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Carmelo Jordá

Preguntar en español sí es ofender

Meritxell Budó se ha puesto de lo más campanuda porque los periodistas han osado hacerle preguntas en la lengua de Cervantes, ¿habrase visto qué osadía?

Carmelo Jordá
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Carmelo Jordá - Preguntar en español sí es ofender
EFE

Pese al enorme éxito que tiene la inmersión lingüística en catalán, al menos según los que la imponen, no pocos políticos separatistas de Cataluña se encuentran con serios problemas a la hora de expresarse de una forma razonable en español. Es el caso, por ejemplo, de la portavoz de la Generalidad, Meritxell Budó, que se ha puesto este martes de lo más campanuda porque los periodistas han osado hacerle preguntas en la lengua de Cervantes, ¿habrase visto qué osadía?

Es normal: nadie es propenso a usar algo que le da asco y un buen separatista catalán siente una repugnancia casi física por esa lengua fachorra y propia de "bestias con forma humana" en la que escribió sus sonetos Quevedo, así que cuando un periodista insolente le obliga a hablarla se trabuca, tiene problemas y vuelve recurrentemente al catalán, no sea cosa que se crean que es del PP, Ciudadanos o incluso Vox, la virgen de Montserrat no lo permita.

Podríamos hacer una lista bastante larga de grandes intervenciones en pseudoespañol de políticos separatistas, pero me quedaré con aquel discurso en el Congreso de la ahora fugada Marta Rovira, que está viviendo su sueño republicano y altermundista en la muy soviética Suiza. Esperemos que allí tenga menos problemas de expresión de los que tuvo en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, donde nos dejó serias dudas sobre su capacidad de hacer la o con un canuto incluso en un examen oral.

Volviendo a lo de Budó, su patética intervención ha tenido varios aspectos que creo merecen ser destacados, empezando por su ya mencionada incomodidad para expresarse en el idioma que a día de hoy hablan casi 600 millones de personas en el mundo, entre los que lo tienen como lengua materna y los que, como la portavoz de Torra, no lo dominan completamente.

Lo más chocante, no obstante, es el hecho de que se permita decirles a los periodistas qué deben preguntar, en qué momento de la rueda de prensa y en qué idioma. Y que encima una periodista haya tratado de justificarse como si estuviese haciendo algo malo, menos mal que una segunda ha replicado con valentía –ya hace falta valentía para ir a una rueda de prensa en la Generalidad, a ese punto hemos llegado– que en un entorno en el que todos sabemos usar dos lenguas "tenemos derecho" a preguntar en la que queramos.

Hago un paréntesis para explicar algo que debería ser obvio: en una rueda de prensa cada periodista puede usar el idioma que quiera, siempre que su interlocutor lo domine. Así debe ocurrir, por supuesto, con todas las lenguas españolas en España y también cuando la prensa extranjera hace sus preguntas, si tienen la suerte de dar con un político que hable inglés o francés. Incluso podría ocurrir si la portavoz de la Generalidad hablase en urdu, por ejemplo, y hubiese en Barcelona un corresponsal de un diario de Pakistán. Y no pasaría nada, que si para algo están las lenguas es para comunicarse.

Pero lo sustancial de toda la escena es que Budó no está improvisando ni lo hace porque ella se sienta insegura en español, sino que estas cacicadas son parte de un táctica tan simple como efectiva: que parezca que Cataluña es una sociedad completamente ajena al resto de España, no sólo la lengua, que por supuesto, sino cualquier cuestión política, social o artística, que por defecto no puede, no debe, ser de interés para el resto de los españoles y, por tanto, no es necesario decirla de forma que la comprendan.

Lo peor es que lo están consiguiendo: cada vez es más difícil sentirse concernido por lo que ocurre en ese lugar hostil en el que se nos desprecia abiertamente desde instituciones públicas, medios de comunicación y saraos culturales varios. Pero no hay que dejarse ganar; no sin recordar que tenemos derecho, como ha hecho este martes la periodista valiente ante Meritxell Budó; no sin decirles que, por mucho que se vistan de demócratas de amarillo, son unos totalitarios asquerosos.

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