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El presidente ausente

En todo momento los contribuyentes tienen derecho a saber dónde se encuentra y qué hace el presidente del Gobierno.

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Pedro Sánchez | EFE

La voz ausente proviene del latín absens, que para un hispano resulta impronunciable; de ahí la transformación. En el Diccionario de Seco acoge dos significados: 1) persona que no está en el lugar en que sería obligado o esperable que estuviese; 2) persona ajena o desconectada respecto de la realidad que le rodea. Pues bien, el presidente Sánchez puede verse como ausente en los dos sentidos.

El cargo de presidente del Gobierno es el más ambicionado de la nación. Los contribuyentes no solo le abonamos un generoso sueldo, sino que, situado el presidente en el palacete de la Moncloa, todos sus gastos están pagados. A su servicio ponemos varios coches de alta gama, más un helicóptero y un avión, amén de la nutrida plantilla de servidores para todos esos vehículos. Toleramos bastante bien el hecho de que disponga de ellos para su disfrute particular; por ejemplo, para asistir a la boda de un pariente o al concierto de unos amigos. Cuando se jubile del cargo, está previsto por las leyes que el expresidente goce de por vida de una sustanciosa pensión, más las facilidades de secretaria, despacho y coche. Aunque no se encuentre en la ley, se reconoce la costumbre de que el expresidente sea contratado por una gran corporación como consejero o enviado especial a algún país para defender los intereses de dicha empresa. Véase, por ejemplo, el caso del expresidente Zapatero con Telefónica.

La contrapartida de tales privilegios es que la agenda del presidente del Gobierno sea pública. Es decir, en todo momento los contribuyentes (ahora dicen "ciudadanos") tienen derecho a saber dónde se encuentra y qué hace el presidente del Gobierno. Es algo que proporciona seguridad al pueblo (ahora dicen "la gente"). Al menos es una sana costumbre democrática.

Hace algo más de una semana ocurrió algo insólito, solo que no se ha comentado y no sé por qué. El presidente Sánchez había acudido en viaje oficial a Canadá y a la ONU en Nueva York. Concluida su tarea (tampoco es que fuera agobiante), el doctor Sánchez estuvo ausente durante varios días. ¿A dónde fue? ¿Quién pagó ese viaje y los otros gastos? ¿Se quedó de compras en Nueva York? ¿Por qué no se asomó a la ventana electrónica? No hay respuestas. Lo más conspicuo es que esa misteriosa ausencia se produjo al tiempo de una revuelta política en Cataluña. Así pues, a los contribuyentes se nos hurtaron la imagen y las palabras de nuestro presidente sobre tal asonada. Nos tuvimos que conformar con las declaraciones leídas de ciertas viragos o vestales que hacen de portavoces del presidente Sánchez. Ahora se comprende lo de "vamos a hacer un Gobierno feminista".

Es comprensible la humanísima tentación que debió de asaltar al presidente de tomarse unos días de vacaciones con su señora. Pero lo que clama al cielo es que el jefe del Gobierno aparezca como ausente en el segundo sentido dicho arriba. En la ONU pudo declamar urbi et orbi que su Gobierno sigue una política austera. También es cierto que nadie parece seguir con atención lo que los mandamases del mundo peroran delante del mármol verde de la ONU. Aquí en casa sostiene que se halla sumido en un continuo "diálogo" con los secesionistas de Cataluña. Todo ello resulta mendaz. Lo más caritativo es suponer que ni él mismo se cree las fake news; digámoslo en plural, puesto que news en inglés es singular. Antes se decía "propaganda".

En definitiva, nunca hemos tenido un presidente del Gobierno tan bien plantado, pero tan sinsorgo de puro ausente como se revela.

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