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Carmelo Jordá

La infanta, metáfora de España

La sociedad española suele ser comprensiva con este tipo de delitos.

Carmelo Jordá
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La sociedad española suele ser comprensiva con este tipo de delitos.

Probablemente, nunca en su vida la infanta Cristina ha sido tan representativa de su país, que al fin y al cabo es la principal función de una familia real, como este 7 de enero en el que ha sido imputada por segunda vez.

Y es que uno se lee el auto que firma el juez Castro y no puede dejar de pensar que la mitad de las cosas que refleja, y que son como mínimo delictuosas, cuando no directamente delitos, son las que hacen muchos españoles, cada uno en la medida de sus posibilidades, o lo que harían otros si pudiesen.

No todos, claro, y no todos por las mismas razones: para muchos pequeños empresarios, por ejemplo, defraudar a Hacienda no es fruto del "plus añadido de codicia" que el juez achaca a los Duques de Palma, sino una necesidad de supervivencia ante un asfixiante y desproporcionado sistema fiscal.

También para no pocos ciudadanos arañar unos euros aquí y otros allá a la avidez de Montoro es una necesidad, en este caso más bien física ante la desagradable sensación de expolio permanente en la que vive la clase media.

Pero no olvidemos que ese no es el caso de los Duques de Palma, como no lo es de muchos de los que se benefician de este enrevesado y dañino sistema fiscal, opresivo con los débiles y mucho más amable con los poderosos, aunque algunos estiren tanto la cuerda que acaben en un juzgado de Palma.

El caso es que, con más o menos razón según las circunstancias del reo, la sociedad española suele ser comprensiva con este tipo de delitos, y no sé muy bien si esto es así porque esos poderosos son tan españoles como los demás –incluso los de rancio abolengo euskaldún que jugaban en el Barça–; o porque la sociedad toda se está deformando bajo el peso de la inmoralidad de una clase dirigente que no puede ser de peor calidad y que defrauda, miente y delinque a manos llenas.

Esa es la duda: como en el caso del huevo o la gallina, no sabemos si tenemos la casta político-judicial-institucional que nos merecemos o si la casta se ha encargado de que no nos merezcamos nada mejor.

En cualquier caso, ahí está Cristina Federica de Borbón y Grecia, imputadita del todo y como el espejo en el que quizá deba mirarse esta España defraudadora, tramposa e inmoral que hoy en día es tan fácil encontrar ya sea bajando a las cabañas, ya subiendo a los palacios.

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