la Guerra Civil con tal de exterminar a la media España que le estorbaba para su proyecto de dictadura leninista, española, no plurinacional, por supuesto. Y con los matices que el tiempo y la historia han introducido, muchos se preguntan si Sánchez se atreverá a algo más. La respuesta es que sí, naturalmente, a lo que haga falta. Incluso a la domesticación de la Casa Real o a su purga histórica. Resistir es atreverse. En eso, lleva razón.

¿Cómo no va a atreverse a cualquier cosa quien hizo lo que hizo en plena pandemia, quien cerró el Parlamento porque sí, quien ha gobernado por decreto-ley más que nadie, quien se ha adueñado de los contrapoderes institucionales, quien ha administrado una nación sin presupuestos desde 2022, quien aparta de la política exterior al Parlamento o quien sigue sin dimitir pese a los gravísimos escándalos, familiares y políticos, que le acechan?

Frente a unas opciones de derecha, mojigata o audaz, e incluso socialdemócratas de culto, que no se atreven a nada y que solo se quejan sin demostrar sangre en las venas ni inteligencia política estratégica, este largo caballero de Tetuán y Pozuelo se atrevió contra la pérfida Susana (ahora se ha visto cómo era ella en la intimidad política tratando torpemente de seducir al mismísimo Ábalos), contra el desertor Rajoy y contra el noniná Feijóo. No, ellos no se atrevieron ni se atreven. Por eso, pasa lo que pasa.

En los últimos días, tras el baile de máscaras con el que nos obsequia su mercenario –así le ha llamado merecidamente Agapito Maestre en estas páginas– Iván Redondo, que simula presentar un libro cuando en realidad está abriendo la campaña electoral por Sánchez para 2027, como ha intuido El Mundo, algunos se han percatado de que lo que se avecina es el atrevimiento más grande jamás contado: el ataque definitivo a la Transición y a la Constitución de 1978, monarquía inclusa.

En las entrevistas que está concediendo, el consultor demoscópico y manejador político ha desvelado, nada casualmente, que, ya en 2021, escribió un informe para su Puto Amo de quien es, sigue siendo, devoto fiel. Dime con quién andas y te diré quién eres. En ese informe, ocultado a los españoles aunque pagado por ellos, le susurraba al oído que 2028 era el año adecuado para proceder a la liquidación de la Transición y a la puesta en marcha de una nueva Constitución para la España plurinacional que debe imponerse.

¿Por qué 2028? Porque está justo después de 2027, año providencial para lanzar la emperifollada momia de la generación del 27 contra las derechas y las izquierdas ñoñas gracias al manoseo de su centenario, y porque permitirá concurrir a las elecciones generales con una pancarta, la más atrevida, 50 años después de la única Constitución consensuada de nuestra historia: "La Transición ha muerto. O monarquía constituyente de una España plurinacional o República confederal de base plurinacional."

Siempre plurinacional. Y anunciar, ya en campaña, la promesa de un referéndum consultivo pero decisivo que anime a los separatistas y a la izquierda a votar juntos y en masa por esa nueva fase transitoria antes de desembocar en la ruptura total de la España histórica. ¿O es que alguien cree en serio que los separatistas catalanes, vascos y gallegos cejarán en su afán de independencia en una hipotética España federal? Hay poderes bastantes y cercanos que necesitan y anhelan una España rota para poder hacer lo que ambicionan, desde Rusia a China o Marruecos pasando, cómo no, por Francia, Inglaterra y otros interesados.

La estafa de la plurinacionalidad

Ya no llaman nación de naciones a ese invento nada nuevo de las nacionalidades españolas. Es natural porque con él introducen otra vez la idea de nación y de naciones y eso es lo que se trata de eliminar. No hay nación (salvo la catalana, la vasca y la gallega), solo hay Estado y esa Administración se sustenta en la supuesta realidad plurinacional que es la esencia, dicen, de la España real. Pero, ¿es tal concepto algo con fundamento o un servicio ideológico final a los separatismos fraguados en los siglos XIX y XX?

Hay quien cree que eso del separatismo se apoya en los viejos nacionalismos reaccionarios vasco y catalán, a su vez mamantes de otras fuentes racistas o excluyentes. Y es cierto, pero también encontró eco en el socialismo patrio que dio alas a sus proyectos mediante una elucubración sobre las nacionalidades españolas. Fue la de un socialista segoviano, Luis Carretero, y su hijo, Anselmo, los que, con buena voluntad si se cree así, quisieron reemplazar la España histórica por un diseño plurinacional para una España nueva.

Entre nosotros, fue Agapito Maestre quien detectó el origen intelectual de la operación que hoy adquiere máxima importancia. En su libro Entretelas de España, señala cómo, en realidad, las ideas del tándem socialista castellano derivaban de las proposiciones indemostrables de Pedro Bosch-Gimpera, un afamado prehistoriador y arqueólogo nacionalista catalán, que anclaba el origen de las "nacionalidades" presentes en España en la nebulosa prehistoria y la historia tribal originaria de la península Ibérica.

Los Carretero, padre e hijo, asumiendo esos supuestos orígenes de las "naciones" que, según ellos, constituyen la España real e histórica, incluso propusieron un criterio para identificar qué es y no es una nación o nacionalidad, término nada inocente que se introdujo en la Constitución española de 1978 de la mano de Gregorio Peces-Barba[ii], que tal vez había consultado las obras de estos socialistas segovianos.

La pedestre definición de su concepto de nación y nacionalidad es tal que niegan que la raza y la lengua estén en el meollo de la cuestión, como siempre quisieron los separatistas catalanes y vascos (incluso gallegos). Es más, desechan tales tesis debido, curiosa y precisamente, a la realidad de un País Vasco donde la lengua materna mayoritaria es la española o a la de una Iberoamérica donde hay naciones con la misma lengua, el español.

Por eso concluye Luis Carretero, al que su hijo sigue: "Desechados los fundamentos de raza y de idioma y otros más endebles, la definición más aceptable que encontramos para la nación es que se trata de una comunidad estable (aunque no eterna) históricamente formada como resultado de una convivencia secular sobre un mismo suelo, comúnmente sentida y aceptada, que da origen a hábitos y modos de pensar y sentir reflejados en una comunidad de cultura y a veces un idioma propio." Nada de patriotismo constitucional. Patrias, hay, mucho antes de toda Constitución.

Puede considerarse que eso precisamente es lo que fue España antes de la invasión de las ideologías separatistas, pero los autores no consideraron a España como la gran nación que ellos mismos definen sino como algo diferente, extraño y hostil. "En España, hay tan gran número de nacionalidades distintas, de taI diversidad y tan profundo carácter propio, que dentro de la península se distinguen entre sí más que muchas nacionalidades europeas representadas, más o menos acertadamente, por los actuales Estados." Esto es, todas ellas son naciones o nacionalidades, menos España que no es una nación aunque se ajuste como anillo al dedo a su definición.

La traca viene después cuando postulan el número y la composición de las nacionalidades que hay en España. Textualmente:

"GRUPO PRIMERO: VASCO-CASTELLANO. Comprende las nacionalidades de Vasconia, Castilla, Navarra y Aragón.

GRUPO SEGUNDO: ASTUR-LEONÉS O GALLEGO. Comprende estas cuatro: Asturias, León, Galicia y Portugal.

GRUPO TERCERO: CATALÁN. Este grupo no incluye en realidad más que a Cataluña.

GRUPO CUARTO: ANDALUZ. Lo forma únicamente Andalucía.

GRUPO QUINTO: DE LAS EXTREMADURAS DERIVADO DEL LEONÉS. Pertenecen a él la Extremadura, la Mancha y Murcia.

GRUPO SEXTO: DERIVADO DEL CATALÁN. Hay que contar en él a Valencia y las Islas Baleares .

GRUPO SÉPTIMO: NACIDO DEL IMPERIO ESPAÑOL. Lo forman solamente las Islas Canarias. "

Tómese buena nota porque este es el fundamento de la España plurinacional que se pretende imponer a los españoles, algo que hasta los actuales separatistas rechazarían porque no les conviene absolutamente nada. O sí, ya que establece una hoja de ruta no excluyente de la independencia deseada. Solo la retrasa facilitándola.

Por tanto, lo que se toma de los Carretero es la fantasía de las nacionalidades de las que se excluye sin razón alguna a la misma España y se deja al arbitrio de los intereses políticos cuántas y cuáles sean así como su destino final. O sea, en España hay varias naciones entre las que España no se contempla. Es estupefaciente.

Esto es lo que anuncia, anticipando el proyecto electoral sanchista, Iván Redondo en su libro que sirve, de paso, a la necesidad de enturbiar el juicio ciudadano sobre la corrupción infame del grupo del que forma parte y, sibilinamente, de deslizar lo que, a su juicio, deberían hacer los electores con los pecados judicialmente cada vez más evidentes del actual PSOE: castigarlo, sí, pero poquito, luego indultarlo y finalmente amnistiarlo, esto es, olvidarlo todo. A los golpistas primero, y al PSOE después. En la tarea se está.

Dice Redondo: "Un libro marcó al Director[iii]: Las nacionalidades españolas, del segoviano Anselmo Carretero. El Director se hizo con su tercera edición, de Hyspamérica Ediciones, de San Sebastián, que estaba muy ampliada. Fue como encontrar un porqué con el que soportar cualquier cómo." Clavado. Cualquier cómo para acabar con la nación española.

Pero, aunque se arroga el mérito del descubrimiento, la realidad es bien otra. Fue el cada vez más acorralado José Luis Rodríguez Zapatero, siempre hay que volver al origen del mal, el que recuperó a los Carretero para sus planes muy probablemente de la mano de Pasqual Maragall, la mano que ha mecido todas las cunas de la deriva socialista en España.

En una carta abierta dirigida a Zapatero en 2002, Maragall le indicaba el camino: "Tu compatriota Anselmo Carretero[iv], el segoviano-leonés muerto en México hace poco, el amigo de los catalanes exiliados, de los Bosch-Gimpera y de los Xirau, el infatigable propagador de la España nación de naciones, nos obliga mucho. Los socialistas de España tenemos en él un referente de un valor inmenso"[v].

Pero es más. Iván Redondo elimina de un plumazo la primogenitura de otro asesor de La Moncloa, Jaime Miquel, "el Luis Aragonés de la sociología", en la idea de acabar con la España histórica para dar lugar a una nueva España plurinacional donde el dominio de la izquierda y los nacionalismos fuese imbatible. Claro que, como es sabido, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Miquel, considerado el fundador de los "perestroikos"[vi], murió el año pasado y no puede defender su autoría.

Para que quede constancia, Miquel escribió en 2015: "En este punto, la gran coalición formada por PP y PSOE tendrá que impulsar un proceso constituyente, con la participación directa de los ciudadanos y pactado con las fuerzas políticas depositarias del orden nuevo. Una nueva constitución confederará tres territorios, si así lo han decidido las personas, o incluso cuatro, si se incluyera Portugal, en un proceso donde, finalmente, se somete a referéndum la continuidad de la propia monarquía." Se entiende muy bien por qué hay que estigmatizar a Vox y por qué la extrema izquierda ha sido devorada por Pedro Sánchez.

Se refiere, como Redondo, a Cataluña, País Vasco y Galicia, las nacionalidades plus de lo plus, dejando fuera a todas las demás mencionadas por los Carreteros, solo útiles para expandir la idea de nacionalidad cuya identificación y número que ahora concretarán los sociólogos sanchistas. Es solo el por qué para cualquier cómo.

¿Y Andalucía? ¿Y las demás? Redondo solo cita a las tres principales y cuando se refiere a Andalucía la considera la gran nacionalidad del Sur, pero realidad nacional, no nación propiamente dicha, claro. Nación, nación, solo las tres de siempre. De Extremadura, de Asturias, de Santander, Valencia (a lo mejor la incluye en Cataluña con las Baleares), Castilla y León y Castilla-La Mancha, Murcia, Aragón (tal vez fundida también con Cataluña), de La Rioja, de Canarias, de todas las demás, en fin, ni mú. De la nación española, ni hablar.

De los orígenes a Juan Carlos I y la pretendida España plurinacional de Felipe VI

Lo dice Jaime Miquel en 2015: "La perestroika de Felipe VI consiste, entonces, en construir una identidad colectiva nueva, adecuada a nuestros tiempos y necesariamente alejada de las esencias imperiales. Así daremos por concluido el primer tomo de la historia de España y podremos llevarlo a la biblioteca: desde sus orígenes hasta el rey Juan Carlos I." No repara, claro, en que esa "primera" España es la España que siempre ha sido, la real. Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Claudio Sánchez-Albornoz y tantos otros, a la basura.

Diez años después, glosa Iván Redondo: "La España múltiple comenzaba a formar parte de la mirada del Director. Su pluralidad, su plurinacionalidad y cómo, partiendo del respeto y coordinación de sus diversidades, nuestro país podría reforzar sus lazos en una identidad común más fuerte."

Y sigue: "Alguna vez, como decía Pedro Bosch-Gimpera[vii], habría que constituir España. ¡Cuánta razón tenía! Pero en El Manual no se trataba de tener razón, sino éxito. Y el Director lo tenía claro, precisamente era ahí donde quería estar. Entre la izquierda y la derecha plural y junto a la mayoría plurinacional, en el proceso de constitución de la verdadera España: la del reencuentro total." Ingeniería histórica para una arbitrariedad de origen. Voluntarismo tiránico.

Una vez adueñados del por qué de las nacionalidades fantásticas de los Carretero, había llegado la hora del cómo, de cualquier cómo. 2028. Sitúa "el horizonte de materialización exactamente cincuenta años después de aprobarse la Constitución de 1978. La Carta Magna no había sido capaz de rematar entonces con acierto lo que le gustaba llamar en su fuero interno, en lugar de «casa real», «la casa común» de un Estado plurinacional o plural con sus diferentes acentos e intensidades."

El horizonte español de 2028 debería lograrse con la construcción de una «casa común» coronada por una «monarquía plural», que amparara un Estado plurinacional vertebrado a través de dos mayorías que lo pudieran sustentar: la derecha plural y la izquierda plural, abiertas ambas a la participación alternativa de fuerzas políticas periféricas."

"Quería que los españoles votaran esa política de convivencia en su conjunto y que las generales fueran un referéndum sobre esa idea de España que pasa página y mira hacia adelante, hacia la España plurinacional. La amnistía, más que una figura jurídica, es la mayor práctica de magnanimidad en una democracia. El impacto político sería enorme. Y el ejercicio de didáctica democrática ejemplar", prescribe con precisión.

Algunos no creen que sean capaces de intentarlo. Pero no olviden las palabras del amigo de Iván Redondo, Toni Bolaño, a quien agradece su libro amable sobre su estancia en la Moncloa y su poder dentro de ella hasta que salió despedido, unos dicen que por las calvofeministas y por el mismísimo Ábalos y otros por su prepotencia de laboratorio. Él dice que se fue porque quiso. O por el agujero del corazón. Pero es seguro que es un hombre de Sánchez, antes y ahora.

Se ha dicho de él: "Iván construye el relato, lo coloca y le damos veracidad porque su palabra es palabra de Sánchez". Eso es. Antes y ahora. Lo que dice sobre 2028 y una nueva Constitución plurinacional es palabra de Sánchez. Encaja. Aparta la atención de su infame corrupción y alienta el voto masivo de nacionalistas, sanchistas y comunistas. ¿Se atreverá? Claro que se atreverá si ello le permite escapar de su negro destino.

El problema no es ese. La cuestión es si nosotros, españoles y demócratas, nos atreveremos a defender la nación común que amamos para no tener que resistir el ataque anunciado.


[i] Dice la ya nada jóvena Carmen Romero, la ex de Felipe González, ahora locuaz a favor de Sánchez tras una mudez alargada, que ambos socialistas están siendo utilizados por la derecha. Sigue sin enterarse. Son González y Guerra los que usan a la derecha para que haga lo que ellos no se atreven a hacer.

[ii] En el libro de Iván Redondo se dice: "Gregorio Peces-Barba fue claro como padre de la Constitución: «La existencia de España como nación no excluye la existencia de naciones en su interior». La palabra «nacionalidad» en nuestra Carta Magna se concibió como sinónimo de «nación», pero se utilizó ese concepto para orillar el problema de las diferentes naciones que hay en España. La magia de la Transición."

[iii] Escribe de sí mismo en tercera persona. El Director es él.

[iv] Se olvida de Luis Carretero, el verdadero padre de la idea en su largo artículo para el suplemento de Las Españas, Las nacionalidades españolas, publicado en 1948. Su hijo Anselmo, en su conferencia Las nacionalidades ibéricas (hacia una federación democrática de los pueblos hispánicos), impartida a la CNT en México el 17 de mayo de 1962, asume las tesis de su padre tal cual.

[v] El País, 4-11-2002, cuando no era aún presidente del Gobierno.

[vi] Su libro La perestroika de Felipe VI, de 2015, no es citado por Redondo en su Manual, pero fue prologado por Enric Juliana. O sea.

[vii] Así lo llama en el libro.

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