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Agapito Maestre

Terrorismo activo y políticos pasivos

La anormalidad se ha hecho normal, el esperpento pasa por ser lo corriente, la fealdad se vende al precio de la belleza y el horror cotiza en el mercado del politiqueo por bondad moral.

La anormalidad se ha hecho normal, el esperpento pasa por ser lo corriente, la fealdad se vende al precio de la belleza y el horror cotiza en el mercado del politiqueo por bondad moral.
MADRID, 10/04/2024.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante la sesión de control al Ejecutivo este miércoles en el Congreso. EFE/ Mariscal | EFE

El terrorismo intelectual sigue activo en España, mientras que ciento de políticos pasan de puntillas sobre este asunto clave para defender un Estado de derecho digno de ese nombre. La viabilidad democrática de España depende de la exacta comprensión de esos dos problemas. El terrorismo intelectual contra la unidad de la Nación por un lado, y la pasividad de la casta política para defender un proyecto político de corte nacional por otro, son los principales aliados del dominante nihilismo populachero, vagamente hedonista, que lleva a España al despeñadero de Europa. Las elecciones en Vascongadas y Cataluña son una gran ocasión para descorrer el velo de la mayor ignominia del régimen político español: España es una dictadura que se vende como democracia. He ahí el acto de terrorismo intelectual más grave que soportan hoy los ciudadanos demócratas españoles. Asistimos a una acción de terrorismo intelectual propia de regímenes políticos muy degradados. Todo es falso. La mentira sobre el ser de España, o sea su unidad, ocupa todos los espacios público-políticos.

Que Abascal, el jefe de VOX, tenga que dar un mitin en un pueblo de Alava protegido por la policía, mientras un terrorista de ETA es aclamado por el populacho, refleja la bajeza de una sociedad, de unos individuos, con cabeza de piedra. Que Sánchez, el jefe del Gobierno, se desplace en un avión desde Madrid a Bilbao para hacer un mitin en favor del medio ambiente, es una afrenta a la inteligencia media del ciudadano. Que Feijóo, el jefe del PP, no quiera llamar a declarar en una comisión del Parlamento a la esposa del presidente del Gobierno, después de lo que ha publicado la prensa libre, la poca que aún escribe con libertad, para averiguar si es cierto o no lo que se dice sobre sus chanchullos económicos, muestra como mínimo un punto de descrédito de este político a la hora de querer saber la verdad. Miles de ejemplos podríamos seguir dando para ver lo obvio: la anormalidad se ha hecho normal, el esperpento pasa por ser lo corriente, la fealdad se vende al precio de la belleza y el horror cotiza en el mercado del politiqueo por bondad moral.

En fin, porque nadie cree en lo que dice ser lo suyo, no hallamos la manera de vaticinar cómo acabará esto. Cuesta decirlo, pero, se mire por donde se mire, esto es un régimen político sin cerebro montado sobre el terror de ETA y los separatistas catalanes. Todo esto carece de autenticidad. Sí, sí, el terror intelectual impuesto por el Gobierno en todos los terrenos tiene su principal referencia en los separatismos vasco y catalán. Sí, sí, la violencia criminal de quienes quieren matar definitivamente a España es el pivote sobre el que gira toda la vida política española. Demostrar esto es tan fácil como decir que el sol sale para todos. ¿O acaso todo este tinglado no depende de que se apruebe una amnistía para los separatistas, obviamente, acusados de terrorismo? Sí, sí, el terrorismo intelectual, el crimen político contra la nación española, practicado por el gobierno de España, con el apoyo de los partidos separatistas, tiene millones de personas que lo respaldan. ¡Las encuestas sobre la intención de voto dan miedo!

Y, además, hay algo peor. La mayor canallada de un sistema político absolutamente encanallado es el silencio del pueblo. El final, como en todas las grandes tragedias de la historia, está escrito: "¡El pueblo calla!" Otorga y traga con la violencia en el norte y el nihilismo en el sur. Y, salvo cobardía, nada se ve al este y al oeste.

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