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Juramento a la carta

Quien promete imponiendo condiciones, en verdad está invalidando ese acto político-jurídico. He ahí un valioso argumento, que les regalo al resto de parlamentarios de esta X Legislatura, para ilegalizar a esta gente.

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El Derecho puede utilizarse para justificar los fines más disparatados del mundo; incluso la "racionalidad" de las propias leyes podría, como saben los mejores filósofos del Derecho, intentar "fundamentarse" en la irracionalidad más brutal, hasta el punto de que hay una antigua doctrina que mantiene que la violencia es la base de la norma jurídica. Larga es, pues, la tradición que considera que el derecho es siempre el del más fuerte o no es derecho. Con este telón de fondo irracionalista del mundo de las leyes, como comprenderán ustedes, no me extraña que el Derecho pueda servir para una cosa y para la contraria. Así de terrible puede llegar a ser el mundo del derecho...

El "derecho del más fuerte" está hoy más vigente que nunca en el Parlamento español. Ejemplo extremo de cómo esa "fuerza bruta" campa por España sin límite alguno es la fórmula que utilizan los separatistas vascos y catalanes para tomar posesión del acta de diputado de una Asamblea a la que desprecian, o sea, no sólo no creen en su viabilidad, sino que entran allí, según sus propias declaraciones, para dinamitar la institución desde su interior. La fórmula que utiliza esta gente es, en efecto, brutal: "Prometo la Constitución por imperativo legal". Brutal, sí, porque una promesa con condiciones está fuera de cualquier lógica del uso del lenguaje.

No puede haber una fórmula de juramento o promesa a la carta. Quien mueve una palabra de la regla universal del juramento o de la promesa está introduciendo una arbitrariedad. Una aberración legal y moral. Una aberración que, en la nueva legislatura, ha dado un paso más hacia el abismo; me refiero a la frase utilizada por un diputado de ERC: "Lo prometo por imperativo legal, y para lograr mañana la propia Constitución de Cataluña". La brutalidad de esta fórmula recuerda la utilizada por el golpista Hugo Chávez, en Venezuela, cuando tomó posesión de la presidencia de su país con estas palabras: "Sobre esta moribunda Constitución juro mi cargo".

Quien promete imponiendo condiciones, en verdad está invalidando ese acto político-jurídico. He ahí un valioso argumento, que les regalo al resto de parlamentarios de esta X Legislatura, para ilegalizar a esta gente: o los de Amaiur y ERC prometen como el resto de los diputados, ateniéndose a la universal norma, o se les expulsa de la institución. No hacerlo o, al menos, no intentarlo es colaborar con todos aquellos que han convertido el Parlamento en una institución para practicar el "golpe de Estado" permanente. Salvaje, en fin, es la fórmula que utilizan los separatistas para dinamitar la democracia, pero es, en mi opinión, aún más obtusa, terca y brutal la conducta ovejuna de esos parlamentarios que no sólo no se inquietan por esta amenaza golpista, sino que tampoco tratan de llevar a cabo alguna acción para parar este dislate político y democrático.

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