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José García Domínguez

Crónica de una derrota anunciada (del PSOE)

Ocurre que la economía va como un cohete, pero como un cohete muy extraño, pues únicamente ayuda a mejorar la existencia de quienes no resultan ser españoles.

Ocurre que la economía va como un cohete, pero como un cohete muy extraño, pues únicamente ayuda a mejorar la existencia de quienes no resultan ser españoles.
Pedro Sánchez. | Europa Press

El PSOE va a perder las elecciones europeas, lo sabe todo el mundo; sin embargo, lo normal sería que las ganase, extremo que acaso ya no resulte tan evidente para todo el mundo. Sería lo normal, sí, entendiendo el término en su muy preciso y acotado significado estadístico, esto es, como sinónimo de lo que resultó más frecuente en todas las situaciones similares conocidas que se produjeron en el pasado. Y es que cuando no anda por medio una guerra, una pandemia, una inflación galopante o alguna otra catástrofe colectiva por el estilo, los gobiernos de turno ganan las elecciones si los grandes números de la macroeconomía son bonitos. Y resulta que, ahora mismo, las principales magnitudes de la macro española lucen bien bonitas.

El PIB crece con una velocidad de crucero óptima, considerando lo que suelen ser los siempre mediocres estándares europeos. Y el empleo también lo hace a un ritmo en verdad apreciable. Sobre el papel, pues, todo va de maravilla en el mejor de los mundos posibles. Y sin embargo… el Gobierno se daría con un canto en los dientes en junio si su derrota, esa tan anunciada, no llegase a alcanzar en las urnas niveles de distancia humillantes en relación al Partido Popular. ¿Cómo entenderlo? ¿Acaso apelando a la hipótesis de que el lúcido pueblo español ha descubierto de modo súbito lo muy ful que es su presidente? Se me antoja poco verosímil conjetura tan óptima.

La explicación a ese fenómeno contraintuitivo resulta, como siempre sucede en el mundo de la realidad, bastante más prosaica. Ocurre que la economía va como un cohete, pero como un cohete muy extraño, pues únicamente ayuda a mejorar la existencia de quienes no resultan ser españoles, ya sea creando empleos específicos para ellos, ya generando subsidios estatales para rentas bajas a los que también de modo predominante acceden ellos. Porque no hay más misterio que ese: el cohete de Sánchez sobrevuela España a toda velocidad, pero poquísimos ciudadanos españoles de pleno derecho obtienen algún beneficio tangible de sus alegres piruetas en el espacio. Enigma resuelto.

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