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Agapito Maestre

Entre Zapatero y Sánchez

Zapatero no solo blanqueo a los asesinos de ETA sino que los elevó a categoría política. Y esos son quienes deciden hoy el destino de Sánchez.

Zapatero no solo blanqueo a los asesinos de ETA sino que los elevó a categoría política. Y esos son quienes deciden hoy el destino de Sánchez.
Pedro Sánchez. | EFE

Nada hizo Rodríguez Zapatero, mientras estuvo al frente del gobierno de España, que no estuviera dirigido a destruir la nación española. Se han escrito miles de artículos, cientos de libros y, por supuesto, hay sobrada evidencia empírica que prueban mi afirmación. Yo mismo, desde que fuera elevado a la presidencia del Gobierno a causa del mayor atentado terrorista que ha habido en España, he escrito bastante sobre las barbaridades y maldades cometidas por este sujeto. Y sigo creyendo que sus gobiernos destrozaron algunas columnas centrales del Estado de derecho y, sobre todo, dejó en almoneda la unidad de la Nación. Ahora, cuando ha aparecido en la campaña electoral vasca, no me ha sorprendido nada de lo que ha dicho. Ni siquiera sus torpes alusiones a la esposa de Sánchez, Begoña Gómez, son relevantes, aunque sospecho que no habrán sido bien recibidas por el inquilino de La Moncloa. Todo en Rodríguez Zapatero es tan oscuro como los villanos que le aplauden, entre los que se cuentan periodistas de todo a cien… Sus herencias han sido y son terroríficas.

¿Cuál de esas herencias es la más perversa? Cuesta elegirla. Pero creo que la principal maldad de este sujeto fue la rehabilitación que llevó a cabo de ETA, cuando ya estaba prácticamente desaparecida y vencida. Esta terrible crueldad implicaba otra maldad aún peor: matar civilmente a la víctima del terror. Instaló a ETA en el ámbito público a costa de la democracia española. Zapatero nada más llegar al poder no sólo fue proclive a pactar con los nacionalismos a cualquier precio, sino que su política de negociación con ETA llegaría incluso a "comprar paz por territorios". De hecho eso es lo que actualmente está en juego. Esa política conciliadora con ETA, por un lado, y con el separatismo catalán por otro, estaba estimulada por un discurso ideológico marcado por el anticlericalismo, el revisionismo histórico sobre la Segunda República y la Guerra Civil, y, por encima de cualquier otra consideración, por una voluntad de ocultamiento de la víctima del terrorismo de ETA. Exactamente eso, un conglomerado ideológico para acabar con la democracia, es lo que ha explotado y llevado hasta sus últimas consecuencias su mejor discípulo: Sánchez.

Rodríguez Zapatero tuvo claro, incluso antes de su llegada al poder, que su acercamiento a ETA pasaba por la relegación de la víctima de la vida pública. Postergada al terreno privado, la víctima no pasaba de ser una mera referencia compasiva. Por eso, nada más llegar a La Moncloa, Rodríguez Zapatero intentó atraerse a las víctimas a través del "abrazo del oso", o sea, acallando sus reivindicaciones de carácter ciudadano, o peor, convirtiéndolas en simples peticiones sociales y económicas. El objetivo de Rodríguez Zapatero no era otro que suprimir a la víctima del espacio público-político. Matar otra vez, sí, a la víctima. ¡Terrible! Pero así actuó y así actúa este individuo. Para entender la ralea del personaje, sin duda alguna, hoy al servicio de una de las dictaduras más dura del mundo, la venezolana, es menester hablar de su obsesión por la muerte sobre la muerte que no otra es la crueldad que reviste la expresión "muerte civil de la víctima".

A las víctimas del terror, a los españoles asesinados por ETA, había que dejarlos sin suelo, sin lugar, donde alojarlos. Hasta ahí ha llegado la "criminalización" de la víctima. Sin profundizar en ese trato vejatorio hacia las personas asesinadas por el terrorismo es imposible comprender la política de negociación y entrega del Gobierno de Zapatero a ETA. Y sin entender ese pasado de Rodríguez Zapatero con ETA, no podemos hacernos cargo de que en estas elecciones del 21 de abril todo lo decide ETA, o sea Bildu. Zapatero no solo blanqueo a los asesinos de ETA sino que los elevó a categoría política. Y esos son, en efecto, quienes deciden hoy el destino de Sánchez.

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