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Agapito Maestre

Un discurso realista para Europa

Macron es el primer dirigente político de una gran nación que reconoce sin ambages la decadencia de Europa.

Agapito Maestre
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El discurso de Emmanuel Macron a su cuerpo diplomático señala un parteaguas en la política internacional de la UE. Nadie confunda la parte melancólica que contiene esa plática con el realismo que lo determina. Es un diagnóstico real para buscar soluciones plausibles. Es el primer dirigente político de una gran nación que reconoce sin ambages la decadencia de Europa. Pronto tendremos que hablar de ruina o algo peor… Europa podría quedar reducida a un gran parque temático para que discutan sus diferencias los multiculturalistas rígidos respecto de los multiculturalistas de boutique, que el gran periodista Tom Wolfe clasificó como multiculturalismo "chic radical", mientras que EEUU y China siguen diseñando la política mundial desde el afianzamiento de sus propios Estados-nación.

El discurso de Macron pasará a la historia por ser el de un jefe de Estado de Europa que da la razón a la principal queja, sin duda alguna, fundamentada en sólidos argumentos y narrada con precisión por algunos grandes filósofos, ensayistas y novelistas europeos de las últimas décadas: Europa carece de perspectivas. No tiene salida. Muchos son los autores que podríamos citar para suscribir esta conclusión, pero valga el juicio de alguien que, siendo durante más de cuarenta años el sostén intelectual de la socialdemocracia europea, hoy reconoce su absoluto fracaso: "La decadencia de los partidos socialdemócratas se debe a su indefinición. Nadie sabe para qué son necesarios". En efecto, entre otros, fue Jürgen Habermas quien reconoció hace más de un año lo que ahora ha venido a suscribir Macron:

Me han pedido que hable de Nuevas Perspectivas sobre Europa, pero no consigo pensar en ninguna, y la descomposición de estilo trumpiano que está afectando incluso al corazón de Europa me obliga a poner en tela de juicio las que tenía.

Sí, veinticuatro horas después de la cumbre del G-7 en Biarritz, que ha tenido más importancia de la que están dispuestos a reconocer miles de periodistas, Macron ha elevado a categoría lo que era una atmósfera espiritual compartida por millones de europeos: ha desaparecido por completo el contexto mundial en el que, hasta ahora, los países europeos se sentían casi incuestionablemente a gusto. El balance hecho por Emmanuel Macron no puede ser más certero para Francia y para el resto de la UE:

Estamos asistiendo al fin de la hegemonía occidental en el mundo. Sabemos que las civilizaciones desaparecen. Europa desaparecerá. El mundo se estructura hoy en torno a dos grandes polos, EEUU y China.

En resolución, o estamos con EEUU y, por supuesto, empezamos a resaltar y estudiar con detenimiento el estilo Trump, o nos damos por vencidos y acorralados por el esclavismo chino. Por cierto, el estilo Trump, dicho sea de paso, no se agota en los venablos y descalificaciones que le lanza una izquierda obtusa que le dio por fracasado antes de empezar su mandato, y menos aún tiene que ver, en mi opinión, con lo que mi viejo maestro llama "descomposición por el estilo tumpiano"… Pero esto lo dejamos para otro día.

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