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Antonio Robles

Que no nos roben las palabras

Cuando una sociedad enferma de este modo, estamos a un paso de cualquier cosa. Y ninguna buena

En el mundo nacionalista de Cataluña se han indignado porque Juan Carlos Girauta ha traducido a lenguaje democrático las intenciones golpistas de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Pretenden lo mismo que Tejero, pero no aceptan que les califiquemos de "golpistas" como se le calificó al teniente coronel. ¿Qué puede ser sino, la planificación de la independencia de Cataluña con la toma y control de las grandes infraestructuras, puertos y aeropuertos, medios de comunicación y la connivencia del gobierno de la Generalidad?

No hemos de permitirles nunca más que nos roben las palabras. La España contra la que luchan no existe. Murió con el franquismo. O mejor dicho, la dictadura franquista que secuestró España, tan secuestrada como hoy tienen ellos a Cataluña, ya no existe. Ni Franco era España, ni ellos son Cataluña. Pretender confundir España con el franquismo es como pretender confundir Alemania con el nazismo. Tan indecente como la identificación del independentismo con Cataluña.

Por eso, dejar que estos chantajistas de la ANC diseñen un golpe de Estado en nombre de Cataluña, del pueblo de Cataluña o de la mismísima democracia, es permitir que nos roben las palabras y su significado. Y si nos roban el lenguaje, podrán pasar por democrático lo que apesta a xenofobia. Como la que nos adelanta en el artículo "La nacionalitat no és un joc", Jordi Casacuberta del Frente Nacional de Cataluña. Después del golpe viene el reparto de pasaportes. Esta es la atmósfera que se respira a postigo cerrado. Les traduciré algunos pasajes:

"No podrán como es lógico ser nacionalizados todos aquellos que hayan trabajado contra el proceso de independencia, ya que suponen una amenaza interna. Así mismo, otros habitantes de Cataluña que viven en sus guetos y no han querido ser partícipes del país tampoco podrán obtener la nacionalidad. Eso no quiere decir que toda esta gente si tiene trabajo y es necesaria no pueda obtener un permiso de residencia y siga viviendo aquí como pasa en Suiza.

Por tanto ni aunque llevásemos al extremo la propuesta de CDC [pedir conocimientos de lengua catalana, cultura de Cataluña… para poder nacionalizarse] y una persona tuviese un nivel de catalán como el de Espriu pero su estilo de vida fuese como el de las bandas latinas […], no sería nacionalizado aunque hubiese nacido aquí. Si queremos ser un país envidiable hemos de arrinconar de una vez por todas la frase pujolista: "es catalán todo aquel que vive y trabaja en Cataluña". El señor Messi por ejemplo vive y trabaja aquí pero si le preguntásemos, ni él mismo entendería que se le considere catalán. Para ser catalán, igual que para ser suizo, es preciso una voluntad clara de serlo. Y para serlo se ha de renunciar a la nacionalidad de origen y adoptar la nueva. Todo el mundo puede serlo pero se precisa un esfuerzo. La nacionalidad no se puede regalar como si fuese un cromo, la nacionalidad implica unos derechos, unos deberes, una responsabilidad y lo más importante una conciencia y voluntad de formar parte de una comunidad nacional. Y esta voluntad no va ligada solamente al idioma. En Cataluña tenemos el ejemplo de mucha gente que habla catalán con dificultades –o no lo habla- pero han enseñado a sus hijos en el amor a estimar el país y ser uno más: esta gente obviamente ha hecho un esfuerzo y puede ser nacionalizada. Otros de la misma generación, como decía hace unos días la historiadora Anna Tarrés, han actuado como colonos. Estos evidentemente, han de conservar la nacionalidad española y no obtener la catalana con las consecuencias que eso comportaría. Pasarían a ser únicamente residentes ya que ellos mismos así lo han defendido siempre".

Este debe ser el significado real de, "un país per a tothom" (un país para todos) con que nos bombardean todos los días. Viven en una burbuja alimentada por sus propios medios. Desde ella no se oye ni se siente nada que perturbe su idilio con la ficción nacional. En ella viven fuera de la realidad, porque ellos son la realidad. Cuando una sociedad enferma de este modo, estamos a un paso de cualquier cosa. Y ninguna buena.

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