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La banalidad de un mal llamado Zapatero

Este hombre ha demostrado que es incapaz de prever ni la más obvia y dramática consecuencia de sus torpes acciones.

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Algunos personajes dejan a su paso por la historia un saldo de destrucción inmediata y catastrófica que permite que se les asigne de forma automática al infierno de los malvados, que los eleva ipso facto a la categoría de grandes desastres. No les voy a poner ejemplos porque son capaces ustedes de elegirlos por sí mismos.

Otros son más sibilinos y, aunque también dejan sembrada la tragedia, ésta se retrasa en su llegada lo suficiente como para no parecer culpables, para que la condena de la historia pase tan sólo rozándolos.

Zapatero es, sin duda, de este segundo grupo, y no sólo por la crisis económica, que dejó a España al borde de la quiebra, sino por todos los pasos que dio para que la nación –aquel concepto "discutido y discutible"– se haya situado también al borde de la quiebra política. Sí, sé que Rajoy no ha hecho nada en seis años y dos referéndums por evitar que llegásemos a este punto; y también sé que ya Aznar y González dejaron mucho que desear, pero el principal culpable es sin duda el último presidente salido de las filas del PSOE.

No contento con haber pasado por España como un tornado, una vez retirado Zapatero decidió hundir otro país, y para ello se cebó en uno de los más débiles que la escena internacional le prestaba: la Venezuela ya arrasada por el chavismo.

Así que por allí ha campado Zapatero campanudo, siempre a favor de la dictadura, siempre en contra de la oposición y siempre haciendo en la práctica lo contrario de lo que pregonaba, como ha explicado este martes en Es la Mañana de Federico el director ejecutivo del Foro Penal Venezolano, Alfredo Romero.

De nuevo, no podemos culpar a Zapatero de todas las atrocidades del chavismo, ni es tan poderoso o influyente como para que podamos pensar que él sólo ha logrado que la dictadura se mantenga en el poder, pero tampoco podemos despreciar el papel que ha jugado para justificar a Maduro y los suyos en el exterior y para embaucar y dinamitar a la oposición en el interior.

España en general, Cataluña y el País Vasco en particular, Venezuela… como un tenorio de tres al cuarto, por allí por donde pasa Zapatero va dejando memoria amarga de sí. Lo peor es que este personaje fatuo, probablemente el político de la historia con mejor concepto de sí mismo y menos motivos para tenerlo, es carne de halago fácil y en su adanismo se cree capaz de solucionar lo que sea y donde sea, así que lo más probable es que no tarde mucho en elegir un tercer país sobre el que posar su incompetencia, su maldad y, recordando a la mítica Arendt, también la banalidad de un hombre que ha demostrado ya que es incapaz de prever ni la más obvia y dramática consecuencia de sus torpes acciones.

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