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Antonio Escohotado

Renacimiento

Rodrygo, nadie ha conseguido tanto en tan poco, y mirarlo de cerca pasma todavía más.

Antonio Escohotado
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Rodrygo, nadie ha conseguido tanto en tan poco, y mirarlo de cerca pasma todavía más.
Rodrygo marca uno de los goles ante el Galatasaray. | EFE

Vaya marrón para el lado verdirrojo, que a los 13 minutos encajaba ya tres, y vaya revancha para el lado blanco, tras marrar casi treinta ocasiones en Estambul. Cuando enfilaban hacia el descanso pensé que estaban dadas todas condiciones para sacar a Vinicius, y precisamente por Rodrygo, que había embelesado al espectador con movilidad, juego sencillo y elegancia.

Por fortuna, no darle chance al dubitativo agigantó todavía más a su juvenil colega, que se marcó un hat trick en la Champions a los 18 años. Nadie ha conseguido tanto en tan poco, y mirarlo de cerca pasma todavía más, porque su recital empieza recortando hacia dentro y metiendo la zurda con una sabiduría made in Puskas, que llegó al Real treintañero. El segundo gol demostró que sabe hacerse huecos, y marcar los tiempos del cabezazo como un experto, permitiéndose por eso mismo dirigir la pelota hacia donde no está el portero, algo de aspecto elemental en la alta competición pero contradicho por innumerables lanzamientos al muñeco. Hasta Cristiano se lo consentía de joven, cuando rematar suele parecer lo esencial, aunque no lo sea para el prudente Rodrygo.

Viene entonces la ocasión de asistir a Benzema, explotando una pérdida provocada por él mismo, donde su cambio de ritmo convierte al defensa en estatua y permite un centro raso, tenso y al pie, todo ello con tres controles justos. Cuando se acerca el final del partido, tras dejar algunos detalles más de economía exquisita, arranca por la izquierda, tira una pared con Benzema y remata otra vez donde no puede llegar el portero, ahora con la derecha. Prueba de paso que su única debilidad a priori –la masa muscular de un mozalbete- puede también superarse, combinando astucia y velocidad para responder a una carga con otra. De modo que lo tiene todo, cabeza y ambas piernas, pero sobre todo inteligencia y sentido de la responsabilidad. No se ahogará en la autoimportancia, y a estas alturas de la temporada su letal serenidad actúa como agua de mayo.

Cinco al Lega, seis al Galatasaray, gracias también a un Hazard que se revela imparable en el uno contra uno, imaginativo y pendiente solo del último rodaje para formar un trío de ataque no previsto en agosto, reforzado sustancialmente por Valverde. El uruguayo tiene algo de ángel guardián, que apoyado en la ametralladora de Kroos y la trilladora de Casemiro siembra el campo de minas y recursos, laminando a dos equipos que en enfrentamientos previos plantaron cara. Lástima que jugar la vuelta con el PSG no ocurra el próximo miércoles, porque ahora hay creatividad y tesón, raza futbolística, y cuando el Real se mete en esos berenjenales suele ganar, como otrora en París, Múnich y Turín.

El renacimiento, por cierto, le debe también mucho a la admirable sobriedad de Courtois, que sencillamente lo para todo, y se quita la espina de no haber sido en todo instante el mejor guardameta del orbe.

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