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La política de comunicación

Espero que el respeto al ciudadano, frente a la demagogia eficaz del socialismo, sea el eje clave de la política de comunicación. La cosa, sin embargo, es difícil, porque no será suficiente decir que todo lo que se hace es por el bien del pueblo.

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Cuando llega el PP al poder, es ya un tópico hablar del déficit de comunicación de su Gobierno. Pero si nos fijamos en los comportamientos de algunas Autonomías del PP, en los últimos tiempos se han corregido muchos errores; por ejemplo, en la Comunidad de Castilla-La Mancha no se toma una medida que no se explique a los ciudadanos de múltiples maneras. He ahí un ejemplo de que las cosas también pueden funcionar de modo similar en el Gobierno de España. En cualquier caso, creo que gran parte del prestigio y viabilidad de este Gobierno de Rajoy dependerá de la política de comunicación. Es necesario y urgente que la nueva política de comunicación se diferencie claramente de la antigua socialista, de lo contrario, el déficit de comunicación de nuestra democracia puede convertirse fácilmente en anacrónico.

El Gobierno tendrá que explicar con acierto y sencillez todas las medidas que se tomen. Espero que el respeto al ciudadano, frente a la demagogia eficaz del socialismo, sea el eje clave de la política de comunicación. La cosa, sin embargo, es difícil, porque no será suficiente decir que todo lo que se hace es por el bien del pueblo. Eso sería una forma de "despotismo ilustrado" sin sentido en esta época. Tampoco basta con que se nos diga que las medidas se toman, sencillamente, porque estamos al borde del precipicio. Y de poco servirá, especialmente a los que más sufren la crisis, que se apele a los criterios de racionalidad de unos tecnócratas que les exigen a los políticos tomar medidas de ajuste duro.

Será necesario salir permanentemente a la palestra para dar explicaciones sobre lo que nos sucede. Si el PP consigue comunicar a los ciudadanos que es necesario el sacrificio para salir adelante, habrá ganado buena parte de la batalla contra la crisis económica y social. Eso requerirá, cosa no tan fácil como algunos pudieran suponer, superar la política de comunicación del anterior Gobierno, basada única y exclusivamente en la demagogia sobre ricos y pobres y, obviamente, en echar balones fuera sin atreverse a enumerar los errores que hemos cometido como país. Una vez reconocida la especificidad y la responsabilidad que tenemos todos los españoles por esta situación, varios son los pasos que tendría que dar el Gobierno de Rajoy en su política de comunicación para diferenciarse de la socialista.

En primer lugar, el Gobierno no debería caer jamás en la tentación de creer que todo es cuestión tecnocrática y de trabajo callado. Hay que abandonar definitivamente ciertos silencios, titubeos y dudas sobre cómo actuar en la comunicación, que a veces convierten a los líderes políticos en seres casi oraculares. Será decisivo, sí, el descenso a la arena política y social para explicar con todo tipo de pedagogía las medidas adoptadas. Es más que conveniente que los gobernantes expliquen, en segundo lugar, que el sacrificio que se nos pide tiene sentido y sirve para algo. Y, en tercer lugar, habrá que repetir y mostrar con todo lujo de detalle que esas medidas tendrán una eficacia y, por supuesto, los efectos podrán notarse en el margen de una vida humana.

Entre los silencios del antiguo PP y la demagogia socialista, entre esconderse en lo mal que está la situación económica y sacar pecho populista, es necesario crear con tesón y humildad una seria política de comunicación. Si los gobernantes son incapaces de dar explicaciones sobre lo que nos está sucediendo, la situación social y económica será aún más grave, porque se convertirá en una crisis moral. Por eso, precisamente, insisto en que entramos en una etapa fundamentalmente política, es decir, de explicación y comunicación. O la política es comunicación o no es nada.

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