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Los nuevos fascistas

Después de 40 años de franquismo y otros 40 de democracia, vemos que accede al poder local y regional en España una nueva hueste totalitaria.

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Hace un siglo los teóricos del fascismo italiano elaboraron la teoría sobre la "circulación de las elites". Iba a ser una de las novedades ideológicas del siglo XX. No sólo se sucedían en el Gobierno unas u otras personalidades de distintas ideologías. Era algo más radical: ascendía un nuevo tipo de personal político. Se caracterizaba por un nuevo estilo vital en la forma de hablar, de vestir, de gesticular. Por ese lado mostraba su simpatía por las vanguardias artísticas del momento. Ciertamente, ese fue el rasgo de los partidos totalitarios entre la I y la II Guerra Mundial, fundamentalmente los fascistas italianos y los nazis alemanes. Con algunas variantes, se podría añadir el franquismo en su minoritaria vertiente falangista de los primeros tiempos.

Después de 40 años de franquismo y otros 40 de democracia (ya es casualidad), vemos que accede al poder local y regional en España una nueva hueste totalitaria. Se parece a su antecesora en el lenguaje insolente, el atuendo descamisado, el voluntarismo ("sí se puede"), el dominio de la propaganda. Logra encandilar a la clase media, empobrecida por la crisis económica. Abomina de la democracia representativa, aunque la utilice pragmáticamente para escalar hacia la cúspide del poder. Se acomoda a una democracia directa que recuerda mucho el asambleísmo de la Fácul. Se hermana con movimientos afines en Venezuela o Grecia. Escandaliza a los buenos burgueses con su postureo sedicentemente revolucionario, aunque más estético que otra cosa. Prefieren pasar por una espcie de nuevo leninismo, aunque les falte talla intelectual para ello.

Los nuevos líderes ocultan su ignorancia con un somero currículum de fácil consecución. Han venido al mundo con un micrófono bajo el brazo. Más que un partido convencional, forman una partida anarquizante de plataformas, círculos y movilizaciones. Su verdadera ideología es el resentimiento y el odio. En esto parecen bastante antiguos. Recuperan el desprecio por la religión, sea la cristiana o la judía, pues con la musulmana no se atreven. Se sienten muy a gusto del bracete con los nacionalistas, ahora girados a babor.

Lo más contradictorio es que estos fascistas hodiernos tildan de "fascistas" a todos los demás, los de la "casta", la vieja política. Suele ser un mecanismo de proyección psicológica, típico de las personalidades inmaduras. Lo único que les interesa de verdad es mandar con propuestas entre utópicas y estrafalarias. Al igual que sus antepasados ideológicos, van a conseguir el apoyo económico de algunas grandes empresas. Su éxito se basa en la actitud de desprecio de las fuerzas políticas tradicionales, que consideran imposible que tipos así puedan conseguir una mayoría de votos. Pero de momento acaparan la atención de los medios, aunque aparezcan en ellos de forma ridícula.

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