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Cristina Losada

¿Son independentistas un tercio de los gallegos?

Si el PP mantiene la guardia baja y el perfil solo galleguista, habrá una noche electoral en la que el BNG lo desplazará como partido hegemónico.

Si el PP mantiene la guardia baja y el perfil solo galleguista, habrá una noche electoral en la que el BNG lo desplazará como partido hegemónico.
Ana Pontón, en un mitin. | Europa Press

La victoria del PP en Galicia es incontestable. La derrota de los socialistas y el fracaso de Sánchez no admiten paliativos. Pero este resultado tiene una cara B, que no puede sonar muy bien a quien tema y rechace la conflictividad nacionalista. Por primera vez en la historia electoral de la autonomía gallega, el BNG ha rebasado el treinta por ciento de los votos. La pregunta interesante es si hay un tercio de gallegos que apuestan por el soberanismo, desean una Galicia no española —que ya no sería Galicia— y repudian a los gallegos que persistan en ser y sentirse también españoles.

Hay quien resuelve la pregunta alegando que el BNG no es independentista. El otro día trataba de convencerme de esto un politólogo que es referente en Galicia de las ideas libertarias (de derechas, no de la antigua CNT). Aducía que no es lo mismo la autodeterminación que el independentismo. Como el Bloque propugna hoy lo primero, pero no lo segundo, asunto resuelto. El problema es que no conozco, ni creo que se conozca, a ningún partido que reclame la autodeterminación que no quiera también la separación, lo diga de forma abierta o se lo calle durante un tiempo. ¿Cuántos años se lo callaron Pujol y sus convergentes, en los sitios donde había que callarlo, pasando así por respetables autonomistas? Hasta pasaron por pilares de la gobernabilidad de España.

El papel lo aguanta todo y la política puede alumbrar distinciones bizantinas, pero los hechos son inapelables. Los que reclaman el derecho a decidir, por usar aquel eufemismo, o son independentistas o no quieren oponerse al independentismo, como los "comunes" catalanes. Sea como sea, a ninguno de los que lo reclaman les gusta España, sino lo contrario. La autodeterminación no se pide por pedir algo. Se pide para algo. Se pide para alentar una conflictividad que encienda la pasión separatista. Yo no creo que haya un tercio de votantes gallegos que hoy sean independentistas. Pero tampoco eran independentistas todos los votantes de CiU, y lo fueron todos cuando sus dirigentes políticos cambiaron el traje de nacionalistas moderados por la camiseta de rebeldes separatistas.

En el ecosistema político gallego, las defensas frente al soberanismo están bajas. No las estimulan lo más mínimo ni los populares ni los socialistas. Ambos, y más el partido que gobierna desde hace décadas, actúan en terrenos colindantes y compartidos con el nacionalismo, y relegan o desdeñan lo español que es propio de Galicia. Para la derecha gallega, el rival peligroso ha sido siempre el PSOE, nunca el Bloque. Hasta resultaba conveniente tenerlo ahí, como contención para el crecimiento del otro. Pero ahora el BNG ha roto su techo electoral. Ese tercio de votantes gallegos que ha conseguido está sobre todo en las zonas más urbanas, las que crecerán. Y hay que hacerlo notar: donde menos se vota al Bloque es en la Galicia interior, precisamente aquella que más se ajusta al imaginario del nacionalismo. Pero la del interior es la Galicia que decrece.

Alfonso Rueda no, pero su sucesor o sucesora podrá verlo. Si el PP mantiene la guardia baja y el perfil solo galleguista, habrá una noche electoral en la que el BNG lo desplazará como partido hegemónico. Porque los votantes del mal menor, quizá pocos pero decisivos, se habrán cansado de taparse la nariz. Ya no bastará con que se les llame a rebato con unas palabras sobre España en la recta final de la campaña.

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