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Carmelo Jordá

¡Que se dejen matar!

Ya lo ha señalado el camarada Coscubiela con su singular agudeza política: es de "miserables" protestar por que a uno le quieran partir la cara.

Carmelo Jordá
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Ya lo ha señalado el camarada Coscubiela con su singular agudeza política: es de "miserables" protestar por que a uno le quieran partir la cara.

Los tribunales revolucionarios de progreso han dictado sentencia y es firme y condenatoria: los fascistas neoliberales que se opongan a sus benefactores designios serán escracheados inmisericordemente, porque si alguien es tan malvado como para querer el mal del pueblo inocente no tiene derecho ni a tener derechos.

¿Y quién decide qué es mal y el bien para el pueblo? Pues el propio pueblo, pero a través de sus representantes pertinentes: asociaciones, onegés, plataformas y todo aquello que sea susceptible de ser manipul... perdón, gestionado en un proceso asambleario de democracia directa.

No las urnas, por supuesto, que en ellas el voto es secreto y la gente hace gala de una imperdonable inconsciencia votando lo que quiere, de forma que al final te puede ganar las elecciones cualquier enemigo del pueblo.

Porque hay que recordar que, si se le guía bien, el pueblo no se equivoca nunca, y las escasas ocasiones en las que lo hace es porque la derechona fascista neoliberal lo manipula a través del pensamiento único dominante. Es decir, que ahora que ha dictado sentencia, esta es justa sí o sí.

De hecho, cuanto más indignado e iracundo está el pueblo, más justas son sus decisiones, y esto nos lo enseña hasta la historia sagrada: recuerden si no con qué templanza y sabiduría decidieron los jerosolimitanos, precisamente por estas fechas, que debía liberarse a ese filántropo llamado Barrabás, creador de varias onegés y amigo de los niños.

Llegados a este punto, ustedes entenderán que oponerse a los designios de la justicia popular –con perdón– merece en sí mismo un castigo. Ya lo ha señalado el camarada Coscubiela con su singular agudeza política: es de "miserables" protestar por que a uno le quieran partir la cara, y los hipotéticos hematomas fruto del escrache de turno no serían sino cortinas de humo, estrategias de confusión, desviar la atención de los verdaderos problemas.

Lo que deberían hacer los del PP –si no fueran tan fascistas y neoliberales– es poner la otra mejilla a disposición de la justicia revolucionaria; si no, ¿para qué presumen de cristianos? Sólo a partir de la asunción de que no tienen derecho a la vida el pueblo podrá, o no, tener el supremo gesto de perdonársela.

¡Que se dejen matar ya! Que además ir persiguiéndolos es muy cansado.

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