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Cristina Losada

Un asunto interno con verificadores internacionales

El PSOE ya ha aceptado la intromisión de mediadores extranjeros. Pero, ojo, la Unión Europea que no se meta.

El PSOE ya ha aceptado la intromisión de mediadores extranjeros. Pero, ojo, la Unión Europea que no se meta.
Pedro Sánchez y Félix Bolaños. | EFE

Lo había adelantado Bolaños, el ministro orquesta, en conversación con el comisario de Justicia Reynders, antes del debate en la Eurocámara sobre la ley de amnistía. La Comisión Europea, le dijo, debe "respetar el debate político y parlamentario en España frente a los intentos de algunos grupos políticos de convertir un debate interno y español en una cuestión europea". Ignoro cómo le habrá sonado al comisario europeo esta petición, pero en español suena a aviso o advertencia, con un punto amenazante. Los que en el debate interno pierden las formas, tampoco las guardarán en el exterior. Incluso en esa breve traslación de lo dicho por el ministro se incrusta una perla falsa: se pide a la Comisión que respete un debate interno que no respetan ni los partidos del Gobierno ni el propio Gobierno. Para ellos no existe un debate, y menos un debate legítimo, sólo la reacción resentida de la derecha española por no haber podido gobernar.

La posición que sostuvo en el debate quien representaba a la presidencia semestral española de la UE fue, como había anticipado el ministro, la de negar a las instituciones europeas, sea la Comisión, sea el Parlamento, la capacidad de evaluar la ley de amnistía. Hablando en plata: esto de la amnistía no les compete, resulta estrafalario que haya este debate, no metan sus narices en nuestros asuntos. Equiparar el control de la UE a una injerencia indebida resulta chocante, pero además añaden los socialistas que la ley no afecta en nada a los intereses y el derecho de la Unión Europea. Del mismo modo que la exposición de motivos de la ley de amnistía la declara constitucional antes de haber pasado por el control del Tribunal Constitucional, le dicen a la UE que la ley no afecta al derecho comunitario antes de que la estudie la Comisión. Lo dicen los autores de la ley —parte de ellos, que la otra parte son los separatistas— y ya está. Tiene que ser así.

Los socialistas piden a Europa que cierre los ojos ante una posible vulneración de la independencia judicial y la separación de poderes en España, y que emplee, por tanto, el doble rasero. Que vale que se meta con Hungría y Polonia, porque eso es la derecha, pero que no se meta con España, por la cara bonita de Sánchez y de la izquierda. Cierto que ya han redactado la ley de amnistía previendo la vigilancia europea y a fin de dar gato por liebre. La lista de exclusiones, artículo 2, sólo se entiende como blindaje preventivo. Así, el apartado que declara excluidos "los delitos que afectaran a los intereses financieros de la Unión Europea". Van a amnistiar delitos de malversación, y quieren dejar claro que sólo amnistiarán los que afectan a los intereses financieros de España.

La ley de amnistía no puede examinarse sólo por su texto, ni en España ni en Europa. Tiene acompañantes necesarios. Está en primerísimo lugar el acuerdo PSOE-Junts, donde aparece, negro sobre blanco, el lawfare, para que el que quiera entender, entienda. El comisario Reynders citó el acuerdo en su intervención en el debate, lo cual significa que lo tiene en cuenta. Ya se verá cómo, y ya se verá qué nuevas fabricaciones habrá para negar lo firmado. Hay algo crucial en ese acuerdo: en él está la refutación de que todo esto es un asunto interno en el que no debe meter las narices nadie externo. La refutación se llama "verificadores internacionales". El asunto es tan interno, que el PSOE ha aceptado la intromisión de mediadores extranjeros. Van a internacionalizarlo, pero, ojo, la Unión Europea que no se meta.

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