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Carmelo Jordá

O patria o poltronas

Esto no es lo que muchos votantes pensaban al depositar en la urna la papeleta de un partido que prometía anteponer la patria a todo… y que ahora parece que lo que de verdad antepone es la poltrona.

Carmelo Jordá
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Carmelo Jordá - O patria o poltronas
Iván Espinosa de los Monteros y Macarena Olona, en rueda de prensa desde el Congreso | Vox

Hay partidos políticos que cuando surgen se presentan como algo más que un partido; se postulan como formaciones esencialmente diferentes a las demás, desprecian públicamente aquello por lo que las otras están en política y, en muchas ocasiones, sus líderes se ofrecen como garantía personal de la autenticidad de sus postulados, de que ellos no son "como los demás".

Era el caso, por ejemplo, de Podemos, partido en el que sorprendentemente una pandilla de pijos burgueses lograron aparecer ante la opinión pública como los que de verdad eran como el pueblo y entendían al pueblo (por eso el asunto del chalé de Galapagar y los errores a su alrededor han sido tan demoledores).

Y, paradójicamente o no, también es el caso de Vox. Ojo, no estoy diciendo que Vox sea igual ni parecido a Podemos, pero sí que se ha presentado en una forma similar, aunque fuese opuesta ideológicamente; como algo nuevo, diferente, que no buscaba el mero poder sino defender unos valores superiores que, si en el caso de los de Iglesias eran de clase, en el otro se articulaban alrededor del patriotismo. Insisto en que, a pesar de estas similitudes, las diferencias son más importantes: el partido morado sí es verdaderamente antisistema y antirrégimen, mientras que Vox puede ser más o menos radical en algunos temas, pero no es un peligro constitucional.

Les cuento esto porque estamos empezando a asistir a los resultados prácticos de todo esto, y en los dos partidos. Como ya nos conocemos a los clásicos de la izquierda, a mí no me ha sorprendido nada la evolución del podemismo: estaba claro que cuando decían que no les importaba el poder era precisamente porque no les importaba otra cosa que el poder, y así les ha ido. Sin embargo, sí me ha sorprendido algo más que Vox cometa errores parecidos casi en sus primeros minutos de vida institucional.

Vaya por delante que estoy de acuerdo en que todo ha quedado enrarecido por la actitud y los vetos de Ciudadanos, que me parecen impresentables y que he denunciado en público repetidamente; pero, haya hecho lo que haya hecho el partido de Rivera, uno no puede cambiar radicalmente de discurso en sólo unas semanas: si en abril has dicho que todo lo que te importa es la patria y frenar a la izquierda, dos meses después no puedes hacer que todo dependa de las concejalías o las consejerías; si a primeros de junio dices que sólo quieres que negocien contigo y que no se humille a tus votantes, a mediados no te puedes descolgar con que ahora lo que quieres son poltronas.

Por supuesto, pedir cargos es legítimo, y si bien la táctica es discutible –personalmente, creo que Vox se equivoca, porque pienso que no es el momento ni de apretar en las negociaciones ni de entrar en los Gobiernos–, reconozco que está en su derecho de hacerlo. Eso sí, esto no es lo que nos habían dicho, esto no es ser el freno de la izquierda, esto no es, creo yo, lo que muchos votantes pensaban al depositar en la urna la papeleta de un partido que prometía anteponer la patria a todo… y que ahora parece que lo que de verdad antepone es la poltrona.

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