Menú
Marcel Gascón Barberá

Contra el "realista" Mearsheimer

Contra lo que sugiere Mearsheimer, no fue Occidente quien se expandió hacia el Este, fue el Este el que quiso abrazarse a Occidente.

Contra lo que sugiere Mearsheimer, no fue Occidente quien se expandió hacia el Este, fue el Este el que quiso abrazarse a Occidente.
Putin. | EFE

A medida que las opiniones públicas democráticas se vayan cansando de la guerra de Ucrania irán tomando protagonismo figuras como la de John Mearsheimer. Profesor de la Universidad de Chicago, este politólogo señero de la escuela que en política internacional se autodenomina realista atribuye toda la responsabilidad de la invasión rusa de Ucrania a Estados Unidos y a la OTAN.

La línea argumental de Mearsheimer puede resumirse así. Como líder de Occidente, Estados Unidos nunca quiso integrar a Rusia, sino humillarla. Aprovechándose de la Rusia débil que surgió del desmembramiento de la Unión Soviética, Estados Unidos extendió su hegemonía hacia el Este metiendo en la OTAN a Polonia, los Bálticos y otros territorios que habían sido parte de la zona de influencia de Rusia como Rumanía y Bulgaria.

La gota que colmó el vaso de la paciencia del Kremlin fue, según el razonamiento de Mearsheimer, que se planteara la entrada en la Alianza de Georgia y Ucrania. Aunque Alemania y Francia bloquearon en 2008 el ingreso de estos dos países a la OTAN, Estados Unidos y sus principales aliados en Europa hicieron caso omiso de las advertencias del Kremlin y no han dejado de cimentar su influencia en estos dos países desde entonces.

Rusia, dice Mearsheimer, considera la presencia militar occidental en Georgia y, sobre todo, Ucrania una amenaza existencial. Por eso invadió Georgia en 2008. La Revolución del Maidán que derrocó al prorruso Yanukóvich en Ucrania acorraló aún más a Rusia y precipitó la toma rusa de Crimea y la intervención armada del Kremlin en apoyo de los separatistas-títeres del Donbás en 2014. Ocho años más de apoyo militar a Ucrania habrían obligado a Putin a lanzar su invasión a gran escala a la que asistimos hoy.

La apuesta occidental por una victoria de Ucrania no puede saldarse más que estas opciones: la perpetuación del conflicto, una victoria de Putin humillante para Occidente o una victoria ucraniana que lleve a Moscú a utilizar armas nucleares obligando a la OTAN a entrar en guerra directa con Rusia.

El planteamiento de Mearsheimer, que es paradigmático de la manera que tienen de ver la guerra los "realistas", tiene, a mi juicio, varios problemas.

El primero de ellos es que niega a Ucrania y a todos los países poscomunistas que entraron en la OTAN para escarnio de Rusia cualquier responsabilidad a la hora de decidir su propio destino. Contra lo que sugiere Mearsheimer, no fue Occidente quien se expandió hacia el Este; fue el Este el que quiso abrazarse a Occidente para disfrutar de la libertad y la prosperidad que nunca le ha ofrecido Rusia. Lo mismo ocurre ahora con Ucrania.

Mearsheimer también falla al tratar a Rusia y a sus dirigentes como una entidad monolítica que responde automáticamente a ciertos estímulos y es incapaz de cambiar el rumbo o tomar decisiones propias en su beneficio.

Por centrarnos en el caso más actual, Ucrania no quiso entrar en la OTAN y unirse a Occidente por capricho o debido a las manipulaciones de Bruselas y Washington. Si Rusia hubiera ofrecido a la mitad rusófona de Ucrania una perspectiva atractiva de cooperación libre del chantaje y la sumisión que caracterizan el trato del Kremlin a sus aliados nadie hubiera visto necesario romper lazos con Moscú y pedir ayuda militar a Londres, Ottawa y Washington.

En otras palabras, sólo la torpeza y el matonismo rusos hacen que los países vecinos no acepten para sí mismos una neutralidad que, según Mearsheimer, bastaría para que Moscú no los hostigara.

Mearsheimer sostiene que Rusia ataca porque se siente acorralada. Pero el Kremlin se ha lanzado a sus dos aventuras militares en Ucrania en momentos de debilidad de Occidente: con el mismo Obama que regaló Siria a Rusia en 2014 y ahora tras la desastrosa retirada de Afganistán comandada por Biden. Más que ante una supuesta agresividad occidental, el Putin guerrero parece activarse cuando huele debilidad en el enemigo, lo que invita a pensar que sólo se le para con más firmeza y fortaleza.

En el análisis que propone Mearsheimer, la condición de potencia militar de Rusia obliga a sus vecinos a entregarse a sus propósitos sin resistencia, y a Occidente a aceptar todos los caprichos de una Rusia que ha demostrado ser insaciable también cuando se la regaba con muchos millones de euros por su petróleo y su gas.

En una de sus últimas apariciones públicas, Mearsheimer debatió sobre la guerra con el exprimer ministro sueco Carl Bildt. El debate es en inglés, dura casi tres horas y es un excelente ejemplo de debate intelectual vibrante entre dos contendientes honrados, dinámicos e inteligentes. Al final del debate, que tiene lugar en Noruega, Mearsheimer dice algo muy ilustrativo sobre la injusta doble vara de medir que aplica a Occidente y a Rusia:

A esos finlandeses y esos suecos que piensan que unirse a la OTAN es algo bueno, no estoy seguro de ello; no creo que la amenaza convencional rusa sea tan grave, y creo que les estáis dando a los rusos todo tipo de incentivos para crearos problemas.

Mearsheimer considera que el ingreso de Finlandia y Suecia a la OTAN da a Rusia incentivos para atacar a estos países, pero no ve en la brutal invasión rusa de otro vecino un incentivo legítimo para que Suecia y Finlandia decidan buscar protección en la Alianza.

Su "realismo" nos invita a una realidad tenebrosa en la que no cabe más que ponerse de perfil y aceptar los designios del bully, como ya hicieron Europa y EEUU con la invasión de Crimea. Y rezar para que se dé por satisfecho y no quiera más, como vimos que era el caso cuando el 24 de febrero envió sus tanques a Ucrania.

Temas

En Opinión

    0
    comentarios