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EDITORIAL

España y la UNRWA: un error doblemente dramático

Ahora nuestros valores, o al menos los de nuestro Gobierno, están más cerca de los Hamás que de los de Israel.

Estados Unidos, que hasta ahora era el mayor donante, Alemania, Francia, Suiza, Gran Bretaña, Italia… los países más destacados de Occidente, los que marcan la dirección en la que se mueve el mundo democrático, han anunciado que suspenden la financiación de la UNRWA, la agencia de la ONU que se supone que atiende a los refugiados palestinos.

La propia existencia de esta organización es como mínimo objeto de debate ya que los seis millones de palestinos que viven en Líbano, Jordania, Siria, Gaza y Cisjordania no cumplen los requisitos de la propia ONU para ser considerados refugiados, básicamente porque no están desplazados por un conflicto: les guste o no esos son sus hogares desde hace décadas y lo seguirán siendo.

Pero es que además, tal y como ya se venía sabiendo desde hace tiempo, las relaciones de la UNRWA con el terrorismo palestino son intensas. Esta connivencia se ha desvelado ahora con especial crudeza al destaparse la participación directa de 12 de sus empleados en la masacre del 7 de octubre, pero es algo que viene de mucho antes y que es mucho más amplio.

Las cifras son demoledoras, tal y como explicaba un responsable de la organización UN Watch en el Congreso de Estados Unidos esta misma semana: unos 1.200 empleados de la agencia de la ONU son miembros de Hamás o la Yihad Islámica en Gaza y unos 6.000 –la mitad de sus empleados en la Franja– tienen familiares cercanos que son terroristas de estas organizaciones.

Como decíamos al principio, las más importantes democracias europeas y de otros continentes han dejado, al menos por el momento, de financiar esta organización llena de criminales, pero no busquen ustedes en la lista a España porque no lo está, tal y como cabe esperar de un Gobierno que es buen amigo de las bandas terroristas, que es alabado por Hamás y que demuestra su odio a Israel cada vez que tiene la oportunidad.

Sánchez y los suyos no han expresado la más mínima duda y, hay que decirlo, tampoco la oposición ha alzado la voz para protestar por algo que ya era cuestionable pero ahora es indefendible. Ni siquiera ha habido, qué sorpresa, un verdadero debate en los medios: parece que estamos ya tan acostumbrados a convivir con los terroristas blanqueados que la cuestión no causa siquiera un mínimo de sorpresa.

Y es un doble error: por un lado porque la realidad es que UNRWA es una de las razones por las que sigue habiendo un conflicto entre Israel y los palestinos y por las que estos se han negado en repetidas ocasiones a firmar acuerdos de paz. La educación en el odio al pueblo judío de la que forman parte las escuelas de la agencia de la ONU, las mentiras y el mantener la descabellada y criminal esperanza de que es posible acabar con Israel no han contribuido, precisamente, a pacificar la región.

Por otro, quizá menos grave pero más triste para los españoles, porque vuelve a colocar a nuestro país en una posición tercermundista y antidemocrática, siempre del lado del terror y las dictaduras –¿alguien duda de Hamás o la ANP, sin elecciones desde 2006, son una dictadura?– y nunca del lado de las democracias con las que compartimos el espacio físico, los foros internacionales y, se supone o se suponía hasta ahora, los valores.

Pero es obvio que con Sánchez ya no es así: ahora nuestros valores, o al menos los de nuestro Gobierno, están más cerca de los Hamás que de los de Israel.

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