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Amando de Miguel

La peste del virus chino

Toda la vida de Dios a la enfermedad contagiosa que se cobra muchas víctimas mortales se le ha llamado 'peste'. Lo de 'pandemia' es un cultismo.

Amando de Miguel
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"Naturaleza, dame el nombre exacto de las cosas", como escribía Juan Ramón. Toda la vida de Dios a la enfermedad contagiosa que se cobra muchas víctimas mortales se le ha llamado peste. Lo de pandemia es un cultismo. Yo mismo lo empleé aquí hace tres meses para sospechar lo que se nos venía encima con lo del virus chino. Algunos lectores amigos me reprochan que hable del "virus chino", como si fuera mi expresión un ataque xenófobo. Nada de eso. La prueba es que reconozco que entramos definitivamente en el mundo en la era de la última potencia imperial, que es China.

No se trata de un virus cualquiera. Va camino de provocar una de las mayores catástrofes de la Historia a través de la desarticulación de la economía, que hoy se basa en una intensa relación interpersonal e internacional. Hay varios coronavirus. Aunque mejor sería decir en buen castellano "virus corona". Lo de que este sea el "19" no dice nada; será más bien el "20". Se presenta como un eufemismo cientificista. La realidad nos dice que es un virus chino porque se expandió a partir de China. Por cierto, el Gobierno de esa dictadura se ha negado a decirnos nada de su origen. Cuando no hay información, todo es especulación.

Este virus corona necesita una etiqueta identificable. Se ha hecho así con otras enfermedades terribles, a las que por eso se les pone un marbete. Por ejemplo, la enfermedad de Hansen (la lepra), la legionella (el virus que empezó en una reunión de legionarios americanos), la fiebre de Malta, la gripe asiática de 1957 (que en España provocó diez mil muertes, entre ellas la de mi novia). La gripe de 1918 pasó a la Historia como la gripe española, por la razón de que España no entró en la guerra y, por tanto, no se ejerció la censura sobre los efectos de la epidemia. Además, de ella enfermó Alfonso XIII y la noticia se hizo mundial.

Aparte del origen, el resultado es que la peste del virus chino ha sido un beneficio para China, al desarticular la economía de mercado de todo el mundo. Además, se sospecha que la OMS (Organización Mundial de la Sanidad, como habría que traducirla realmente) es una entidad controlada por el Gobierno chino.

En España, el Gobierno ha asumido el mando único en la lucha contra la peste china. Se hace responsable a través de la consulta con un grupo de expertos o científicos. Lo escandaloso del caso es que los nombres de tal comité permanecen secretos. Solo conocemos el de su portavoz, el difuso, confuso y profuso doctor Simón, cuyas contribuciones científicas a la epidemiología son escasamente citadas en el mundo. Esperemos que las investigaciones científicas del resto de los miembros del misterioso comité sean más relevantes. El oscurantismo en esta materia es un caso típico de autoritarismo.

Comprendo que mi talante crítico al autoritarismo del Gobierno no lo comparta una buena parte de los españoles, encantados con todo lo que provenga de Venezuela, Cuba y ahora China. Es lo que se llama ‘progresismo’, con un notable abuso de la voz progreso. Más bien es una especie de comunismo latinoamericano. Es el que manda ahora en España.

De momento, es un escándalo la decisión del mando único (ya suena mal) de manipular y ocultar las estadísticas reales de las víctimas de la peste china. Es algo que suele ocurrir en las guerras. Quizá por eso el Gobierno pretende imponer la metáfora bélica (la "lucha contra el coronavirus", "este es nuestro enemigo", etc.).

La política consiste muchas veces en saber anticipar lo que pueda ocurrir en el inmediato futuro para disponer los medios adecuados. Ahora es razonable pensar que pueda haber una segunda ola del virus chino hacia el otoño. Ha sucedido en otras epidemias víricas. La cuestión es así de grave: supuesto un rebrote del dichoso virus en el otoño, ¿podrá este Gobierno socialista-comunista hacerse cargo del problema y resolverlo? Es evidente que no, dada su ineficiencia y mendacidad, y de los supuestos expertos o científicos en los que se apoya. Naturalmente, caben otras opiniones. Ya digo que destaca la gran capacidad de sumisión, conformidad y servilismo de las muchas personas que votan a este Gobierno. No son precisamente obreros. Son solo los que se tragan la propaganda oficial y oficiosa.

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