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Pedro de Tena

Más solo que Adán en el día de la Madre

¿Hay algo más moral que acabar con la pobreza de la mitad de los argentinos y la indigencia de uno de cada diez en que los dejó el sanchismo de allí?

¿Hay algo más moral que acabar con la pobreza de la mitad de los argentinos y la indigencia de uno de cada diez en que los dejó el sanchismo de allí?
Javier Milei, presidente de Argentina, durante su intervención en la convención política de Vox | EFE

Tengo bastantes años y nunca había oído tal expresión. Luego, oh milagro nuestro de Internet, he comprobado que esta sentencia, broma, dicho o aforismo, es algo frecuente en Hispanoamérica, singularmente en la Argentina futbolera. Y tiene gracia porque Adán, como es descrito en la Torá o en nuestro Antiguo Testamento, ni tuvo madre ni padre ni perrito que le ladre. Pero ser consciente de ello y convertir esa realidad en broma, es una genialidad popular de la Hispanidad.

La subrayó Javier Milei el otro día en Madrid: "Cuando empecé a ir a la tele estaba más solo que Adán en el Día de la Madre. Eran todos socialistas, todos colectivistas, todos políticamente correctos. Eran luchas desiguales, eran quince a uno. Gladiator era un chiste al lado de lo que me tocaba a mí". Así nos sentimos muchos españoles ante el sanchismo-comunismo-separatismos y, también, no se olvide, ante la partidocracia que nos está expulsando de nuestra propia nación.

Sí, porque Javier Milei no sólo ha combatido el kirchnerismo y sus derivadas sino asimismo el macrismo desde un movimiento extraparlamentario. Su batalla cultural, de la que su último libro no es más que un resumen. El camino del libertario, que ya estudiamos aquí, cuenta sus orígenes, sus doctrinas económicas y la rebelión de este Atlas Milei que desafió a toda una tela de araña llegando a la presidencia de Argentina.

Ante Esperanza Aguirre y Cayetana Álvarez de Toledo, sin Feijóo ni el genovismo absoluto pero con Santiago Abascal, que le abrazó cuando no era nadie, y su núcleo de Vox, Milei mostró la bien nacencia de quien es agradecido, lo cual, cuando uno está bien arriba, no es frecuente.

Como es sabido, el economista Milei tiene predilección por los conceptos de la teoría económica –él no falseó su tesis—, y sus datos nacionales. Naturalmente aprovechó la ocasión para repetir sus tesis sobre la riqueza argentina hundida en cien años, sus índices de hiperinflación, su déficit y el mercado de sus capitales, el cáncer del Banco Central y los primeros frutos de este árbol ahorcado del Cono Sur. Lo han visto con claridad los empresarios españoles que se reunieron con él, la CEOE, el Santander, Iberia, Mapfre, BBVA o Telefónica.

En este viaje oficial, donde no se ha reunido ni con el Rey (lo hubiera querido pero no puede ser) ni con Pedro Sánchez (porque Milei no ha querido después de que ese ministro peón caminero dijera aquello de las sustancias y siguen uno y otro sin pedir perdón), Milei ha hecho algo mucho más trascendente que ejercer de "líder de la internacional ultraderechista", nuevo insulto analfabeto que le ha propinado, esta vez el propio Sánchez, que no debe haber entendido que su libertarismo exige defensa de la vida, de la libertad y de la propiedad.

Lo fundamental de esta visita, cuando se disipen los desaires, los bulos y los insultos a todo un presidente argentino, va a ser su consideración sobre la moralidad del capitalismo. Cuando era joven, leí un libro que trataba de ese aspecto, libro de 1972 que conservo porque me alumbró bastante. Se llamaba El capitalismo como sistema, de Oliver Cox, un profesor de sociología, derecho y economía de Chicago.

Mi viejo profesor, Alfonso Lazo, ya nos había explicado la relación del capitalismo con el protestantismo, de la mano de Max Weber y la singularidad del rico bueno, algo fuera de lugar en el catolicismo para el que, en general y con excepciones, el rico es malo malísimo. Ya saben lo del camello y el ojo de la aguja, germen del paleocomunismo de los Hechos de los Apóstoles y esas cosas que la católica España y su Escuela de Salamanca superaron decisivamente abriendo los brazos al capitalismo creador de riqueza.

Pero en el libro de Cox se hablaba, nada menos que en dos capítulos, de la importancia que la moralidad tiene en el capitalismo como sistema. El capitalismo no sólo se cimenta en el dinero y el comercio sino en una sólida moralidad. De hecho, la honradez, la coincidencia entre lo que se dice y se hace en los negocios es fundamental para el sostenimiento de la confianza en las empresas y producir lo que la gente necesita o demanda y a buen precio no puede ser una maldad aunque se gane dinero con ello.

Milei lo ha destacado en esta visita que ha sido saludada con el libro de Agapito Maestre ¿Qué trae Javier Milei? y escoltada por el libro de Federico Jiménez Losantos, El camino hacia la dictadura de Sánchez. En mi opinión, es lo más importante de esta visita. ¿Hay algo más moral que acabar con la pobreza de la mitad de los argentinos y la indigencia de uno de cada diez en que los dejó el sanchismo de allí? ¿Hay algo más democrático que cada vez más dinero esté en manos de los ciudadanos para que decidan ellos mismos cómo emplearlo? ¿Hay algo más social que poderse ganar la vida sin tener que depender del Estado o los partidos? Pues eso.

Sí, cierto, estamos más solos que Adán en el Día de la Madre, pero ya menos desorientados.

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