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EDITORIAL

Destapar el 23F para tapar lo de hoy

Nunca una revelación de secretos ha sido tan descaradamente utilizada para que no se informe de aquello que el Ejecutivo quiere mantener en secreto

Lo primero que cabe preguntarse ante la publicitada desclasificación de los 153 documentos relacionados con el 23F es si con ellos se han terminado de hacer públicos todos los documentos relacionados con el golpe militar perpetrado en 1981. Y nos lo preguntamos, no tanto por el hecho de que el ex presidente del Gobierno, Felipe González haya afirmado que le gustaría que se conociera "todo" lo relacionado "con el proceso del 23F", sino porque lo que ha desvelado este miércoles el gobierno como si de un acto decisivo en favor de nuestra democracia se tratara, o bien ya se conocía o bien no dejan de ser meras anécdotas o puntualizaciones a pie de página que, si bien podrán tener gran interés para los historiadores especializados en este lamentable capítulo de nuestra historia, no cambian ni un ápice el relato general y público que los españoles tenemos de aquellos acontecimientos.

Cabría, pues, preguntarse qué necesidad había de mantener en secreto tanto tiempo unos documentos que en modo alguno, ni hoy ni entonces, constituían una amenaza a la seguridad de nuestro país y de su sistema constitucional y democrático. Lo que sucede, sin embargo, es que esta publicitada revelación de secretos del 23F en realidad a lo que viene es a tapar muchos de los escándalos que sacuden al gobierno y muchos de los asuntos que el gobierno de Pedro Sánchez mantiene como secretos.

Y es que "puestos a desclasificar", como señalaba Feijóo este miércoles en el Congreso, sería exigible que Sánchez desvelara cosas tales como "quien ordenó llevarse sin permiso judicial los materiales de las vías de Adamuz" o "las causas del apagón" y que "desclasificara los contratos que han acabado en mordidas, los papeles del Deslcygate o quien le financió -a Sánchez- las primarias". Eso, por no hablar de la no menos exigible "desclasificación" de los acuerdos del gobierno con los proetarras de Bildu por el que se están excarcelando etarras así como el historial medico del presidente del gobierno, tal y como también ha reclamado en el Congreso Cayetana Álvarez de Toledo.

Respecto a esto último cabe destacar los insultos con los que el ministro Óscar Puente ha premiado a nuestro periódico por desvelar en primicia el mal estado de salud de Sánchez asi como a otros dos medios por hacerse eco de la noticia. Estas descalificaciones, que han provocado el rechazo de la Asociación de la Prensa de Madrid, no dejan de ser un reconocimiento de que el estado de salud de un presidente de gobierno, lejos de ser una cuestión que afecta exclusivamente a su intimidad, constituye un asunto político de transcendental importancia.

La cuestión es que la desclasificación de los papeles del 23F está siendo utilizada para tapar todo esto. Y es que, al margen de la necesidad de una nueva ley de secretos oficiales que acabe con la arbitrariedad del presidente del gobierno a la hora de revelarlos, nunca una revelación de secretos ha sido tan descaradamente utilizada como una maniobra de distracción para que no se hable o se informe de aquello que el Ejecutivo quiere mantener en secreto.

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