
Mi prínsipe está de moda. De contar nubes ha pasado a los billetes, "¡sólo faltaría!". Empiezan a trascender las razones por las que la aerolínea Plus Ultra era tan "estratégica" como para merecer un rescate de 53 millones de euros pese a tener un avión y medio.
Ya se vio en el aeropuerto de Barajas que la valija de Delcy Rodríguez no cabe en cualquier cajuela. Necesitó a un ministro a pie de pista, un Koldo de zapadores, comisarios de taconazo fácil, medio CNI, silencios caros y el visto bueno del presidente del Gobierno para fletar un convoy de furgones negros de itinerario reservado. ¿Es Rosalía? ¡No, es Delcy, la narcodama! Tenía casita de lujo en El Viso pagada y revisada por el comité de bienvenida organizado por el Prínsipe para pasar una semana de ronda de negocios.
Aquellos días ya son historia y, después de Barajas, el ministro y el zapador han acabado en prisión y la vicenarco obedece, aunque tuerza el morro, a Marco Rubio en el desmantelamiento paulatino del régimen. Pero el caso es que, visto en perspectiva, parece claro que la banda ya había empezado la mudanza por si las moscas. Seguro que han dejado migas por el suelo.
Hoy el bigotón totalitario está pintando palitos de cinco en cinco en la pared de un penal del gringo y la vicepresidenta anda instalando parqué en el Helicoide, ese "lugar donde se confiesa lo que no has hecho", que tenía el suelo perdido de sangre. Lo que queda es descubrir el asqueroso papel de España, porque son españoles que representan a España los que andaban sujetando los andamios de la narcodictadura venezolana. Y ese papel, además de la firma de Pedro Sánchez, lleva estampados los sellos presidenciales —pagados por todos los españoles— de José Luis Rodríguez Zapatero.
La izquierda política y mediática ha hecho todo lo posible por pintar al expresidente como un mediador. Y no deja de ser cierto. Ha mediado entre la dictadura y su interés particular aprovechando las estructuras estatales de todo un país, España. Prueba flagrante y vergonzosa de ello es la aparición de sus hijas, aquellas que posaron espectralmente con los Obama. Ahora tienen una empresa igual de fantasmagórica que ha despertado el interés instrumental de unos cuantos satélites de su padre ligados al rescate de la aerolínea Plus Ultra.
Parece que el frontis perfecto, casi masónico, es el formado por las sociedades What The Fav S.L., Análisis Relevante S.L. y el propio Zapatero. La primera de ellas es una consultora de publicidad (2019) que pertenece a Laura y Alba Rodríguez Espinosa, ex moradoras de La Moncloa. La segunda es la sociedad utilizada por el empresario Julio Martínez, todavía imputado por delitos de blanqueo de capitales y fraude fiscal. Fue su interlocutor en el monte de El Pardo, en un rincón sin cobertura móvil posible, poco antes de ser detenido. Análisis Relevante S.L. supuestamente se creó para gestionar los pagos que recibió tras la inyección de 53 millones de euros a Plus Ultra a cargo del Gobierno de Pedro Sánchez.
Las investigaciones señalan que esos tres vértices se realimentan sin perder un ápice de energía en un circuito cerrado perfecto: Zapatero factura a Análisis Relevantes por consultorías —vaguedad donde las haya que hace milagros contables— y Análisis Relevantes paga, también por consultorías, a What The Fav, la de las hijas de Zapatero. Zapatero paga, Zapatero cobra. Las dos empresas se crean casi a la vez, coincidiendo con la petición de rescate de Plus Ultra. Y no hay más clientes en ese círculo sinfín que gira y gira como hacen las lavadoras.
El caso es que Plus Ultra, ese "más allá" del imperio español que ya no terminaba en Gibraltar, cumplió con su nombre transportando hacia España algo más que simples viajeros. Por ejemplo, obras de arte que, según parece son "regalos especiales" de Maduro antes de perder las plumas. No se trata de meros chanchullos: hay en curso una investigación por presunto banqueo de capitales en torno al rescate público de la aerolínea en el Juzgado de Instrucción número 15 de Madrid.
Y por debajo de todo esto, como informa Miguel Ángel Pérez, hay también una guerra policial para que el caso Plus Ultra no vaya Más Allá de lo estrictamente necesario y quede dentro del control marlaskiano del régimen.
El prínsipe vuela a Caracas. No sólo los capitales se blanquean
Julio Borges, expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y exiliado en España resumió de forma concisa en una entrevista realizada por Juan Pablo Polvorinos en esRadio el papel de Zapatero: "un gestor de los intereses de la dictadura".
La careta de mediador internacional hace tiempo que cayó y además es incompatible con su liderazgo del Grupo de Puebla, una asociación internacional hispanoamericana que bien podría haberse fundado en un patio de Bukele porque algunos de sus miembros tienen más relación con el delito que con la política (decente). Además de dirigentes como Lula da Silva, Evo Morales o Rafael Correa, comparten agenda con Zapatero los comunistas españoles Enrique Santiago, Irene Montero o el condenado Baltasar Garzón. La única mediación posible es siempre a favor de sí mismos y de los peores regímenes, como han acreditado sobradamente cualquiera de los mencionados.
El blanqueo no se aplica sólo a los capitales de origen delictivo, también sirve para lavar a organizaciones criminales, y de eso Zapatero tiene cualificación de maestro. Lo hizo con ETA, organización criminal con la que empezó a pactar cuatro años antes de llegar al poder, en 2000, al amparo de un acuerdo antiterrorista con el Gobierno de Aznar. Desde la legalidad, al delito y la ignominia. Y luego presumió —y se lo compraron las multinacionales de la prensa, algunas españolas— de haber acabado con el terrorismo, el mismo que hoy sostiene con sus votos al Gobierno de Sánchez.
Con Venezuela, y a través de Puebla, el mecanismo es el mismo: el blanqueo. Zapatero el mediador no denunció el fraude electoral que perpetró Nicolás Maduro en 2024 y que debió cambiar el destino de los venezolanos. Por supuesto, el Grupo de Puebla hizo lo propio y mantuvo un silencio adornado con excusas hirientes. De Europa no se esperaba nada. Y de España, lo peor, o sea, Zapatero.
Ahora el expresidente español viaja de urgencia a Caracas para interpretar otro papel al lado de Delcy Rodríguez, como presunto asesor para la transición que colocó Donald Trump con los Delta Force, única manera de callar al gorila rojo —término empleado para designar a un dictador comunista— y dar la voz al pueblo venezolano.
La presencia de Zapatero no augura nada bueno para los opositores, tantas veces divididos y desorganizados a golpe de represión. Lo que no pase por María Corina Machado y Marco Rubio debe ser sometido a un minucioso registro. Zapatero y Delcy no son el futuro de Venezuela sino el origen de sus males, razón por la que su asociación debe ser considerada siempre digna de la más seria sospecha.
El blanqueo, ya sea político o de capitales, no puede escaparse en un avión como hacen los villanos en las películas que terminan prometiendo segunda entrega. Ni viajar burlando a la Ley como las mulas de la droga, con el inmenso peligro que eso supone para el porteador.
