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El Madrid es más que un club

Intelectuales de izquierdas como Vázquez Montalbán fueron cómplices necesarios del supremacismo nacionalcatalanista que nos ahoga.

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Cuando Manuel Vázquez Montalbán desveló en 1969 el trasfondo político del eslogan "El Barça es más que un club" con el artículo "Barça, Barça, Barça", posiblemente no se atrevió a decir a las claras lo que años después, ya en democracia, resumió en un artículo revelador: "Barça, el ejército de un país desarmado" (1987). En los dos casos, definía la realidad y la inventaba a la vez, recreaba una necesidad y al mismo tiempo ayudaba a construirla. En ellos está descrito el masoquismo patológico del victimismo catalanista que han explotado hasta la náusea. El Barça servía de soporte a ese imaginario colectivo.

Leyendo de nuevo aquellos textos uno se da cuenta hasta qué punto intelectuales de izquierdas como Vázquez Montalbán (PSUC) fueron cómplices necesarios del supremacismo nacionalcatalanista que nos ahoga. En el primero nos cuela con fútbol la historia romántica de Cataluña como un vulgar charnego abducido. Ahora es fácil verlo, entonces es posible que creyese que era una forma de luchar contra la dictadura. O una manera cómoda de convivir con el Régimen. Me refiero al catalanista. En todo caso, su prestigio intelectual ayudó a convertir a las generaciones antifranquistas de izquierdas en carne de cañón de la identidad nacionalista. Ni siquiera tuvo reparos en comparar al Barça con las instituciones identitarias que nos han traído hasta aquí: "Esta es una institución tan importante como pueda serlo el Monasterio de Montserrat, el Ómnium Cultural, el Institut d’Estudis Catalans, o l’Orfeo Graçienc". Y a continuación cita al expresidente del Barça Narciso de Carreras, autor de la frase "Más que un club", pronunciada en 1968 en su toma de posesión: “Debemos luchar contra todo y contra todos porque somos los mejores y representamos lo que representamos”. Ellos siempre tan diáfanos...

En el segundo artículo: "Barça, el ejército de un país desarmado", nos desvela la cosificación política del Barça como instrumento de identidad política:

El equipo de fútbol del Barcelona polarizaba las ansias nacionalistas de los catalanes, como si fuera el ejército desarmado de un país con la identidad aplastada por el vencedor en la guerra civil. Cuando el Barcelona ganaba un partido de fútbol al Real Madrid, considerado el equipo del gobierno, Cataluña se resarcía un tanto de todas las guerras civiles que ha perdido desde el siglo XVII. Y cuando el Barcelona perdía contra el Real Madrid, Cataluña ratificaba su condición metafísica de pueblo perdedor, de pueblo desgraciado, sometido al yugo tiránico de las hordas centralistas.

Tamaña identificación entre la institución y Cataluña ha reducido las opciones deportivas a un solo club en nombre de la identidad. Cualquier otra elección es sospechosa. Y minoritaria. El Club Deportivo Español es el único que mantiene el tipo, pero condenado a ser siempre un segundón. Y un traidor. La supremacía del Barça en Cataluña sobre cualquier otro equipo contrasta con la diversidad de equipos en la liga española. En Madrid, el todopoderoso Real ha tenido y tiene que convivir con un Atlético de Madrid que ha ganado ligas y le ha discutido prestigio. Y no solo. En ocasiones, Madrid ha tenido tres o cuatro equipos en primera división. Como este año pasado.

La final de la Champions League del sábado entre Real Madrid y Atlético de Madrid nunca se producirá entre el Barça y el Español. La casta catalanista que domina el poder económico, político, social, cultural y lingüístico es incompatible con la diversidad. Monopolizan el poder y los sentimientos.

Los medios catalanistas deseaban la derrota del Real Madrid. Ni siquiera lo simulaban. Porque lo identifican con España. Y por eso mismo millones de españoles apoyaron el triunfo del Real, a pesar de las simpatías por el Atlético, y sin ser seguidores necesariamente de aquel. De alguna manera, estaban convirtiendo al Real Madrid en algo más que un club, en el reverso del Barça. Es decir, en el baluarte de España frente a quienes quieren romperla. El nacionalismo lo contamina todo.

PD: El Real Madrid es un club de fútbol español, no de política. Como el resto. El Sevilla lleva en la camiseta la bandera de España en sus competiciones europeas. Como debería hacer el resto. No para ser más que un club, ni para otorgarse la representación exclusiva de España, sino para compartir lo que nos representa a todos. Incluido al Barça.

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