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Cs, un triunfo simbólico ante una amenaza real

Estos procesos solo acaban cuando el daño es irreparable. Y de momento viven de ello.

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Esmeralda Ruiz

Cs ha ganado las elecciones catalanas. El resto es derrota. El bloque separatista volverá a formar Gobierno con mayoría absoluta. Y esta vez con la soberbia de quien le ha perdido el respeto al Estado, a la ley, y al hundimiento económico de Cataluña.

Quienes confundieron los resultados de las elecciones catalanas con un pulso plebiscitario al separatismo se sienten abatidos. Es la consecuencia de quienes desconocen por completo la naturaleza del problema y cómo resolverlo. Si es que tal cosa es posible a estas alturas.

Algunos llevamos tantos años señalando el origen del mal, y cómo atajarlo, que desespera tanta sordera. ¿O llegaron a creer que, descabezando al grupo duro del separatismo, desaparecerían por encanto 40 años de adoctrinamiento en el odio a España? ¿Realmente llegaron a creer que aplicando un 155 light para convocar unas elecciones inmediatas sin antes limpiar la escuela de mercenarios del separatismo, sin antes despiojar TV3 de predicadores de la nación robada y oprimida, podría haber un escenario electoral neutral? ¿Acaso llegaron a creer que podrían ser vencidos sin antes convertir a los Mozos de Escuadra en una policía judicial, sin antes acabar con todas las subvenciones a medios y organizaciones activistas del independentismo, sin hacer una auditoría económica general del régimen del 3%, y sin combatir con medios intelectuales, científicos, económicos e históricos todas sus mentiras? ¿De verdad se llegaron a creer que podían acabar con su hegemonía moral, de la noche a la mañana, sin exponerse?

La ciudadanía nacionalista ha renunciado a juzgar a sus gobernantes. No le importa si han robado, si han hundido la economía, si han incumplido las leyes o han prostituido el lenguaje de la democracia. Como no le importa a un hooligan que su equipo gane en el último minuto de penalti injusto. Está en comunión con ellos, es tan corrupta como ellos, los resultados lo demuestran. Estaba advertida, sabía los límites de la ley, pero aun así votaron en manada con los procesados. 2.059.065, o sea, la misma cifra de siempre. Su capacidad de raciocinio y crítica con los propios no es mayor que la de un hooligan del Barça cuando su equipo se enfrenta al Madrid. Muerta la individualidad, inflamada la fe en la tribu, la sociedad nacionalista ha cambiado el concepto político de nación como conjunto de ciudadanos soberanos, por un rebaño sentimental acogido a sagrado y a salvo de sus fechorías en el Club Independentista de Cataluña.

El escenario que produjo espanto a las 3.000 empresas que han cambiado su sede social ha empeorado y acelerará la estampida. No solo de empresas. Hay miles de personas que temen lo peor, y se irán en un goteo interminable. Y eso no es lo peor. Lo peor será la actitud de los nacionalistas. Su lectura podrá parecer puro desvarío, pero no les espantará tal escenario, muy al contrario, verán una oportunidad para deshacerse de miles de votos que les impiden ser mayoría suficiente. Para ello trabajan hace años. Estos procesos solo acaban cuando el daño es irreparable. Y de momento viven de ello.

Por lo demás, los resultados nos han desvelado el fin de una leyenda: la mayor participación no era el granero callado de los constitucionalistas, sino un indicio trasversal del miedo que está provocando la ruptura social en Cataluña. Una prueba más de lo generalizada que es la infección nacionalista. Y de paso han confirmado el talón de Aquiles del independentismo: ha llegado a su techo, en esta ocasión, con una tendencia a perder electorado. Ha bajado un 0,3% respecto a las elecciones de 2015 y 2 diputados, mientras el constitucionalismo ha ganado 6 diputados y aumentado un 4,4 %. Aun así, el independentismo (JxCat, ERC, y CUP) suma 2.059.065 votos, o sea, 176.585 más que el constitucionalismo (Cs, PSC y PPC), con 1.882.480. Dejo en tierra de nadie a CatCP, los confederados plurinacionales de Colau y Pablo Iglesias (8 diputados. Pierde 3 de 11). En caída libre. España lo agradecerá.

Por fin unas elecciones nos impedirán seguir buscando coartadas para no hacer lo que se debería haber hecho y sigue siendo necesario hacer.

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