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Cristina Losada

No es imposible, tampoco en Galicia

La gran esperanza, la única, en realidad, de los dos partidos de la eterna oposición en Galicia radica en que tal creencia se asiente, movilice a los pasotas y sea, en fin, profecía autocumplida.

La gran esperanza, la única, en realidad, de los dos partidos de la eterna oposición en Galicia radica en que tal creencia se asiente, movilice a los pasotas y sea, en fin, profecía autocumplida.
Ana Pontón. | EFE

Un estudio preelectoral del CIS acaba de entregar buenas noticias al nacionalismo y socialismo gallegos. El asalto a la fortaleza del Partido Popular, que siempre intentan y no consiguen prácticamente nunca, tendría en esta ocasión posibilidad de éxito. La noticia es perfecta para la campaña del Bloque y de los socialistas, en la que se ha involucrado Sánchez. Desde el minuto siguiente a la convocatoria electoral, su gran objetivo es alimentar la expectativa de que esta vez sí se puede. De que la caída de la fortaleza está al alcance y basta con empujar un poco más. Están convencidos de que sólo poniendo en el horizonte el caramelo tentador pueden movilizar a una parte decisiva de votantes. Porque si la gente, su gente, cree que el PP volverá a ganar por goleada, muchos no se molestan en ir a votar.

La encuesta del CIS viene de maravilla para dar alas a la idea motriz de que en esta ocasión lo imposible es posible. La gran esperanza, la única, en realidad, de los dos partidos de la eterna oposición en Galicia radica en que tal creencia se asiente, movilice a los pasotas y sea, en fin, profecía autocumplida. Cabe preguntarse por ello si estamos ante un ejercicio demoscópico o un ejercicio de ilusionismo político. Es pregunta habitual con el CIS de Tezanos, y el escepticismo ante sus pronósticos está fundado. Pero también cabe preguntarse si el resultado que desean el Bloque y Sánchez es posible, diga lo que diga la encuesta o a pesar de lo que dice.

En 2005, las efervescencias del Prestige y el noalaguerra, la avanzada edad de Fraga y la victoria de Zapatero un año antes, contribuyeron a la caída del PP, que por un escaño no llegó a la absoluta. Estos años, en cambio, no ha habido ninguna gran crisis específica, ningún desgaste extra, nada, en fin, que sustente la expectativa. Pero no es imposible. No lo es. Si conseguir mayorías absolutas no era fácil antes, hoy todavía es más difícil. Con porcentajes de voto altísimos, de los que ya no se ven, puede un partido quedarse a las puertas. Le pasó al PP hace casi veinte años: tuvo más del 45 por ciento y no fue suficiente. Las ilusiones de la oposición se basarán en la proyección de los resultados de las generales del 23-J, que deja al PP exactamente a un escaño del umbral. Y en lo único que ha mutado en el estable panorama político gallego: Feijóo ya no es el candidato. Punto débil que se suma a otro: Feijóo no es tampoco presidente del Gobierno.

Hay un tercer factor, lo hay siempre: el olvido. La experiencia lamentable del bipartido del PSdG y el BNG queda lejos. Hay toda una generación que no sufrió a Touriño, Quintana y compañía. Lo suyo es tropezar dos veces en la misma piedra. Aunque aquel tropiezo se tendrá por leve al lado de lo que puede ser un gobierno dirigido por la secta milenarista bloqueira, socia de Bildu y Esquerra. Y puede ser.

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