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Pedro de Tena

De Largo Caballero a la tela de araña

Es el conglomerado liberal y conservador español el que tiene que comprender cuál es el adversario y su estrategia.

Es el conglomerado liberal y conservador español el que tiene que comprender cuál es el adversario y su estrategia.
Pedro Sánchez. | Europa Press

Acaba de publicar Nuria Richart en este periódico un podcast en el que Miguel Platón y Pedro Fernández Barbadillo se describen las semejanzas muy llamativas que existen entre los acontecimientos ocurridos desde febrero de 1936 hasta el desencadenamiento de la Guerra Civil. En resumen, el principal paralelismo reside en la creación del Frente Popular, entonces con el objetivo de la toma del poder al margen de la ley y mediante la violencia. Todo lo demás, el fraude electoral de 1936, la destrucción y procesamiento del poder judicial, el desprecio por las formalidades de la democracia y la extensión del terror físico o moral hacia los adversarios, entre otras cosas, fueron consecuencias.

Fue la amarga victoria de un Largo Caballero que nunca mintió sobre sus verdaderas intenciones: la toma del poder con la ayuda de los comunistas de todo tipo, muy especialmente (coincidencia estratégica), y aceptación en la aventura de la compañía de los republicanos de izquierda, separatistas catalanes y vascos de derecha e izquierda y anarcosindicalistas (coincidencias tácticas), esencialmente. Es decir, se trataba, en el imaginario marxista-leninista, de la destrucción de la clase burguesa y sus emanaciones (jueces, curas, partidos, sindicatos…) por un proletariado cuya conciencia radicaba en las élites socialcomunistas, que disponían de una ciencia histórica infusa.

La principal diferencia con lo acontecido en aquellos turbios y terribles años es que ahora se está mintiendo sobre el objetivo final, que sigue siendo el control decisivo sobre la composición y el destino de la nación española, si primero rota o roja ya se verá, y que la violencia abierta y descarnada ha dejado paso a la presión constante ejercida desde una hegemonía cultural y moral y una estrategia de ocupación sistemática de todos los poderes del Estado y de los demás poderes sociales.

No soy muy partidario de reivindicar las autorías, pero en esta ocasión diré que ese proceso de penetración sistemática de una sociedad fue ensayado de manera consciente y estructurada en Andalucía, caso que conozco mejor, y seguramente con afán parecido en otras autonomías como Castilla la Mancha y Extremadura. En las demás, hubo conatos más o menos desarrollados pero en ninguna tuvo la importancia y la trascendencia que alcanzó en Andalucía.

Si en 1936, el objetivo era liquidar la legalidad republicana y la toma del poder del Estado, tras las elecciones municipales de 1979, el PSOE andaluz dirigido al alimón, inicialmente, por Rafael Escuredo y el dúo González-Guerra, bendecido en las urnas por un poder inmenso y en unión de los comunistas, se trató de ir sustituyendo los usos, costumbres y normas democráticos por otros acordes con el objetivo último de dominar la sociedad andaluza e impedir por siempre jamás la alternancia democrática. De paso, se abrazaba la bandera andaluza de Blas Infante para dar un tinte nacionalista a la operación.

Durante muchos años, la alianza con los comunistas y andalucistas fue innecesaria o ilimitada al ámbito municipal o provincial. El PSOE andaluz obtuvo mayorías absolutas sucesivas desde 1982 a 1994 y luego algunas más por sí o apoyadas por sus socios comunistas y/o andalucistas. Pero desde el principio se tuvo claro que, con las transferencias de competencias desde el Estado, el poder económico-social andaluz iba a ser la Junta de Andalucía y las Cajas de Ahorro a cuyo control fueron de inmediato.
Todo está contado en el libro inédito pero a disposición de los lectores en Libertad Digital, La tela de araña andaluza: el poder de un régimen[i], fruto del trabajo de investigación de varios años de Antonio Barreda y yo mismo, que fui su redactor y único responsable final. En sus 811 páginas, se narran cómo fue perpetrada la dominación casi total de la sociedad andaluza que duró desde 1982 a 2018, nada menos que 36 años, los mismos que Franco, mutatis mutandis.[ii]

En ese libro se relata cómo fue el proceso de asalto a la función pública en la Junta, en los Ayuntamiento y en las Diputaciones, a las cajas de ahorro, al sistema de adjudicaciones y contrataciones, a la dirección de las empresas públicas y los organismos coordinadores de las empresas privadas, a la floración de sociedades privadas impulsadas por socialistas, a la subvención determinante de sindicatos, ONG ´s incluso de la Iglesia y asociaciones de todo tipo, al control de la inspección educativa y al control del aparato gerencial de la sanidad pública, a la apropiación exclusiva de la televisión pública regional y al control de licencias de radio y televisión para comarcas y provincias o, para dejarlo aquí, al sistemático intento de control de los organismos judiciales dependientes de la Junta, desde el Consejo Consultivo a los cargos del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

A diferencia de 1936, no se optó por la liquidación violenta de la democracia sino por su manipulación "legal" desde el gobierno al servicio del objetivo final: la dominación de la sociedad por los partidos de izquierda, el PSOE principalmente. Creo que este es el camino que sigue Pedro Sánchez, con la diferencia de que, no disponiendo de mayorías absolutas ni sucesivas ni decisivas, se tiene que apoyar en un nuevo Frente Popular con comunistas y separatistas.

Son éstos últimos los que podrían pinchar la pelota y reventar el juego porque su tribalismo necesita a España para succionar sus recursos, pero para nada más. Es el conglomerado liberal y conservador español el que tiene que comprender cuál es el adversario y su estrategia para impedir que la democracia española sea deshabilitada desde dentro y dé paso a una "dictablanda" que le aplicará una "muerte dulce".


[i] Un resumen menos sesudo, con personajes y circunstancias, se recoge en el libro publicado La tela de araña andaluza: los hilos de un régimen (2011), que se desarrolló en artículos sucesivos en Libertad Digital

[ii] Como es sabido, el centro derecha andaluz fue incapaz de vencer este entramado hasta 2018 cuando un perdedor sistemático Juan Manuel Moreno se convirtió en ganador gracias al crecimiento inesperado de Vox, esencialmente, y a Ciudadanos, impulsados por el hartazgo de dos generaciones de andaluces.

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