Menú
EDITORIAL

Gana ETA

Si la defensa de la Constitución y la Nación como comunidad política desaparece del País Vasco y Cataluña, el cambio de régimen será inevitable.

Los resultados de las elecciones celebradas en las tres provincias vascas este domingo confirman los peores augurios que no por previsibles dejan de ser trágicos. La marca política de la banda terrorista ETA ha conseguido un enorme éxito, con cerca del 35 por ciento de los votos y empatando con el PNV como el partido con más escaños en el Parlamento vasco. Bildu es Sortu, que es la Batasuna de toda la vida. Un partido al servicio de la ETA en el que mandan, como siempre lo han hecho, los pistoleros. Que no sólo justifica, sino que enaltece el terrorismo, con homenajes continuos a los asesinos. Un partido que lejos de disimular, presume de lo que es, incluyendo a terroristas en sus listas electorales. Y, en definitiva, un partido que sigue rentablizando décadas de terror, ya que su renuncia a la "lucha armada" fue únicamente estratégica, nunca ética, y aunque la banda fue muy debilitada desde el punto de vista operativo por la acción de las fuerzas de seguridad, no fue derrotada políticamente.

El miedo y los efectos de tantos años de terror no desaparecen de un día para otro y si a unas elecciones se presentan los mismos que pegaban tiros en la nuca con el mismo proyecto político resulta evidente que siguen rentabilizando el terror. Eso sin entrar en la alteración del censo electoral (hoy tenían derecho al voto 1.700.000 ciudadanos) con 200.000 personas que huyeron del terror nacionalista. Ahora bien los votantes son adultos y el retraro moral de la sociedad vasca es espeluznante. Está bien señalar la culpabilidad de Zapatero y Pedro Sánchez en el blanqueo de los asesinos pero la responsabilidad de cada voto es por encima de todo de quien lo emite.

Un serio aviso para el PNV que salva los muebles y el Gobierno vasco por los pelos. Pero, no nos engañemos, los grandes derrotados no son los peneuvistas. El nacionalismo es cada vez más hegemónico en el Parlamento vasco y la gran subida de Bildu ha sido en buena medida por la desparición de Podemos y no por un hundimiento del PNV, que sube en votos totales, pero por el aumento de la participación pierde 4 escaños y baja 4 puntos de porcentaje de voto.

Los derrotados, decíamos, son los partidos no nacionalistas. Con estos resultados no hya consuelo posible. Ni el escaño de Vox en Álava ni que el PP suba de 6 a 7 sirven absolutamente de nada. Ni mucho menos los dos que sube el PSOE, al que a día de hoy calificar de constiitucionalista parece muy aventurado.

La realidad es que el PNV y EH Bildu suman más votos, más escaños y más poder que nunca antes y los partidos no nacionalistas que a principios de este siglo competían con el nacionalismo se han convertido en una fuerza marginal, con 8 escaños (los 7 del PP y 1 de Vox), 5 de ellos en Álava, muy sobrerrepresentada por el sistema electoral, al tener los mismos escaños con mucha menos población que las otras dos provincias. De modo que con una distribución de escaños normal, los partidos que defienden la unidad de España serian prácticamente extraparlamentarios. Esto es lo verdaderamente transcendente --no las cábalas sobre si a Sánchez le beneficia más pactar con Bildu o con el PNV— y lo que debería preocupar y ocupar a PP y Vox. Si la defensa de la Constituciòn y de la Nación como comunidad política desaparece del País Vaso y Cataluña, el cambio de régimen será inevitable.

Temas

En España

    0
    comentarios