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MUJERES QUE CUENTAN CRÍMENES: ANNE HOLT

La grata sorpresa noruega

Anne Holt es un personaje interesantísimo antes que una persona que escribe novelas policíacas. Pero no es fácil rastrear su biografía y su producción literaria ni siquiera en Internet, donde dicen que se encuentra todo. Alguna referencia en alemán y, sobre todo, muchas páginas en noruego es todo lo que hallamos en la red, respetable pero angosto cauce lingüístico que no facilita demasiado la investigación. Tampoco que el buscador se extravíe en inglés con otra escritora también llamada Anne Holt, norteamericana, que desde hace muchos años triunfa con sus novelas del Oeste y cuyos centenares, miles de páginas y referencias nos abocan a la más absoluta confusión.

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En la página de Amazon dedicada a la literatura policíaca y de misterio ni siquiera aparece la noruega Anne Holt y barrunto que es por la confusión con su tocaya norteamericana. Llamarse Anne Holt debe de ser como llamarse en España Carmen López: bonito pero demasiado abundante.
 
Sin embargo, “Castigo” (“Det Sot er Mitt”), primera novela negra de la Holt noruega traducida al español (por Cristina Gómez Baggethum, supongo que directamente del noruego, para Ediciones B) merece toda la atención de los aficionados al género. Es muy común que una periodista, aunque sea de televisión, escriba novelas de crímenes; tampoco es extraño que lo haga una abogada con bufete propio; ahora bien, que la escritora, además de abogada y periodista, haya sido ministra de Justicia de su país, como Anne Holt de 1996 a 1997, es rarísimo. Y ojo: no estamos ante un pasatiempo de fin de semana ni ante una novelería dominguera y “pompier” sino ante una escritora de fuste, que domina perfectamente su oficio y que conoce a fondo las claves del género.
 
En rigor, esta primera entrega de la serie protagonizada por la investigadora psicológica Inger Johanne Vik y el comisario Ingvar Stubo, es la segunda saga policial de Holt. La primera, que cuenta ya con siete títulos, está protagonizada por la detective Hanne Wilhemsen, y no está traducida al español, espero que por poco tiempo. Inger Johanne no ha enterrado a Hanne, porque “Castigo” se publicó en 2001 y dos años después apareció la séptima entrega de la heroína primogénita. Aunque aún no ha cumplido los cincuenta (nació en 1958) Holt tiene más obras. Entre ellas, cabe destacar otra novela no policial titulada “Mea Culpa”, que, hasta donde alcanza mi noruego, parece de temática lesbiana y no sé si será autobiográfica. Gran personaje, ya digo. Y excelente novelista.
 
Inger Johanne es una psicóloga criminal que estudió en Estados Unidos, en el FBI, donde por poco no tropezó con la sobrina lesbiana de Kay Scarpetta. En cambio, cayó enamorada (por enamorada cayó muy hondo) de un tal Warren, que la entrenó en la confección de perfiles de criminales en serie. Y este maestro amador es el que se la ha recomendado al policía Ingvar Stubo, viudo por más señas, para ayudarle a encontrar a un sujeto que se dedica a raptar niños de corta edad que luego aparecen muertos por causas aparentemente naturales. Pero cuando Stubo la llama, Inger Johanne está inmersa en la investigación de un más que presunto y gravísimo error judicial que llevó a la cárcel a un inocente, precisamente por el asesinato de una niña, muchos años atrás. Sacado misteriosamente de la cárcel, la pista del falso asesino se pierde en los Estados Unidos. Concretamente en Cape Cod, que por cierto es donde se ha perdido también la autora de la novela, Anne Holt y que no es el peor sitio de la Costa Este para perderse.
 
A partir de ahí se desarrollan dos tramas paralelas, la de la psicóloga buscando al falso asesino y la del policía buscando al asesino cierto. En un caso, sobran las pistas, facilitadas por una noble anciana. En otro, no hay forma de encontrarlas porque falta el molde, el perfil del criminal, donde encajarlas. Es interesante el cruce de técnicas, la del aficionado que corresponde a Inger Johanne y la del profesional que, lógicamente, emplea Stubo infructuosamente. También es muy interesante la tensión erótica que de manera subrepticia se va imponiendo a lo largo del relato, entre dos personas con las heridas del tiempo y la vida a acuestas, que tienen miedo de volver a enamorarse, esto es, enajenarse, y ser de nuevo chasqueados por el destino. Pero la vida reclama su fuero antojadizo y los vivos acaban tropezando consigo mismos y poniendo cerco a su circunstancia solitaria. Nada nuevo, pero siempre bueno si está bien contado. Lo está.
 
Todo en Holt es sutil, todo es razonablemente delicado, casi nada es demasiado melindroso, nada empalaga nunca. La novela adquiere al final un ritmo genuinamente americano y tras la lógica sorpresa que el género impone a sus profesionales, quizá aquí demasiado volatinera, quedamos a la espera de nuevas aventuras de esta nueva pareja, tan desigual, tan interesante, tan atractiva. Ah, y si de paso se tradujera al español con la misma pulcritud que ésta la primera serie policíaca de Anne Holt, miel sobre hojuelas.
 

 
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