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Carmelo Jordá

Horcas festivas y participativas

Uno de los mayores problemas de la sociedad catalana es que tiene una visión bastante distorsionada de sí misma.

Carmelo Jordá
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Uno de los mayores problemas de la sociedad catalana es que tiene una visión bastante distorsionada de sí misma.
Mossos y CDR se enfrentan en Barcelona | EFE

Creo que ya he comentado alguna vez que uno de los mayores problemas de la sociedad catalana es que tiene una visión bastante distorsionada de sí misma: como el borracho que se ve simpático, dicharachero y hasta seductor pero en realidad es un baboso balbuceante y asqueroso, Cataluña se mira y ve una realidad paralela que se parece tanto a la verdad como Junqueras a Delon, por usar aquella comparación que hizo fortuna a la luz de los desbarres sobre el ADN del profeta de ERC.

Justo es decir que cuando digo "Cataluña" quizá debería decir mejor "una parte de Cataluña", pero es que es la oficial y la oficiosa, la de la inmensa mayoría de las instituciones, la de los medios, la de TV3 y Rac1, la de la ficción en catalán, la de los docutrolas de Mediapro y, por supuesto, la de los que van por esos mundos de Dios internacionalizando el conflicto a cuerpo de rey. Esa Cataluña que se mira y se ve independentista –sobre todo independentista–, monolingüe, moderna, civilizada pero rodeada de barbarie, rica pero víctima de un robo masivo más o menos desde los tiempos de Viriato, antifranquista y, por supuesto, democrática, pacífica y festiva. Lo más de lo más, vamos, un ejemplo de poble para Europa y el mundo.

Esa misma Cataluña que contemplaba horrorizada y al mismo tiempo complacida la corrupción en España, ¡qué primitivos!, mientras los Pujol se forraban en familia, el Palau era una pocilga y el 3% era la tarifa para los amigos.

La Cataluña, en fin, que sigue hablando de un procés democrático y poco menos que idílico cuando se ha reventado la legalidad, se camina hacia una dictadura y se inventan cada tres por cuatro fórmulas pacíficas de extender el terror: las pintadas, el reparto de heces o los muñequitos ahorcados en las autopistas, por poner sólo unos ejemplos.

Después de estas cosas, al mismo tiempo que hacen estas cosas, los santones del separatismo tienen los bemoles de ir al Tribunal Supremo a defender que lo suyo siempre ha sido la paz y el amor. Puede que simplemente mientan, sí, pero yo creo que el asunto es más complejo que una simple mentira: yo pienso que de verdad creen que esa imagen que les devuelve el espejo de los medios separatistas es la real, y que cuando ahorcan a un muñeco o llenan de mierda un juzgado es simplemente un chiste, una gracieta que sólo debe tomarse como tal, que las horcas pueden ser festivas y participativas y que de hecho lo son, que era broma chico, que no hay ponerse así, que somos catalanes.

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